Accidente en mina turca desata ira contra Erdogan

Una huelga así como manifestaciones reprimidas por la policía acompañaron hoy la jornada de luto en la que fueron enterrados muchos de los 282 mineros muertos en la mina de Manisa, mientras crece ...

Ankara

El accidente minero que ha causado al menos 282 muertos en Turquía avivó las protestas contra el gobierno del primer ministro islamista conservador Recep Tayyip Erdogan, con una huelga y manifestaciones reprimidas por la policía. La policía antidisturbios lanzó hoy gases lacrimógenos para dispersar a una multitud de 20 mil manifestantes que denunciaban en Esmirna (oeste) lo que consideran la negligencia industrial más grave del gobierno registrada en Turquía, según la agencia de prensa Dogan.

Mientras, la imagen de un asesor de Erdogan dando una patada a un manifestante en Soma generó enorme enojo hoy en las redes sociales. En la foto que circula en Internet (http://dpaq.de/AtNpa) se ve cómo mientras dos agentes de seguridad mantienen en el suelo al manifestante, el asesor Yusuf Yerkel le da una patada. El asesor aseguró que el manifestante era un hombre de ultraizquierda que lo atacó e insultó a él y a Erdogan.

Yerkel, que confirmó al servicio turco de la BBC que es el que se ve en la foto, acompañó a Erdogan el miércoles cuando visitó la zona del accidente. "Me agredió e insultó, y también al primer ministro. ¿Me tenía que quedar callado?", reaccionó el asesor, en una declaración citada por el diario Hurriyet.

La llegada del primer ministro estuvo acompañada de abucheos y protestas, porque los mineros acusan al gobierno de ser responsable de la tragedia al haber supuestamente protegido a la empresa pese a las denuncias sobre problemas de seguridad.

Kani Beko, presidente de DISK (Confederación de los Sindicatos Revolucionarios de Turquía), uno de los principales sindicatos de obreros del país, fue hospitalizado tras la violenta carga policial. En Ankara, la policía recurrió a las granadas lacrimógenas y a los cañones de agua para dispersar a 200 personas concentradas en la céntrica plaza de Kizilay.

"Esto no es ni un accidente ni el destino, es una masacre", proclamaba una banderola desplegada en la capital por un militante sindicalista que llamaba al gobierno a dimitir. Otras manifestaciones se organizaron en varias ciudades. Cuatro sindicatos decretaron hoy una jornada de huelga en todo el país en homenaje a los mineros muertos en el accidente de la mina de carbón de Soma, a un centenar de kilómetros la noreste de Esmirna.

Acusan al gobierno de haber ignorado repetidas advertencias sobre la inseguridad de las minas en Turquía. El miércoles Erdogan se desplazó personalmente a Soma, donde fue increpado por decenas de habitantes enfurecidos y prometió que se llevarían a cabo investigaciones sobre la causa del desastre, pero rechazó las acusaciones, afirmando que "estos accidentes ocurren".

La desesperación y la ira aumentaban a medida que disminuye la esperanza de rescatar con vida a docenas de mineros que permanecían prisioneros en la mina.

"Nuestra pérdida es inmensa" dijo el presidente Abdulá Gul, muy emocionado, al visitar el lugar del drama. "A las 08:00 (hora local) tenemos 282 muertos", dijo esta mañana Taner Yildiz, el ministro de Energía. El balance precedente era de 274 muertos. Según las autoridades, todavía quedan en la mina unos 90 mineros, pero las posibilidades de que haya sobrevivientes son casi nulas.

Los familiares de los mineros que murieron en esta catástrofe comenzaron a recuperar los cadáveres de sus parientes en un almacén que se utiliza como morgue improvisada en Kirkagac, a pocos kilómetros de Soma. Sentado ante la puerta del complejo, Alaattin Menguçek llegó desde Esmirna para recuperar el cuerpo de su hijo. "Espero por mi hijo. Le he perdido en la mina, acababa de ser padre hace ocho meses", dijo a la AFP el hombre, resignado.

A lo largo de la mañana, los altavoces de Soma iban desgranando sombríos anuncios: "El padre, la madre, el hermano de Yusuf Bak les anuncian su muerte. Los funerales tendrán lugar tras la plegaria del mediodía...". La catástrofe aumentó la presión sobre Erdogan, quien tuvo que enfrentar protestas masivas a mediados del año pasado y un gigantesco escándalo de corrupción que involucró a sus familiares y aliados en los últimos meses.

"Si las acusaciones de negligencia en la mina se demuestran, tendrán un precio político", declaró a la AFP el profesor Ilter Turan de la Universidad Bilgi de Estambul. El miércoles, miles de manifestantes se enfrentaron a la policía en Ankara y Estambul. En total, unos 787 mineros se encontraban en las galerías subterráneas el martes en el momento de la deflagración, cuyas causas no se han determinado.

Según los medios locales, tres semanas antes de la catástrofe, el Parlamento se negó a formar una comisión para hacer un informe sobre la seguridad en las minas de Turquía. Los tres partidos en la oposición sometieron propuestas que han sido rechazadas por el AKP, el Partido para la Justicia y el Desarrollo en el poder. El ministerio de Trabajo respondió que la mina de Soma fue controlada en marzo y que no se informó de ninguna violación de la reglamentación en vigor.

Las explosiones en las minas de carbón son comunes en Turquía, principalmente en el sector privado, donde a menudo no se respetan las reglas de seguridad.

Los vecinos de Soma, en el oeste del país, empezaron hoy a enterrar a los 282 obreros fallecidos hasta ahora en el incendio del martes, el mayor accidente minero en la historia del país. Aunque los trabajos de rescate de cadáveres continúan, y nadie duda de que el saldo final superará ampliamente los 300 muertos, el Gobierno no ha actualizado la cifra desde la mañana.

Al mediodía, el ministro de Energía, Taner Yildiz, compareció para explicar que el incendio va remitiendo y las concentraciones de monóxido de carbono en el pozo se reducen, pero que aún no se podía completar la labor de rescate. En el cementerio de la ciudad minera, situada en la provincia de Manisa, se vivieron numerosas escenas de dolor, avivado por la rabia de saber que el desastre podría haberse evitado con mayores medidas de seguridad.

"No es un accidente, es un asesinato", fue una de las consignas coreadas hoy durante las marchas convocadas por varios sindicatos, junto a una huelga general, en protesta por las políticas de privatización y subcontratación.

"La huelga fue un éxito: en todas las ciudades, nuestros afiliados se vistieron de negro, observaron un minuto de silencio para conmemorar a los obreros muertos y luego marcharon hacia la delegación de Trabajo de su municipio", resumió en conversación con Efe Mehmet Soganci, presidente del Colegio de Ingenieros y Arquitectos (TMMOB), una de las cinco entidades convocantes.

"Sólo en Esmirna, la policía intervino con dureza y dispersó a la marcha con gases lacrimógenos, una acción que dejó varios heridos, entre ellos el presidente de la Confederación de Sindicatos Obreros Revolucionarios (DISK), Kani Beko", detalló Soganci. También en el sector de la enseñanza, la huelga tuvo un importante seguimiento, al ser convocada por KESK, un importante sindicato de funcionarios.

La unión sindical Türk-Is, la mayor del país, también había convocado un paro, así como tres minutos de silencio diarios durante la próxima semana, para protestar contra lo que define como "un crimen laboral". Türk-Is, habitualmente más comedida con el gobierno que otros sindicatos, criticó duramente la expansión de las subcontratas que, según muchos expertos, han hecho estragos en el sector minero, al acabar con toda supervisión efectiva.

"No sólo las minas se han privatizado, sino también la supervisión. Todos trabajan con subcontratas y el control público es cero. Hace unos cuantos años, con una tecnología mucho más rudimentaria, pero con las minas gestionadas por el Estado, ocurrían menos accidentes", denunció también Soganci. Según un estudio de TMMOB, realizado en las minas de Zonguldak, entre 2000 y 2008, las minas privadas tienen una tasa de mortalidad seis veces más alta que las que son de gestión pública.

Por cada millón de toneladas de carbón extraído, en Turquía mueren 6.5 obreros, una cifra seis veces mayor que la de China, treinta veces mayor que la habitual en la India y Sudáfrica, y 200 veces por encima de la de Estados Unidos. Es en cambio comparable a la tasa de Norteamérica e Inglaterra alrededor del año 1900.

El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, había declinado en su visita a Soma ayer toda responsabilidad política en el accidente, citando ejemplos de desgracias similares en la Inglaterra del siglo XIX. El presidente, Abdullah Gül, quien visitó Soma hoy, discrepó al señalar que "estas cosas no ocurren en los países desarrollados, y no deberían ocurrir aquí".

Gül prometió hoy que se esclarecerán los motivos del accidente ocurrido el martes. "Las investigaciones ya comenzaron. Se llevarán a cabo con gran cuidado", afirmó Gül tras visitar el lugar de la tragedia. El presidente transmitió sus condolencias a los familiares de las víctimas: "Hay un gran sufrimiento y es un sufrimiento de todos". "Se hará todo lo necesario para que no tengamos que volver a sentir este dolor nunca más", prometió.

No sólo las palabras, también la actitud de Erdogan durante su visita a Soma atizó la tensión, al difundirse un vídeo en el que aparentemente el primer ministro intenta propinar puñetazos a una persona en la muchedumbre que le rodea y que a gritos pide su dimisión. Lütfü Türkkan, diputado del partido opositor MHP, aseguró en su cuenta en Twitter haber hablado con un vecino de Soma al que, supuestamente, Erdogan agarró por el cuello al confundirlo con un manifestante.

La indignación de muchos turcos estalló porque Erdogan minimizó la mala situación de seguridad en las minas de carbón. "Estos accidentes pasan permanentemente", sostuvo. El primer ministro turco decretó tres días de luto.

Mientras, las protestas contra el gobierno continuaron. En la ciudad costera de Esmirna, en el oeste del país, los medios reportaron que la policía arremetió con gases lacrimógenos y carros lanzaagua contra unos 20 mil manifestantes. Varios sindicatos convocaron a una huelga para hoy.

Anoche hubo protestas en Ankara y Estambul como consecuencia de la tragedia, que fueron reprimidas por la policía con gas lacrimógeno y cañones de agua. Miles de personas reclamaron la renuncia del gobierno. Dos días después de la catástrofe, continuaba el incendio en la mina. "Parece que el fuego se habría reducido", señaló Yildiz. De momento se desconocen sus causas, aunque según reportes de los medios un fallo eléctrico en un transformador causó una explosión y un incendio.

El accidente generó una ola de solidaridad internacional y varios países ofrecieron ayuda a Turquía, un país donde ha habido muchos problemas en minas a causa del incumplimiento de las normas de seguridad o el uso de equipo anticuado. El peor accidente minero en Turquía hasta ahora había ocurrido en 1992 y dejó 263 muertos.