Análisis: Libia, ¿una nueva Somalia?

El cierre de la embajada de EU en Trípoli, rodeado de extremas medidas de seguridad en el traslado de su personal a la vecina Túnez, es una muestra del temor existente a una situación que puede ...
Un grupo de mujeres, en una manifestación para reclamar el fin de las hostilidades en Trípoli
Un grupo de mujeres, en una manifestación para reclamar el fin de las hostilidades en Trípoli (AFP)

Trípoli

La operación militar para trasladar a un lugar seguro a los empleados de la embajada estadunidense en Libia duró unas cinco horas. Durante la madrugada del sábado, los ciudadanos de Trípoli escucharon el zumbido de aviones militares y vieron cómo un largo convoy de vehículos abandonaba la capital hacia el vecino Túnez.

Para el traslado de las alrededor de 150 personas fueron desplegados agentes especiales, cazas F16, drones y modernos aviones militares de rotores MV-22 Osprey. Según el Pentágono, no hubo incidentes. Con el cierre de su embajada Estados Unidos reaccionaba ante los intensos combates entre milicias rivales en la capital. Y es que esta vez, Washington no quiere correr riesgos.

Hace apenas dos años, en septiembre de 2012, Estados Unidos perdió a su embajador, Christopher Stevens, y a otros tres diplomáticos en un atentado terrorista contra el consulado de la ciudad de Bengasi. También el Ministerio alemán del Exterior instó hoy a sus compatriotas a abandonar el país de inmediato. Según advirtió, la situación en Libia es extremadamente imprevisible.

"Inshallah (si dios quiere) regresaremos pronto a Trípoli", escribió en su cuenta de Twitter (http://dpaq.de/bEXl4) la actual embajadora estadunidense, Deborah Jones. Sin embargo, muchos libios no comparten sus esperanzas: temen que el país se convierta en una nueva Somalia y aguardan con preocupación lo que les deparará el futuro.

Actualmente se enfrentan en Libia milicias que durante la Primavera Árabe de 2011 lucharon juntas como parte de las llamadas Brigadas de la Revolución para derrocar a Muamar al Gadafi. Se hicieron con numerosos almacenes de armas del dictador y ahora no quieren entregar ese material de guerra. El gobierno intenta sin éxito integrar a estos combatientes en el aparato de seguridad.

Los dos principales frentes enfrentan a los islamistas y sus rivales. A mediados de mayo, el retirado teniente general Jalifa Haftar inició por su cuenta una guerra contra los extremistas islámicos, que se desarrolla principalmente en el este de Bengasi. En Trípoli, en cambio, la poderosa milicia Misrata, cercana a los Hermanos Musulmanes, lucha contra las influyentes brigadas de Al Sintan por hacerse con el aeropuerto internacional. Y ninguna de las partes en conflicto es lo suficientemente fuerte como para lograr la victoria.

Así, observadores advierten del riesgo de que organizaciones terroristas puedan aprovechar la situación. A finales de mayo, Naciones Unidas apuntaba ya que Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) se había retirado de Argelia y Mali para refundarse en el sur de Libia. Recientemente han aumentado las informaciones de medios árabes que sostienen que el Estado Islámico (EI), la milicia terrorista rival de Al Qaeda que declaró un califato en Irak y Siria, también está activa en el norte de África.

Según el diario argelino Echorouk, un representante del líder de EI Abu Bakr al-Bagdadi se reunió hace aproximadamente dos semanas con seguidores del islamista Mokhtar Belmokhtar. El tema del debate: la formación de un califato en el Magreb, probablemente empezando por Libia.

Sus seis países vecinos están alarmados. Hace dos semanas, Túnez, Argelia, Egipto, Sudán, Níger y Chad acordaron cooperar en la defensa de las fronteras para impedir actividades terroristas. Pero para Libia, esto no supone consuelo alguno. "Si la milicia de EI se hace con Libia, todos seremos esclavos de un nuevo dictador sin escrúpulos", respondía un usuario al tuit de la embajadora estadunidense.