Análisis: El mayor rival de la campaña de Hillary Clinton se llama Hillary

El escándalo sobre su correo electrónico oficial evidencia el campo minado por el que se mueve la ex primera dama y ya candidata, al alimentar su fama de secretista y de no ser digna de confianza.
Hillary Clinton, en un acto electoral en Maryland, el pasado 30 de octubre de 2014, para apoyar al candidato demócrata a la gubernatura
Hillary Clinton, en un acto electoral en Maryland, el pasado 30 de octubre de 2014, para apoyar al candidato demócrata a la gubernatura (AFP)

Washington

Ya es oficial: Hillary Clinton vuelve a presentarse por segunda vez como aspirante demócrata a ocupar la Casa Blanca. Pero esta vez, su posición de salida es distinta: al contrario de lo que ocurrió en 2008, cuando Barack Obama le ganó el pulso en las primarias, ahora no hay ningún otro rival dentro de su partido que le plantee una seria competencia. Aunque eso no significa que esta política de 67 años pueda contar con el viento a favor en su travesía hacia la presidencia.

Y es que entre los republicanos no sólo se dibuja un panorama de aspirantes más poblado y cualificado que en los dos anteriores comicios, sino que además, como ya sucedió en 2008, Hillary Clinton tienen otro contrincante potencial aún más peligroso: ella misma.

El último escándalo sobre su correo electrónico es una clara advertencia del campo minado por el que se mueve la ex primera dama. Que durante su etapa como secretaria de Estado se saltara los protocolos y utilizara su propia cuenta de e-mail para enviar correos oficiales le valió muchas críticas y reforzó la opinión de los escépticos de que Clinton es secretista y no es digna de confianza; una imagen que la persigue desde hace años en la Casa Blanca.

"¿No sería una pena tener que ir barriendo los desaguisados de los Clinton?", se preguntaba el analista de la conservadora Fox News Chris Wallace. También los simpatizantes de Clinton se tiraban de los pelos ante este déjà-vu, pensando en la serie de escándalos que rodean a la aspirante.

"¿Recuerda el Whitewater? ¿El Filegate? ¿El Travelgate? ¿Recuerda el Pardongate?", se preguntaba el ex estratega de Clinton James Carville en un programa de la MSNBC.

Con todo, la fama de los Clinton de no seguir al pie de la letra la moral y la ética no es el único handicap de la ex primera dama de cara a la inminente batalla electoral. En 2008 se la tachó de arrogante por considerarse una líder, nada menos que una Clinton, que no tenía que ganarse la Casa Blanca, sino que ésta la estaba esperando.

La maquinaria electoral que puso en marcha resultó ostentosa y burda, como una apisonadora, con una red de acaudalados patrocinadores a sus espaldas que muchos tildaron de mafia Clinton.

A ello se suma que su imagen pública "es a menudo fría, aunque debería parecer cálida", escribe The Washington Post. Otros certifican su capacidad de trabajo y sus cualidades tecnocráticas, pero le achacan menos inspiración de la que poseía en su día Barack Obama.

Eso sí, hay algo en lo que todos los expertos están de acuerdo: Clinton tendrá que hacerlo bien desde el principio para poder librarse de los viejos lastres. Y parece que al menos ha aprendido una cosa: ahora piensa en categorías más pequeñas, como explicaba The Washington Post.

En lugar de anunciar su candidatura con un pomposo acto público, opta por las redes sociales y un videomensaje. Y los pasos a seguir también parece que seguirán el formato pequeño: conversaciones con ciudadanos en cafés, restaurantes y salones y pocas apariciones en plazas grandes o salas multitudinarias.

El objetivo de esta estrategia es explicar a los ciudadanos "por qué presenta su candidatura y por qué está dispuesta a trabajar duro y no dar las cosas por hechas", apunta Jerry Crawford, un simpatizante de Clinton en Iowa. Allí se inauguran tradicionalmente las primarias como congresos de partido y ese será el primer destino de Clinton tras declarar oficialmente su candidatura.

"Creo, y Hillary también lo cree, que es importante pisar el terreno como si no hubiera ocupado ningún cargo público antes, como si nunca hubiera aspirado a la presidencia, para así construir una vinculación con los votantes", escribía recientemente su marido Bill Clinton en la revista "Town&Country". Él mismo se ve como asesor entre bastidores, al menos por el momento. Algo que resulta difícil de creer, no sólo por la buena oratoria del ex presidente sino también por su no poco desarrollado ego. Aunque hace siete años su mujer no siempre acudió a él en sus actos de campaña, sino más bien lo contrario.

¿Lo hará Bill Clinton mejor esta vez? La mera pregunta pone de manifiesto el mayor talón de Aquiles de Hillary: para tener posibilidades, debe deshacerse del pasado y presentar ideas frescas desde el primer día. Los medios con los que tuvo una más bien mala relación en las primarias de 2008 no se lo pondrán fácil, por no hablar de sus rivales republicanos.

De momento, estos ya disfrutan del "Mailgate". Y tanto en los medios impresos como en la web, ya circula el "lema" de su segundo intento: "Back to the future", regreso al futuro.