CRÓNICA | POR ALEJANDRO EVARISTO

El sábado de gloria ya no es, como dice la biblia, una fecha luctuosa

Una tarde familiar, jóvenes acróbatas en escena

Normalmente, la Plaza independencia recibe a decenas de personas pero ahora, gracias a la tirolesa que se colocó ahí y al periodo de asueto, la cantidad de visitantes aumento.

Pachuca

El sábado de gloria ya no es, como dice la biblia, una fecha luctuosa. Nadie recordó ayer la muerte del Hijo del Dios ni la soledad en que dejó a su madre, María...

Una tarde soleada y el obligado descanso fueron pretexto perfecto para familias enteras que se dieron cita en la Plaza Independencia para disfrutar de la compañía, del amigo, de los hijos, de la pareja y hasta de las mascotas.

Normalmente, la zona aledaña al Reloj Monumental recibe a decenas de personas pero ahora, gracias a la tirolesa que se colocó ahí, al periodo de asueto y a la generosidad del clima, la cantidad de visitantes aumentó considerablemente. Por eso hay grupos de paseantes admirando las actividades de otros grupos.

Por ejemplo, a un costado del monumento emblemático de la plaza, un grupo de jóvenes salta la cuerda y muestran a quienes les observan la innegable condición física que poseen. Pareciera que están uniformados con sus playeras de manga corta y sus pantalones deportivos del mismo color. Usan un pequeño equipo que permite reproducir la música a través de dos bocinas pero, o la grabación es realmente mala o de plano el equipo está en las últimas, porque apenas se distingue el ritmo y las ocasionales participaciones de cualquiera de ellos cuando arrebatan a otro el micrófono. Hacen chistes malos y ofensivos que la gente no celebra y no se dan cuenta que lo suyo, lo suyo, lo suyo, es el baile y las acrobacias con cuerdas y las pirámides humanas por las que reciben el reconocimiento del respetable.

Su público, compuesto por chicos de su edad en su gran mayoría, está atento a las fallidas acrobacias que intentan con la cuerda de saltar. Pierden el ritmo y la concentración y quizá la culpa es de las tres jovencitas que están ubicadas frente a ellos y que no dejan de cuchichear entre ellas cuando ellos intentan coordinarse. Lo dicho, tienen mejor suerte en el baile y las pirámides humanas.

Al otro lado, frente a la entrada principal al reloj, bajo la jardinera, un artista callejero muestra sus obras y técnicas de pintura. Hay un tapete en el que están los trabajos terminados y los aerosoles y los papeles usados para plasmar las obras. Al alcance de los espectadores hay una gorra con una hoja que hace un llamado para apoyar al arte.

Su técnica es novedosa, sin duda: utiliza botes de pintura en aerosol y algunos patrones de algo que alguna vez fue papel y que, a fuerza de uso, pareciera un endurecido trozo de plástico, ocasionalmente, usa fuego. No hay tantas monedas como el artista desearía, pero sí mucha gente a su alrededor observándole trabajar. Incluso un jovencito de esos que se disfrazan para representar las llamadas estatuas vivientes no puede quitar la vista de las manos de este moderno Dalí.

El reloj está abierto. Se puede subir y admirar el parque desde la cúpula, como lo hizo el mexiquense Jesús Briseño o más bien, como pretendía hacerlo. Ayer no fue su día y una vez en la cima del monumento se sintió mal, se mareó y vomitó. El cuerpo de bomberos tuvo que acudir para ayudar al hombre de 72 años a descender.