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09:26 |Amado Nervo, el más grande poeta modernista mexicano

Se hizo famoso después de la publicación de su novela “El Bachiller” (1896) y de sus libros de poesía “Perlas Negras” y “Místicas” (1898).

México, D.F.- Considerado el más grande vate modernista mexicano, Amado Nervo, un hombre de profunda religiosidad, destacó como diplomático y autor de novela y cuento; la pobreza y su humildad se mantuvieron siempre unidos a él y pese a que vivió solamente 49 años, su obra es prolífica y no pierde vigencia.

Se hizo famoso después de la publicación de su novela “El Bachiller” (1896) y de sus libros de poesía “Perlas Negras” y “Místicas” (1898). Otras de sus obras son “Poemas”, trabajo de su etapa en París, publicada en la capital francesa, “El éxodo y las flores del camino”, “Elevación”, “Lira heroica”, “Jardines interiores” (poesía), “Serenidad”, “En voz baja” (poesía), “Juana de Asbaje” (ensayo, biografía sobre Sor Juana Inés de la Cruz), “Mis filosofías” (ensayo), “Almas que pasan” y “Ellos” (prosa).

También destacan “El diablo desinteresado” (novela), “Plenitud”, “El estanque de los lotos”, “El arquero divino” (poesías), “Los halcones” (novela), “La amada inmóvil” (poesía), “Pascual Aguilera”, “El domador de almas” (ambas novelas); una zarzuela, “Consuelo” y posiblemente más trabajos, difíciles de clasificar por fecha y género.

Nervo también escribió gran cantidad de cuentos, donde hablaba limpiamente y con sencillez. Entre 1898 y 1900 fundó y dirigió con Jesús Valenzuela, la Revista Moderna, sucesora de Azul.

A Nervo, quien era conocido también como Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo, se le encasilla habitualmente como bardo modernista por su estilo y su poca clasificación, frecuentemente matizada por incompatible con el misticismo y tristeza suya, sobre todo, en sus últimas obras.

Nervo fue gran amigo de sus colegas Leopoldo Lugones, argentino (él influyó en la poesía del bardo mexicano Ramón López Velarde), el británico Oscar Wilde, y el nicaragüense Rubén Darío, con quien estableció una fraternal amistad.

Fue un hombre de profunda religiosidad, caracterizado por su búsqueda constante de Dios y el deseo de mantener una relación mística con la naturaleza. Es reconocido como el único poeta místico entre los modernistas mexicanos y también destacó como vate romántico.

Debido a ello hizo estudios de ciencias, filosofía y teología, alejándose del Modernismo, adoptando un estilo místico y espiritual, el cual puede apreciarse en varias de sus obras. Nervo es el poeta que cantó al amor, a la patria y al “más allá”, notándose en su obra una tendencia de carácter místico, por lo que también se le conoce como el “Poeta del alma”.

Su obra en prosa es extraordinariamente rica, pero no ha sido reconocida, de igual forma que sus escritos en verso, cuya principal característica es el uso imaginativo de la metáfora plasmada con una flexibilidad casi musical y una melancolía cargada de emoción.

Por urgencias económicas aceptó un trabajo de escritorio en Tepic y se trasladó después a Mazatlán, donde alternaba sus deberes en el despacho de un abogado con sus artículos para el diario El Correo de la Tarde. En 1894 prosiguió su carrera en la capital del país, donde empezó a ser conocido y apreciado, y colaboró en la revista Azul, del poeta Manuel Gutiérrez Nájera.

Como admirador de Gutiérrez Nájera, Nervo ardía en deseos de conocerlo, hasta que un día, cuando estaba parado frente al escaparate de una librería, ve a tan destacada figura de las letras reflejada en un cristal y le habla, volcando en sus palabras toda la emoción que le produjo el encuentro.

Nervo recibió el apoyo de Gutiérrez Nájera, lo que para el nayarita significó trabajo, poder publicar sus obras, y establecer amistades dentro del mundo literario. Aquí se relacionó con los principales poetas mexicanos de esa época como Luis G. Urbina y José Juan Tablada, entre otros, y con algunos extranjeros, como Rubén Darío, el peruano José Santos Chocano, y el español Ramón de Campoamor, entre otros.

Trabajó en los diarios El Universal, El Nacional y El Mundo. Su generosidad no tenía límites y al llegar a la Ciudad de México toma por costumbre recorrer la antigua calle de Plateros, hoy Madero, socorriendo a los limosneros con generosas dádivas, sin percatarse siquiera que él mismo se quedaba sin dinero.

En 1900 viajó a París, enviado como corresponsal del diario El Imparcial a la “Exposición Universal”. Al conocerse Rubén Darío y Nervo en París, y luego de una noche bohemia, el primero le compuso lo siguiente: “Amado es la palabra que en querer se concreta; Nervo, la vibración de los nervios del mal”.

Pero posiblemente le influenció más el primer encuentro con Ana Cecilia Luisa Daillez, el gran amor de su vida, cuya prematura muerte en 1912 le inspiró el poema de “La Amada Inmóvil”, el cual fue publicado en 1922.

Durante su estancia en Europa tiene la oportunidad de viajar por varios países y de escribir Poemas, tales como “El éxodo de las flores del camino”, “Lira heroica”, “Las voces” y “Jardines interiores”.

Vuelve a tener trato con la pobreza y la soledad después de que El Imparcial le canceló la corresponsalía en Francia y tuvo que atenerse a sus propias fuerzas para poder vivir.

A su vuelta a México ya era un bardo consagrado. Atendió en forma fugaz puestos docentes y burocráticos. Fue profesor de lengua española en la Escuela Nacional Preparatoria.

En 1905 ingresó en la carrera diplomática como secretario de la embajada de México en Madrid, donde también escribió numerosos artículos para revistas y diarios hispanoamericanos y continuó engrosando su obra literaria.

Luego regresó a México y se le envió como ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay, en cuya capital, Montevideo, falleció a los 49 años de edad. Su cadáver fue conducido a México por la corbeta Uruguay escoltada por barcos argentinos, cubanos, venezolanos y brasileños.

En México se le tributó un homenaje sin precedente. Fue sepultado en la ahora Rotonda de las Personas Ilustres el 14 de noviembre de 1919.

Notimex

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