Advierte Papa separar la piedad de ayudar a los demás

Antes de rezar el Angelus de este domingo, el líder católico advirtió que “el amor es la medida de la fe y la fe es el alma del amor”.

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco advirtió hoy que no se puede separar la vida religiosa del servicio a las personas concretas que se encuentran todos los días, en un mensaje en el cual llamó a los cristianos a superar “los legalismos de hoy”.

Antes de rezar el Angelus de este domingo, desde la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico del Vaticano y ante una Plaza de San Pedro invadida por miles de personas, el líder católico advirtió que “el amor es la medida de la fe y la fe es el alma del amor”.

Su reflexión partió del pasaje bíblico en el cual algunos fariseos se pusieron de acuerdo para poner a prueba a Cristo y uno de ellos le preguntó: “Maestro, en la ley, ¿cuál es el más grande de los mandamientos?”.

Recordó que Cristo indicó al amar a Dios como el más grande de los mandamientos pero aclaró que el segundo principio fundamental es amar al prójimo “como a uno mismo”.

Destacó que la “novedad” de Jesús fue vincular ambos mandamientos, que son “las dos caras de la misma medalla” y por eso “no se puede amar a Dios sin amar a los demás y no se puede amar a los demás, sin amar a Dios”.

Entonces, saliéndose del discurso, cuestionó: “¿Cuánto amas tu?”, y precisó: “Qué cada uno se responda. ¿Cómo es tu fe? La fe es como yo amo, es el alma del amor”.

“El amor es la medida de la fe y la fe es el alma del amor. No podemos dividir la oración, el encuentro con Dios en los sacramentos, de la escucha del otro, de la proximidad a su vida, especialmente a sus heridas”, sostuvo.

Según el Papa, en medio de “esa selva de preceptos y prescripciones, de los legalismos de ayer y de hoy”, Jesús abre una grieta que permite ver dos rostros: el rostro del padre y el del hermano.

E insistió: “No nos entrega dos fórmulas o dos preceptos, sino dos rostros, de hecho uno sólo, el de Dios que se refleja en tantos rostros, porque en el rostro de cara hermano, especialmente el más pequeño, frágil e indefenso, está presente la imagen misma de Dios”.

“Tenemos que preguntarnos: cuando encontramos a uno de estos hermanos, ¿somos capaces de reconocer en él el rostro de Dios, somos capaces de esto?”, estableció.