Tenía sonrisa juguetona y mirada pizpireta...

su actitud le gano mala fama con las otras mujeres de la ciudad. 
Casi todos la conocían...
Casi todos la conocían... (Cortesía)

Pachuca

Por las calles de los barrios altos de Pachuca se escuchan muchas cosas: motores de autos, risas de niños jugando y todo el jolgorio, pero si uno pone atención encontrara entre tantas voces los lamentos de alguien quien en verdad no se la pasa bien.

Hace ya varias décadas, cuando la Bella Airosa aún seguía con su aire provinciano habitaba una mujer de "dudosa reputación". Bella chica con piel trigueña, cabello castaño hasta la mitad de la espalda, sonrisa juguetona y mirada pizpireta.

Esa chica, en la flor de su juventud, se dedicaba a "sonsacar" a los trabajadores de las minas que bajaban de las minas. Esa actitud le ganó mala fama entre las otras mujeres de la ciudad que pronto cayeron en cuenta en que la dichosa hacía mucho más que platicar con los mineros.

Un par de años pasaron así, siendo que la chica ya había "probado" a casi todos los hombres de las minas del Real, sólo le faltaban un par que según ella no tardía en caer. Lo que no contemplaba era la paciencia de las esposas de los obreros, quienes para desquitarse le tendieron una trampa.

Un miércoles, poco antes del cambio de turno, la chica "roba hombres" como le decían, se acercaba al camino en espera de su nueva presa. De repente, un grupo de mujeres se le apareció en un tramo donde aún no había mineros.

"Mira tú, mujerzuela, ya nos hartamos de tus cochinadas. O dejas a nuestros maridos o va a cargar la fregada", le advirtió una de las esposas de los mineros. "¿En serio? Pues valiente grupo de santurronas que son. En lugar de molestarme deberían de poner más atención en sus maridos pues por algo se van conmigo. Además ¿qué me van a hacer ustedes?" contestó sin dejar de reírse.

La actitud burlona molestó tanto a las esposas que no dudaron en aplicar su plan: soltar a unos perros que traían. Los animales, tan salvajes como sus dueñas, saltaron para atacar a la "roba hombres" que sin pensarlo salió corriendo para evitar la jauría.

Fueron unos cuantos metros los que duró la persecución, ya que la chica no logró mantener la carrera por el vestido que traía. Los perros la alcanzaron para morderla, y en su desesperación la presa rodó para donde pudo cayendo a un barranco donde falleció.

Por más conocida que fue nadie lloró a la chica, ni sus amantes ni mucho menos las pachuqueñas. Se dice que incluso dejaron su cuerpo en el barranco para ocultar el asesinato.

Desde entonces hay quien afirma que en las barrancas alrededor de Pachuca de repente uno puede escuchar a una mujer gritando o una manada de perros feroces acercarse, sin que nadie a la fecha haya visto ni a la dama ni a los animales.

Conforme creció la ciudad ya son menos las ocasiones que pasa eso, una historia que se perdió en el tiempo como aquella mujer que les hacía la vida más feliz a los mineros.