ANÁLISIS: Pakistán, ¿Hacia un "golpe de Estado de terciopelo"?

Después de una agitada semana en la que una revuelta contra el gobierno liderada por el carismático opositor Imran Khan llegaba a las puertas del Parlamento, crecen los rumores de una ...
Seguidores de la gobernante Liga Musulmana de Pakistán -Nawaz (PML-N) gritan consignas contra los líderes opositores en Lahore
Seguidores de la gobernante Liga Musulmana de Pakistán -Nawaz (PML-N) gritan consignas contra los líderes opositores en Lahore (AFP )

Islamabad

Pakistán se sumió en una crisis política esta semana con una revuelta contra el gobierno liderada por el opositor Imran Khan, y las miradas se centraban ahora en el ejército, que podría optar por un "golpe de Estado de terciopelo".

La ex estrella de cricket, con porte de playboy rebelde, Imran Khan, alcanzó altísimos niveles de popularidad hace tres años, gracias a su aura y a sus apasionados discursos contra el gobierno titubeante.

Pero no logró mantener este nivel hasta las elecciones legislativas de mayo de 2013, que sellaron el triunfo de su rival, Nawaz Sharif, un industrial opaco con fuerte apoyo en su feudo Penjab, el más poblado de Pakistán.

Imran Khan y su aliado Tahir ul Qadri, un imán establecido en Canadá, que dirige una red de escuelas y mezquitas en Pakistán, reanudaron la lucha la semana pasada para exigir la dimisión de Sharif, electo según ellos mediante fraude.

Los dos opositores habían prometido un "tsunami" de un millón de manifestantes para su marcha de la "revolución" para Qadri, de la "libertad" para Khan, en la capital Islamabad.

Aunque Khan y Qadri no lograron reunir a un millón de personas, lograron movilizar a miles de manifestantes, y a llevar la contestación hasta la "zona roja", un sector altamente vigilado donde se encuentra la sede del Parlamento, la residencia del primer ministro y las embajadas.

Un tímido diálogo había nacido entre los opositores y el gobierno, pero Khan abandonó la mesa de negociaciones el jueves antes de regresar el viernes, y llamó a sus partidarios de provincia a marchar hacia la capital. Miles de personas acampaban el viernes en carpas frente al Parlamento, rodeados por soldados y policías cansados.

¿Intervención directa del ejército?

El poderoso ejército paquistaní, autor de tres golpes de Estado desde la independencia del país en 1947, llama por el momento al diálogo. Pero podría decidirse a intervenir si la crisis persiste.

Khan y ul Qadri "intentan empujar al ejército a intervenir pero éste se muestra muy reticente a pesar de sus desacuerdos con Nawaz Sharif", explica Hamid Gul, ex jefe de los servicios de inteligencia paquistaníes (ISI).

Nawaz Sharif, electo por tercera vez primer ministro en las elecciones legislativas de mayo de 2013, mantiene relaciones conflictivas con el ejército. En 1999, en su segundo mandato, fue derrocado por Pervez Musharraf, hoy acusado de "alta traición" por un tribunal creado por su gobierno, una primicia en la historia del país en el caso de un ex general.

Además del caso Musharraf, el ejército sigue siendo reacio a un acercamiento con India y reprocha a Sharif de haber esperado demasiado, a mediados de junio, antes de lanzar una ofensiva contra los feudos talibanes en la zona fronteriza con Afganistán. Si Nawaz Sharif quiere permanecer en el poder, "no tiene otra opción" más que escuchar al ejército, concluye Gul.

El centro de investigación International Crisis Group evoca la "posibilidad de un golpe de Estado de terciopelo", en el cual los "militares dirigirían (el país) en secreto" después de haber impuesto un compromiso entre ambas partes.

Ya que, si bien una intervención indirecta - un escenario rechazado por los donantes occidentales de Pakistán - es "improbable", una intervención indirecta, para imponer una solución a la crisis, es "muy probable", estima Talat Masood, un ex general retirado.

"Tengo la impresión de que el ejército no se quedará como un espectador silencioso si la situación se vuelve anárquica y es probable que presione a ambos campos para formar un gobierno de unidad nacional, pero el verdadero poder estará en manos de los militares", añade.

Por su parte, el gobierno juega hasta ahora la carta de la paciencia y cuenta con un apoyo sólido de la opinión pública para salir de esta crisis sin muchas secuelas.