Análisis: Tsipras gana la jugada pero todavía no la partida

A pesar de la abrumadora mayoría de un 60% lograda en el referéndum que le da un fuerte espaldarazo popular, el primer ministro de Grecia se enfrenta a la tarea de traer un buen acuerdo a casa.
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, inicia una dura semana de negociaciones tras el triunfo del "no" en el referendo
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, inicia una dura semana de negociaciones tras el triunfo del "no" en el referendo (AFP)

Atenas

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha ganado la arriesgada jugada de consultar al pueblo -en medio de un corralito- sobre una oferta que ya no estaba sobre la mesa, pero todavía no ha ganado la partida, pues ahora afronta el reto más complicado, el de traer el acuerdo a casa.

La abrumadora mayoría de un 60 % alcanzada en el referéndum de hoy da un fuerte espaldarazo popular a Tsipras, cuya labor más complicada comienza, sin embargo, a partir de mañana.

En las negociaciones que ahora deberá retomar en Bruselas, Tsipras tiene la tarea no solo de volver con un resultado, sino con uno que sea compatible con lo que le exige el pueblo griego, un acuerdo "digno" y "sostenible", los dos atributos que más ha reclamado el primer ministro en las últimas semanas.

En teoría, eso debería significar un acuerdo que sea mejor que la última oferta que propuso "in extremis" a las instituciones (Comisión Europea, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional), el mismo día en que expiraba el rescate.

En esta propuesta, el líder izquierdista había cedido aún más en sus promesas electorales de lo que ya lo había hecho semanas antes. En la práctica, sin embargo, será difícil que consiga incluso eso.

El hecho de que esta propuesta llegara tarde y no pudiera evitar que la prórroga del rescate expirara abrió la posibilidad a que los socios más duros, como Alemania, aseguraran que a partir de ahora las condiciones de la ayuda serían más severas.

Las fuertes reacciones que el plantón dado por Grecia al Eurogrupo y la inmediata convocatoria de un referéndum desencadenaron en el exterior tuvieron un efecto contrario entre la población griega.

Pese a que el miedo de perder los pocos ahorros en el banco y las dificultades cotidianas de no poder retirar más de 60 euros en efectivo al día eran palpables, y muchos ciudadanos decían que ese temor les empujaría a optar por el "sí", finalmente fue una clara mayoría la que prefirió confiar en Tsipras.

La apuesta era arriesgada ante la desconfianza prácticamente unánime de los socios europeos, que elevó la presión aún más sobre la decisión en la consulta popular.

En la población, sin embargo, esa desconfianza acabó percibiéndose como una intromisión en decisiones soberanas, posiblemente uno de los factores que hizo que este pueblo, que se siente profundamente europeísta, acabara cerrando filas en torno al primer ministro.

En su intervención tras la victoria, Tsipras ha dado algunas de las claves de cuál será su línea negociadora de los próximos días: ante todo restablecer la normalidad en los bancos; luego lograr una fórmula de acuerdo que ofrezca una perspectiva de financiación a medio plazo y una perspectiva para la reestructuración de la deuda.

En la práctica, eso significa el tercer rescate que solicitó hace una semana a modo de créditos del Mecanismo Europeo de Estabilidad. "Soy consciente de que el mandato que me dais no es un mandato de ruptura, sino un mandato para una solución sostenible", dijo Tsipras, quien añadió que todo el mundo es consciente de que "no hay soluciones fáciles", pero sí "soluciones sostenibles" y "justas".

Con ello dejó claro que los ciudadanos no pueden esperar milagros, y menos tras cinco meses de interminables negociaciones, durante las que la economía ha sufrido un nuevo y fuerte revés.

En su discurso de hoy Tsipras dejó entrever que seguirá insistiendo en obtener un plan de inversiones que permita a la economía remontar y un compromiso de financiación.

Grecia, por su parte, aplicará un programa de reformas siguiendo criterios que puedan obtener la aprobación de la sociedad y que deberán ser socialmente justas, poniendo el peso en los económicamente más fuertes. No parece que la negociación pueda hacerse más fácil en los próximos días.