Asume Amado Boudou, el político argentino con la peor imagen

Un golpe en la cabeza y una operación el martes con 30 días de reposo ha colocado al frente del gobierno, en reemplazo de la presidenta Cristina de Kirchner, al polémico vicepresidente en vísperas ...
La Justicia investiga a Boudou por su abultado nuevo patrimonio.
La Justicia investiga a Boudou por su abultado nuevo patrimonio. (Alejandro Pagni/AFP)

Buenos Aires

Desde el mediodía del martes, Cristina Fernández de Kirchner, de 60 años, se recupera en la unidad de cuidados intensivos de la Fundación Favaloro, en el centro de Buenos Aires, de una cirugía en la que extrajeron un hematoma que se le había formado en el lado derecho de la cabeza. La operación fue decidida después de que la presidenta argentina sintiera cosquilleos en un brazo, lo que cambió la primera prescripción de treinta días de reposo originada por una arritmia cardiaca detectada el fin de semana pasado.

A menos de tres semanas de las elecciones legislativas que anuncian un triunfo amplio a la oposición, los argentinos expresan menos preocupación por la intervención, que por las consecuencias institucionales del obligado reposo de la presidenta, que concentra todas las decisiones de gobierno.

Quien la sustituye en el ejercicio de la primera magistratura es, ni más ni menos, que el político más impopular del país: el vicepresidente Amado Boudou, imputado en varias causas judiciales por enriquecimiento ilícito y negociaciones incompatibles con la función pública.

A las críticas al gobierno por el manejo reticente de la información sobre la salud presidencial, se sumaron las que recuerdan el grueso error de cálculo de la presidenta a la hora de elegir como compañero de fórmula para su segundo mandato a quien ocupaba entonces el Ministerio de Economía.

Cristina Kirchner se empecinó con Boudou contradiciendo la opinión de su restringido círculo de colaboradores, incluido su hijo Máximo, la única persona —junto con su hija Florencia— en quien confía.

El peor dolor de cabeza para Cristina no viene entonces de la “colección subdural crónica” que le provocara un golpe doméstico —nunca aclarado hasta ahora— el 12 de agosto, sino del negativo “efecto Boudou” en la campaña.

Justo cuando había ordenado que pasara desapercibido, las circunstancias lo colocaron en el centro de la atención y obligaron al oficialismo a acompañarlo en los actos protocolares, única misión que le han confiado.

El “equipo de la presidenta es muy sólido y está gobernando”, reforzó el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina.

Amado Boudou fue ganando adversarios dentro del gobierno y quedando acorralado definitivamente cuando se divulgó la inexplicable multiplicación de su patrimonio y su mediación para beneficiar desde el Estado a la empresa de un amigo.

La firma del acta de asunción interina de la presidencia transmitida por circuito cerrado a los periodistas acreditados en la Casa Rosada como si fuera un trámite de cualquier ciudadano ante la caja de un banco aumentó las suspicacias en relación con el hombre que ya había reemplazado a Cristina de Kirchner cuando fue operada de la tiroides, en enero de 2011.

Una vez recibidos los fuertes apoyos del resto de los presidentes de la región, los opositores tuvieron que aguantarse la tentación de disparar dardos al blanco más fácil y vistoso que podrían haberles entregado.

Mauricio Macri, alcalde porteño y líder de la derechista PRO, calificó de humorada fuera de lugar la frase del diputado Felipe Solá, candidato por el peronismo opositor: “Boudou está para andar en moto, no para gobernar”. Y es que de hecho, el día en que la presidenta era internada por primera vez, Amado Boudou recorría Brasilia en una Harley-Davidson. A los 50 años, de novio con una periodista y sin hijos, si su informalidad fue vista alguna vez con condescendencia, en la Argentina de hoy es sinónimo de inmadurez y frivolidad. Con una presidenta imposibilitada de postularse nuevamente y sin un candidato leal, los comicios vislumbrarán postulantes y abrirán dos años de gobernabilidad trabajosa si se confirman los pronósticos adversos de las encuestas.

Ajeno a esas cuestiones, Boudou sigue sonriendo como para una eterna publicidad de pasta dental, pero lejos de la campaña. Todos saben que el hombre que maneja los hilos de la Argentina es en realidad Carlos Zannini, el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, hasta cuyo despacho llegó para recibir instrucciones. Ha sido Zannini, de bajo perfil y formación maoísta, el mejor traductor del pensamiento kirchnerista a la realidad de decretos, leyes y proyectos desde 1987, año en el que el matrimonio de Cristina y Néstor comenzó a construir poder desde la pequeña localidad patagónica de Río Gallegos, hasta hoy.