ANÁLISIS: ¿Dónde están las grandes manifestaciones en Escocia?

El caso escocés presenta grandes diferencias con Cataluña, como la de que su estatus deriva de un pacto constitucional con las otras naciones británicas, y no un conflicto bélico como la Guerra de ...
Un mar de banderas independentistas es ondeado por los manifestantes catalanes en la Gran Vía de Barcelona
Un mar de banderas independentistas es ondeado por los manifestantes catalanes en la Gran Vía de Barcelona (AFP)

Londres

Cientos de miles de catalanes saldrán este jueves otra vez a las calles de Barcelona a reclamar un referéndum de independencia, unas movilizaciones que, por razones históricas, no hicieron falta en Escocia.

La creación del Reino Unido, explicó David McCrone, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Edimburgo, "fue constitucional, no fue el resultado del derecho de conquista, y esa es una diferencia muy obvia" entre Escocia y Cataluña.

En la Guerra de Sucesión (1701-1715), en la que dos extranjeros optaban al trono de España, Cataluña se alineó con el perdedor -el archiduque Carlos de Austria- y fue castigada por el ganador -a la postre Felipe V de Borbón- con la abolición de sus instituciones.

En los dos siglos siguientes Cataluña se convirtió en el motor económico del país y su pujanza coincidió con el declive de una España que a finales del siglo XIX perdió sus últimas grandes colonias, Cuba y Filipinas.

En ese momento, España "pasó de ser un país de importancia mundial a ser un país de segunda división", explicó Luis Moreno, investigador del CSIC español (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y doctor por la Universidad de Edimburgo con una tesis doctoral que comparaba los casos de Escocia y Cataluña.

"España se convierte en un Estado que no favorece" a "aquellas dos partes del país en las que hay revolución industrial, Cataluña y el País Vasco", agregó Moreno.

En 1707, Escocia suscribió el Tratado de la Unión, que fundó el Reino Unido -integrado además por Gales, Inglaterra e Irlanda- y que permitió a los escoceses salir a hacer fortuna por los cuatro rincones del Imperio y dejar una huella que hoy es palpable en la abundancia de Campbells y Donalds en los cementerios indios o en el listín telefónico de Canadá.

El Tratado preservó las instituciones escocesas, como la Iglesia de Escocia, que es presbiteriana y no anglicana, y el derecho escocés, ilustró Moreno. Mientras el gobierno español de Mariano Rajoy esgrime la Constitución para no conceder el referéndum a Cataluña, el Tratado de la Unión hizo "que la posibilidad de que Escocia se independizara siempre estuviera ahí", recordó McCrone.

"En cambio, en el litigio entre España y Cataluña da la impresión de que las dos partes participan en una corrida de toros", estimó Josep María Colomer, investigador del CSIC y profesor de la Universidad de Georgetown, en Washington.

Como signo del desencuentro: hay que remontarse al siglo XIX para encontrar a un primer ministro catalán, mientras que en los últimos 50 años hubo al menos tres jefes de gobierno británicos nacidos en Escocia: Harold Mcmillan, Tony Blair y Gordon Brown.

Caledonios y catalanes

Escocia tiene una superficie de 78,772 km² y 5.2 millones de habitantes; Cataluña alberga más habitantes en menos de la mitad de territorio (32,107 km2 y 7.5 millones). Son similares a Dinamarca (5.6 millones) o Suiza (8 millones).

Cataluña carece de recursos naturales y el principal sector de su economía son los servicios, mientras que Escocia dispone del petróleo del mar del Norte. La renta per cápita catalana es de 27,300 euros y la escocesa de 32,700 libras, superiores en ambos casos a las de sus Estados.

Ambas cuentan con un parlamento y un gobierno autónomos y competencias variadas. Cataluña tiene una lengua que se usa ampliamente y se enseña en las escuelas, mientras que el escocés y el gaélico escocés apenás lo habla el 1%, según el censo de 2011.

"El movimiento nacional en Cataluña se centra desde hace tiempo en la preservación de un legado cultural singular", mientras que en Escocia se "ha rechazado expresamente las definiciones más culturales de lo escocés", estimó Charlie King, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Georgetown, en Washington.

En vez de eso, prosiguió King, los nacionalistas escoceses presumen de "una serie de valores comunes que dicen que definen a Escocia y la diferencian del resto del Reino Unido, en particular la idea de que los escoceses son socialdemócratas natos enfrentados al conservadurismo". McCrone coincide: "no diría que el nacionalismo catalán es exclusivamente sobre la lengua, pero la lengua es un catalizador de muchas cosas, y eso no existe en Escocia".

Para José Vicente Rodríguez Mora, barcelonés, profesor de economía de la Universidad de Edimburgo, y uno de los fundadores del partido catalán Ciutadans, opuesto a la independencia, "el nacionalismo catalán se define respecto a España con un sentimiento de superioridad: somos mejores, lo hacemos mejor y por eso no queremos ser españoles'".

"El nacionalismo escocés prácticamente nace de un sentimiento de inferioridad. No es que se sientan menos que los ingleses, al contrario, están orgullosos de ser escoceses y por eso quieren probar que ellos también pueden" gobernar un país.

Barcelona y Edimburgo están a casi dos mil kilómetros, una distancia que cientos de catalanes recorrerán para vivir in situ el referéndum de independencia escocés del 18 de setiembre. "Nos iría muy bien que ganara el 'sí'", dijo a la revista catalana El Temps Artur Mas, presidente del gobierno autonómico catalán. "Tendríamos un terreno seguro y cierto sobre el que movernos".