¿Acercarse o venderse?: Los taiwaneses temen a una China fuerte

El primer encuentro en 60 años entre los presidentes de Taiwán y China que tiene lugar este sábado en Singapur, ha desencadenado temores en la isla sobre el futuro de su democracia, amenazada por ...
China y Taiwan, relaciones tensas durante sesenta años
China y Taiwan, relaciones tensas durante sesenta años (Milenio)

Berlín

¿Cómo distinguir entre un acercamiento buscado y una venta a los intereses del otro? El primer encuentro entre los presidentes de China y Taiwán tras seis décadas supone un avance histórico porque puede reducir las tensiones entre ambos rivales, pero muchos taiwaneses temen que con cada paso que se acercan el gobierno de Taipéi y el de Pekín, se ponga más en peligro su democracia, libertad e independencia.

El anuncio de la reunión de este sábado en terreno neutral, Singapur, entre el jefe de Estado y de partido chino, Xi Jinping, con el presidente taiwanés, Ma Ying-jeou, desencadenó de inmediato protestas en Taipéi.

“Destituyan a Ma Ying-jeou” o “No al encuentro Ma-Xi”, instaba Huang Kuo-chang, que desde el año pasado figura a la cabeza del Movimiento Girasol que se opone a una política de acercamiento y comercial con China.

Ante el débil crecimiento económico y la ausencia de aumentos salariales, muchos de los 23 millones de taiwaneses dudan que vayan a salir beneficiados de los prometidos frutos de la cooperación entre ambas partes, que ha aumentado a gran velocidad.

A ello se suma que la desconfianza en la sociedad democrática de Taiwán sigue siendo enorme frente a la poderosa dictadura comunista en tierra firme. Después de todo, sigue habiendo cerca de un millar de misiles chinos apuntando a la isla.

Tampoco confían los taiwaneses en la gestión de su presidente -del partido nacionalista chino Kuomitang-, a quien sus detractores le atribuyen una “diplomacia secreta” con la que traiciona a Taiwán con los comunistas.

Su popularidad está por los suelos y tras un segundo mandato no se podrá presentará de nuevo, pero su partido está también sumido en una profunda crisis. En las elecciones de enero próximo se espera un cambio en el gobierno, que pasaría al opositor Partido Democrático Progresista (DPP).

Esta formación procede del movimiento independentista y aboga por la fortaleza y autonomía de Taiwán, mientras el Kuomintang apoya, al igual que los comunistas, la idea de una reunificación china bajo determinadas condiciones.

Muchos en la isla ya han dejado de considerarse chinos y se sienten orgullosamente “taiwaneses” que han labrado su propia democracia. Rechazan el modelo de Hong Kong, “un país, dos sistemas”, porque temen por su libertad, y la experiencia en la antigua colonia británica les da la razón, a decir de la oposición.

Ma Ying-jeou desea un encuentro formal con Xi Jinping. Y Pekín ha dado un giro en su postura, pues la concesión de ese honor al que considera líder de una “provincia secesionista de China” solo se explica con una política exterior más flexible, aunque también como una ayuda electoral, al presentar al Kuomintang como garante de unas relaciones más estables.

“Si el Kuomintang gana, el futuro es más seguro, si vence el DPP, será más inseguro”, asegura el profesor Jia Qingguo de la prestigiosa Universidad de Pekín. “Si podemos ayudar al Kuomintang, será ventajoso para la China continental”.

Sin embargo, el apoyo también podría ser contraproducente, pues los votantes en Taiwán no quieren un sustituto de los intereses de Pekín y podrían votar a la candidata del DPP, Tsai Ing-wen.

“Ma Ying-jeou no podrá acumular muchos puntos para su partido en la campaña electoral con esta maniobra y eso lo sabe también Pekín”, señala Johannes Buckow del Mercator Institute for China Studies, Merics, en Berlín.

“En Singapur Pekín da su voto a las elecciones presidenciales”, considera el experto chino-estadunidense Gordon Chang. “El paso probablemente no lleve a impedir una victoria de Tsai Ing-wen, pero los chinos no tienen otra posibilidad, aparte de las amenazas de usar la fuerza militar”.

Para Washington lo importante son los intereses en materia de seguridad. Taiwán sigue siendo un viejo punto caliente que todavía hoy genera enfrentamientos entre la superpotencia estadunidense y la potencia militar pujante que es China.

Ambas naciones ya tienen roces por unas islas (principalmente el archipiélago de las Spratly, reclamadas por Pekín además de Vietnam, Malasia, Brunei y Filipinas, aliados de EU) en el mar de China Meridional y una reunificación a la fuerza podría llevar a una guerra con China, porque Washington se siente comprometido a defender a Taiwán.

“Las ventajas que unas relaciones estables y positivas en aguas del estrecho de Taiwán aportarían a ambas partes, a Estados Unidos y la región serían enormes”, afirma una portavoz del Departamento de Estado en Washington, que además instó a China y Taiwán a un “diálogo constructivo”.