Análisis: Pedidos de destitución y crisis de mando acorralan a Rousseff

Con tan solo un apoyo de 13 por ciento de la población, aislada por un Congreso hostil, y con una crisis económica a la que le resulta difícil hallar soluciones, la presidenta de Brasil ve ...
Dilma Rousseff, durante una reunión con miembros de la Confederación Nacional de Trabajadores Agrícolas (CONTAG), hoy en Brasilia
Dilma Rousseff, durante una reunión con miembros de la Confederación Nacional de Trabajadores Agrícolas (CONTAG), hoy en Brasilia (EFE)

Brasilia

Los pedidos cada vez más recurrentes de apertura de un juicio político contra Dilma Rousseff, el aislamiento al que la somete un Congreso hostil y las dificultades para agilizar soluciones a la crisis económica, mantienen acorralada a la mandataria brasileña, a la que sólo respalda el 13 por ciento de la población.

Más allá de que por el momento no existen fundamentos jurídicos para iniciar un juicio político que pueda derivar en su destitución, la sombra del "impeachment" se instaló en la agenda política brasileña en un proceso que debilita a un gobierno con niveles de rechazo que rondan el 64 por ciento.

La última voz que se hizo escuchar a favor de la destitución, apoyada por el 63 por ciento de la población, según un sondeo reciente, fue la del diputado Bruno Araújo, líder en la Cámara Baja del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), principal opositor del gobierno.

"Llegamos al límite de una insatisfacción clara y significativa que debe ser construida de forma legítima y dentro de las reglas constitucionales en la forma de un pedido de destitución de la presidenta Dilma", dijo el legislador, quien anunció que a partir de ahora ésta será su "defensa dentro del partido". 

Araújo entiende que existen "elementos políticos" para promover la acción, entre otros la sospecha de que las campañas políticas de Rousseff recibieron recursos desviados de la petrolera estatal Petrobras, envuelta en un multimillonario escándalo de corrupción. 

El PSDB no ha defendido la idea en forma explícita. Sin embargo, el diario Folha de Sao Paulo asegura que el partido encargó a un jurista la elaboración de una acción penal en tal sentido. Si la acción prospera en el Congreso, y el Senado juzga a Rousseff por delito de responsabilidad, la presidenta podría llegar a ser destituida.

Otro partidos también han solicitado la destitución, apoyándose principalmente en las denuncias de Petrobras que involucran a decenas de políticos oficialistas, pero todos los pedidos fueron rechazados.

Según aseguró el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, un "enemigo" de Rousseff pese a integrar el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), principal socio del gobierno, no existen "fundamentos jurídicos" para promover la iniciativa.

Pero su negativa a abrir un proceso contra la política del Partido de los Trabajadores (PT) -al menos por ahora- no significa que esté de su lado. Junto a su correligionario en el PMDB y presidente del Senado, Renan Calheiros, Cunha ha promovido las duras derrotas que el Congreso le ha impuesto a Rousseff desde enero, cuando asumió su segundo mandato.

Es por eso que analistas conciden en que la presidenta se ha convertido en "rehén" del Congreso, de cuyo aval depende la rápida y plena puesta en marcha del ajuste fiscal imprescindible para que el país retome el crecimiento y se frene la inflación. 

Además de los sinsabores que le suministra el Congreso, Rousseff esta "maniatada" por la necesidad de "decir amén" a su ministro de Hacienda, Joaquim Levy, un economista ortodoxo que hoy representa la carta de credibilidad de Brasil ante inversores.

"Desde que inició su segundo mandato, Dilma Está aislada. Sin poder dialogar con los actores económicos y políticos, se volvió rehén de Levy, -(miembro) de una escuela liberal tan atacada por la presidenta durante su campaña- y de su principal aliado en el Congreso, el PMDB", sostuvo en un editorial del diario O Estado de Sao Paulo.

Para aceitar las relaciones entre Ejecutivo y Parlamento, Rousseff designó a su vice Michel Temer, también del PMDB, como su articulador político. La acción, en tanto, hizo estallar críticas que sostienen, con matices, que Brasil está siendo gobernado por el PMDB.

"Levy es propietario de la credibilidad económica. Funciona como una delgada película que separa la economía de un catastrófico rebajamiento (de nota de inversión). (...) El trío Cunha-Calheiros-Temer es propietario de la mayoría en el Congreso. (...) Dilma no puede enfrentarlos porque empuñan el sable del 'impeachment' formal y lo hacen girar, sádicamente, en torno al cuello de la presidenta" resumió la situación del país sudamericano el analista Demetrio Magnoli, del diario Folha de Sao Paulo.

Acorralada, la presidenta ve esfumarse su capacidad de gobernar. Según la analista de Folha, Vera Magalhaes, "el mayor temor es que Dilma abdique de la Presidencia sin que la oposición, ni las protestas o el PMDB precisen desencadenar la destitución".

"Urge rescatar la autoridad personal de la presidenta y su respaldo en al menos algunos sectores de la sociedad. Sin ello, no hay ajuste fiscal ni articulación política que garanticen el éxito de su segundo mandato", concluye.