CRÓNICA | POR ALEJANDRO REYES

"Es una tradición que no se debe perder"

De fiesta en Pachuca, El Carnaval

En el recorrido la música de sones, banda y comparsas multicolores eran una invitación abierta para el baile.

Pachuca

Música, disfraces, baile, carnaval. Los tres hombres de camisa azul, piel morena y sombrero en la cabeza rasgaron las cuerdas de guitarra y violín para interpretar sones y comenzar la fiesta. El carnaval se paseó por las principales calles de Pachuca.

Cultura, folklor y tradición se mezclaron entre los 26 municipios de la Huasteca, Sierra Otomí-Tepehua, el Altiplano y el Valle del Mezquital con sus comparsas.

Los mecos, de San Felipe Orizatlán, de short y huaraches, traen el cuerpo cubierto de barro. Representan guerreros, sus manos empuñan machetes de palo.

"Es una tradición que no se debe perder. Nosotros estamos arraigados a eso", dice Ricardo Luna Hernández, con el cuerpo color caqui por el barro.

El carnaval inició en Niños Héroes, en donde la población esperaba ya las comparsas, el sol de medio día quemaba la piel.

La música de sones y banda, de las comparsas multicolores, es una invitación abierta a bailar.

"Esto es algo místico, es algarabía, folklor, es único, es la fiesta del pueblo donde no se distingue ni raza, sexo, ni color", dice orgullosa Elda Lili Samaniego, de la comparsa de Calnali.

Su contingente, de hombres y mujeres, está disfrazado de una dualidad: mitad vaquero, mitad diablo.

Visten una máscara de diablo, un sombrero con enormes cuernos y un pequeño espejo, camisa a cuadros, chaleco de piel y chaparreras cafés, botas y reata en mano.

La Banda Cuervo, de San Andrés Calnali, guía el paso del contingente con los sonidos que salen del tambor, la tuba y la corneta.

Este grupo es de los más llamativos del carnaval y la gente con cámaras y teléfonos celulares en mano los captura en fotografías. El contingente avanza por las calles del Reloj monumental.

"Mueran las viejas" se lee en la espalda de un guerrero meco, de la comparsa de de Huautla. El contingente representa una guerra de hombres y mujeres. El grupo lo conforman niños y jóvenes.

El guerrero meco usa calzón de manta y huaraches, cubre su cuerpo con barro natural con pintas en color verde, amarillo, rojo y azul. En la cabeza llevan un sombrero tipo penacho. El cuerpo de las mujeres guerreras lo cubre pintura natural azul y verde además de barro.

Este grupo no para de bailar y gritar, es el de mayor energía, "Huautla, Huautla, Huautla", gritan en su paso por las calles.

"Esto es muy bonito, la cultura, me siento orgulloso. Lo hacemos para no perder la tradición", dice Alfonso Granados, guerrero meco de Huautla de unos 15 años.

Hombres, mujeres, niños, familias observan el paso del carnaval. Otros no dejan de tomar fotografías y videos con sus celulares. El contingente toma la calle de Guerrero.

“Para mi aquí inicia la cuaresma, la abstinencia de la carne. Participar es rescatar nuestras tradiciones y dejarle algo a las futuras generaciones”, cuenta Luis Sánchez Aldana detrás de una máscara de madera con el rostro de anciano, sombrero, camisa y pantalón negro, chaparreras café y botas con espuelas. Él forma parte del contingente de Metztitlán.

El comanche, de la comparsa de Huehuetla, no deja de hacer ruido con su vestimenta de corcholatas aplastadas, trae botas, máscara y penacho le cubren el rostro, “para mí significa mucho, es muy padre”

Después de dos horas los contingentes se desbordaron y esparcieron en avenida Juárez. La fiesta seguirá en una semana en los municipios, con más días de disfraces, baile y carnaval.