ANÁLISIS: ¿Podrá Obama derrotar al Estado Islámico si mantiene su doctrina?

La gran amenaza que supone el ímpetu de la ofensiva de los yihadistas puede hacer que el presidente de EU cambie sus reticencias a una intervención militar que vaya más allá de los ataques aéreos.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tiene en el Estado Islámico un adversario que desafía su negativa a intervenir militarmente
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tiene en el Estado Islámico un adversario que desafía su negativa a intervenir militarmente (AFP)

Washington

El previsible enfrentamiento entre Estados Unidos y los yihadistas del Estado Islámico (EI) en Siria representa un verdadero desafío para la doctrina de Barack Obama, que se articula en torno a los ataques aéreos pero sin desplegar tropas de combate en el terreno.

Obama dijo este jueves que no habrá ataques aéreos inmediatos en Siria y explicó que Washington aún estaba diseñando una estrategia para el conflicto en ese país. "No quiero poner la carreta delante de los bueyes. Aún no tenemos una estrategia", declaró a periodistas, a quienes explicó que Estados Unidos "no tiene por qué elegir" entre el presidente sirio, Bashar al-Asad, y los combatientes yihadistas radicales del EI.

"Continuaremos apoyando a la oposición moderada porque debemos ofrecer al pueblo de Siria una alternativa a Asad o al EI", destacó Obama, quien juzgó que el dirigente sirio había perdido "toda legitimidad" en el escenario internacional.

La visión del presidente estadunidense, forjada durante los años en los que las Fuerzas Armadas estadunidenses se hallaban empantanadas en el conflicto iraquí, es que los drones (aviones sin pilotos) estén en el centro de la estrategia militar para atacar a los combatientes de Al Qaeda en Pakistán y Yemen. Y que las fuerzas especiales emprendan operaciones contra individuos considerados peligrosos en Libia y Somalia.

En momentos en que contempla extender la lucha contra el EI de Irak a Siria, Obama repite que no abandonará la regla anunciada cuando inició los ataques aéreos: ningún estadunidense en tierra para combatir al enemigo. En un discurso emblemático pronunciado a fines de mayo en la prestigiosa academia militar de West Point, el presidente advirtió contra la tentación de recurrir en todas las circunstancias al "martillo" que representa la potencia militar estadunidense.

"La estrategia de invadir todos los países en los que están implantados los terroristas es ingenua e insostenible", dijo entonces, consciente de que esa teoría sería rápidamente puesta en cuestión en Oriente Medio.

Al margen de la superioridad aérea de Estados Unidos, el presidente quiere fortalecer el apoyo a los aliados locales de Washington en la lucha contra el terrorismo, a imagen y semejanza de la estrategia puesta en marcha en Somalia para enfrentar a los insurgentes shebab, donde Estados Unidos suministra asistencia financiera y logística a las tropas de la Unión Africana (UA).

Mantuvo ese criterio en la ofensiva de principios de agosto en Irak, dos años y medio después de la retirada de las tropas estadunidenses de ese país. Los bombardeos en el norte de Irak contra el EI desde hace tres semanas permitieron evitar la masacre de miles de yazidíes sitiados en el monte Sinjar. También permitieron que el Ejército iraquí y las fuerzas kurdas reconquistaran la represa de Mosul.

Sin embargo, algunos se interrogan sobre la eficacia de semejante estrategia si la Casa Blanca, tal como ha dado a entender en los últimos días, decide pasar a la ofensiva y combatir a los yihadistas también en Siria. El gobierno estadunidense repite incansablemente que la opción militar no puede ser la única respuesta.

"Mucha gente tiene el sentimiento de que la herramienta más potente y más eficaz a disposición del presidente es la acción militar", explica Josh Earnest, portavoz de Obama. "Pero lo que hemos aprendido de manera dolorosa durante la última década es que una operación militar realizada por Estados Unidos no ofrece una solución duradera".

"Imposible contener al EI; hay que derrotarlo"

El fulgurante avance de los yihadistas en Irak desde comienzos de junio ha demostrado, sin embargo, los límites de la estrategia consistente en apoyarse en los aliados locales: las fuerzas iraquíes, en las que Washington ha invertido miles de millones de dólares, se desmoronaron en pocos días.

Y a pesar de la muy esperada partida del primer ministro iraquí Nuri al-Maliki, la formación de un gobierno de unidad en Bagdad sigue estando lejos de ser una realidad. En Siria la situación es aun más complicada: los rebeldes moderados se han debilitado, y el único aliado potencial de peso en la lucha contra el EI es Bashar al Asad, una hipótesis rechazada de plano por Washington.

El ejemplo de Libia, que se hunde en el caos, tampoco es particularmente estimulante para la administración estadunidense. "Sigue habiendo en Washington y en el seno de la administración Obama personas que consideran que, de una u otra manera, la potencia militar de Estados Unidos puede estabilizar una zona a la que contribuyó a desestabilizar", explica Andrew Bacevich, profesor de relaciones internacionales en la universidad de Boston. "Soy escéptico frente a ese tipo de razonamiento".

No obstante, la idea de una ofensiva más vasta contra los yihadistas empieza a abrirse paso. Según el general Martin Dempsey, el militar estadunidense de más alta graduación, los yihadistas pueden ser "derrotados", con la condición de perseguirlos también en Siria y no solamente en Irak. "Es imposible contener al EI, hay que derrotarlo", estima el senador republicano John McCain, quien desde hace semanas reclama ataques en Siria.

Algunos analistas estiman que para derrotar a un grupo que "no tiene lugar en el siglo XXI", según palabras del presidente estadunidense, Washington podría verse obligado a flexibilizar su posición respecto de Damasco. "El gobierno de Asad tal vez sea terrible, pero es un mal menor en comparación con el EI", escribió en el Financial Times Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations.