Irak: tres mil muertos en 2014, economía en crisis y corrupción

Los recientes comicios en el lacerado país árabe difícilmente pondrán fin a la espiral de la violencia que aún lo sacude.
Los iraquíes eligieron el primer parlamento desde la salida de EU.
Los iraquíes eligieron el primer parlamento desde la salida de EU. (Ahmed Jadallah/Reuters)

Bagdad

Unos 20 millones de iraquíes fueron llamados a las urnas este 30 de abril, para elegir el primer parlamento desde la salida de las tropas de EU, el 21 de diciembre de 2011, tras más de ocho años de intervención.

Ante la ausencia de una real figura de oposición, el primer ministro actual, Nuri al Maliki, candidato para un tercer mandato, es visto como el favorito, pese a un pobre balance con el telón de fondo de la violencia y de fuertes tensiones confesionales.

Desde enero pasado, tres mil personas murieron en Irak, 80 de ellas el 28 y 29 de abril víctimas de una violencia alimentada por el conflicto en la vecina Siria y por el descontento de la minoría sunita [a la que pertenecía el derrocado dictador Sadam Husein, ahorcado tras la invasión de EU en marzo 2001, [N. del T.], que se considera discriminada por las fuerzas de seguridad y las autoridades, dominadas por los chiitas.

En la primavera de 2013, la rebelión de los sunitas de la provincia de Anbar (oeste), frente a la cual el poder central reaccionó con brutalidad, derivó en la toma de la ciudad Faluya [a 70 km al oeste de Bagdad] por los yijadistas del Estado islámico en Irak y el Levante (EIIL, ligado a Al Qaeda), en enero.

La violencia en Irak había disminuido desde 2008 al cabo de un terrible conflicto entre sunitas y chiitas. Pero retornó con más fuerza en 2013, con saldo de más de seis mil 800 muertos.

La elección del miércoles también estuvo marcada por la violencia: disparos de morteros, bombas y granadas ensordecedoras explotaron a través del país.

Ningún partido parece ser capaz de lograr la mayoría de los 328 asientos en juego, pero la Alianza para un Estado de derecho de Al Maliki [que, como chiita, nunca fue del agrado de EU, que hubiera preferido un relevo sunita tras la caída de Husein, su antiguo aliado] debería mantenerse como el primer grupo parlamentario. Pese al mediocre balance del jefe de gobierno, marcado por un desarrollo económico en punto muerto, una corrupción endémica y un claro empeoramiento de las violencias confesionales, la imagen de “hombre fuerte” de la cual goza Al Maliki y la ausencia de una oposición estructurada juegan a su favor.

Según una regla no escrita, pero admitida de facto por los partidos políticos, los tres más altos cargos del Estado son compartidos entre los kurdos, que controlan la presidencia, los chiitas, que nombran al primer ministro, y los sunitas, que escogen al presidente del parlamento. Tras la elección del 30 de abril, los diputados deberán elegir al presidente de la República.

Yalal Talabani, actual presidente (kurdo) no puede ser reelegido, ya que la Constitución limita a dos el número de mandatos presidenciales. Y los sunitas reclaman hoy la presidencia.

Irak está inmerso en una precariedad económica frente a la cual nadie avizora un final. Si bien el país posee la tercera reversa de petróleo en el mundo, su producción apenas sobrepasa los tres millones de barriles al día (3.5 millones en febrero), su nivel de 1989. Aun cuando la producción petrolera progresó sensiblemente (2.3 millones de barriles/día en noviembre de 2013), los iraquíes no han visto ningún efecto sobre el empleo. La tasa de desempleo ronda 15 por ciento desde 2008, según cifras de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EU.

Aún existen numerosos obstáculos para el desarrollo de la economía iraquí, en primer lugar la violencia cotidiana y la corrupción rampante. En su informe de 2013, Transparencia Internacional situó al país entre los diez más corruptos del mundo.