Análisis: Incredulidad en Portugal ante la hipótesis de un tripartito de izquierdas

La posibilidad de que el país ibérico sea gobernado por un gobierno de izquierda, dirigido por los socialistas, a pesar de que los conservadores fueran los más votados, es ya una alternativa real.
El líder socialista portugués, Antonio Costa, podría ser el primer ministro de un gobierno de izquierda
El líder socialista portugués, Antonio Costa, podría ser el primer ministro de un gobierno de izquierda (EFE)

Lisboa

La hipótesis de que el Gobierno portugués acabe en manos de un tripartito de izquierdas ha pasado de ser una opción inimaginable a convertirse en una alternativa real, a pesar de que la idea todavía causa incredulidad en el país.

Desde las sustanciales diferencias en el programa electoral -con materias como la continuidad en el euro y en la OTAN entre ellas- hasta las pésimas relaciones que históricamente han mantenido los socialistas con la extrema izquierda, todo contribuye a que la idea de un pacto provoque estupefacción entre los electores.

Tanto es así que el propio líder socialista, António Costa, comparó esta aproximación con la reunificación alemana de 1989: "Es como si estuviésemos tirando abajo el resto del muro de Berlín", dijo en una entrevista reciente. Los socialistas, que quedaron segundos en unas elecciones en las que aspiraban a la victoria, son los que tienen en su mano la llave del Ejecutivo.

Sus negociaciones con los conservadores -vencedores de los comicios con cerca del 39 % de los votos, seis puntos más que su principal rival- no acaban de arrancar, mientras que con marxistas y comunistas continúan su curso.

Un acuerdo entre las fuerzas de izquierda sería algo totalmente inédito en el país desde la llegada de la democracia, en 1974, lo que explica la extrañeza con la que se ha recibido su disposición a conversar.

"Uno de los aspectos que justifican estas dudas tienen que ver con lo ocurrido en Portugal entre el 74 y el 75 (...) Existe un muro ideológico, político y sociológico causado por la fuerte división entre comunistas y socialistas. Porque entonces los comunistas querían construir un régimen prosoviético", certificó Elísio Estanque, reputado sociólogo de la Universidad de Coimbra.

Candidato en las pasadas elecciones por uno de los nuevos partidos de izquierda -Livre, que no obtuvo suficientes votos para entrar en el Parlamento-, Estanque recuerda que los comunistas son "una de las formaciones políticas más ortodoxas de toda Europa".

Desde entonces, la relación entre ambas formaciones está marcada por la animadversión mutua que se profesan, lo que hasta hace sólo cuestión de días hacía impensable un posible acuerdo de gobernación. A la ecuación se suma desde 1999 el Bloque de Izquierda, que nació con el propósito de situarse en medio de socialistas y comunistas.

De inspiración marxista, es visto como una fuerza menos conservadora que el Partido Comunista Portugués (PCP), diferenciándose en materias como el matrimonio homosexual, que apoyó desde el primer día, o la legalización de las drogas "blandas", otra de sus banderas.

También existen diferencias sobre el proyecto europeo: mientras que el Bloque plantea una renegociación de la deuda -tras moderar en el último año su postura en torno a esta cuestión-, los comunistas hablan directamente de salir del euro.

Estos principios difieren notablemente de los recogidos por el Partido Socialista en su programa, donde reafirma su vocación europeísta y se compromete a respetar las reglas comunitarias. También divergen los socialistas con las fuerzas de extrema izquierda en lo que respecta a la pertenencia de Portugal a la OTAN, de la que es miembro fundador desde 1949.

Sin embargo, marxistas y comunistas admitieron -contra todo pronóstico- dejar de lado la mayor parte de sus principios fundacionales y conversar sobre un pacto tripartito basado únicamente en tres áreas: pensiones, empleo y salarios.

En opinión de Elísio Estanque, el cambio de actitud de los comunistas se debe al "agotamiento de su discurso", que le lleva a tener dificultades para tener más votos. De hecho, el PCP obtuvo prácticamente los mismos apoyos en los últimos comicios que en 2011, frente al crecimiento del Bloque, que ya le supera.

"En aspectos de política interna no será muy difícil que aproximen posiciones, quizá lo más difícil será a propósito del euro y la UE (...) Todos quieren a toda costa poner fin a las políticas (de austeridad) del Gobierno de Passos Coelho y creo que eso puede facilitar un acuerdo, falta ver si tendrá condiciones para durar", razonó.

La decisión final, no obstante, corresponde al jefe del Estado luso, Aníbal Cavaco Silva, antiguo líder conservador y que por ley debe dar su visto bueno a cualquier solución de Gobierno.