El teatro, una herramienta para erradicar violencia

Los espectadores se identifican al asumir un papel e interactuar en el montaje escénico "El teatro de las mil posibilidades", que se presenta en el Centro Cultural del Ferrocarril.
El teatro de las mil posibilidades, es un montaje que sirve como herramienta para erradicar violencia.
El teatro de las mil posibilidades, es un montaje que sirve como herramienta para erradicar violencia. (Cortesía)

Pachuca

El teatro de las mil posibilidades, un montaje escénico acerca de la violencia en distintas facetas y ámbitos, y en el que los espectadores asumen un papel e interactúan en la obra, llegó al Centro Cultural del Ferrocarril después de presentarse en centros de reclusión y a personas en estado de vulnerabilidad.

La obra está dispuesta para que el público asuma un rol, presenta distintas situaciones de violencia donde es fácil reconocer a oprimidos y agresores, y que al acceder al escenario para jugar uno de estos personajes permite que el espectador identifique el daño causado por la violencia en las personas.

Marcela Viveros Domínguez es la directora del proyecto beneficiado con el Apoyo para la Producción de Artes Escénicas dirigidas a Públicos Específicos, y explica los alcances del montaje y el proceso que llevó para presentar en distintos foros los alcances de la violencia.

“Son modelos de oprimidos y opresores, pero nunca juzgando al opresor, siempre asumiendo que las personas jugamos ambos roles en la vida, y la respuesta en todos los casos ha sido increíble, sobre todo en el empoderamiento: cuando una mujer maltratada accede a pasar y enfrenta a un opresor ficticio es ya un acto en sí poderoso”, comentó en entrevista.

Después de presentar situaciones de violencia por parte de familia, amigos, compañeros de trabajo y desconocidos, el montaje invita a los asistentes a participar en el escenario, donde repiten las acciones pero ahora el espectador podrá modificar la actitud de los personajes y confrontar de manera directa momentos semejantes a su realidad”.

“En la vida real no es tan fácil que se pueda enfrentar a un opresor, la historia de las mujeres es sinónimo de silencio. Y acceder al escenario y ensayar una revolución es un gran paso, pues el inconsciente no lo toma como ficción, para éste en verdad sucede.”

El montaje se llevó en septiembre al Centro de Internamiento para Adolescentes de Hidalgo, y a los Centros de Readaptación Social de Ixmiquilpan, Molango y Tizayuca, en cada caso la reacción del público resultó una sorpresa, y confirmó el objetivo que el equipo se planteó desde la etapa desde la concepción del proyecto.

“Nos pasó que en Ceresos los violadores pasaban a hacer el personaje de la víctima, y al final nos comentaban que la experiencia para ellos era increíble, acostumbrados a ver a este acto como placer y de poder, y ponerse en escena desata en ellos una sensibilidad particular, y notas que en su vida también han sido oprimidos”, agregó.

Para Marcela esta obra de teatro pretende contribuir al combate contra la violencia de género y la delincuencia, pues al presentar escenarios aparentemente sin solución, y que el público consiga poner un alto en su papel como “espectadores” se contribuye a generar una empatía y poner freno a situaciones en su vida cotidiana.

“La participación es para convertirlos en actores sociales de cambio, experimentan en carne propia la situación de opresión y encontrar por ellos mismos caminos para solucionarlos.”

Cambio social

Un montaje con estos objetivo hubiera sido imposible sin un proceso de sensibilización por parte de los participantes en el proyecto, por eso antes de iniciar con guión y ensayos, cada uno participó en un taller vivencial en el que compartieron situaciones de violencia que padecieron, e identificaron en los demás el daño que causa ésta en distintos ámbitos.

Un proyecto conformado por actores y actrices hidalguenses, como Edna Rodríguez, Briseida Cerón y Francisco Campos, Norberto Andrade y Almendra Jiménez, además de la música es de Filiberto Cortés y la dirección es de Fernando Axcaná.

Pero más importante, apunta Marcela Viveros, es lograr la participación del espectador, “estamos acostumbrados siempre estar en el lugar cómodo, y todos hemos visto situaciones de violencia en las que no intervenimos al pensar que no es nuestra problema, y es un problema social”.

El compromiso asumido por este equipo es usar al teatro como una herramienta de cambio social. Después de esta presentación seguirán 120 más, esta vez en una campaña impulsada para combatir el maltrato y violencia en la escuela, impulsada por el Instituto de la Juventud de Mineral de la Reforma.