La política social en Hidalgo diluye la diversidad cultural

Sócrates López Pérez investigador de la UAEH expusó su investigación "Políticas sociales y nueva relación Estado-pueblos indígenas".
No se contempla la diversidad cultural.
No se contempla la diversidad cultural. (Arturo González)

Pachuca

Con el afán de superar la pobreza, la política social en Hidalgo buscó integrar a los pueblos indígenas a la economía mestiza pero sin contemplar la diversidad cultural, sostiene Sócrates López Pérez en su investigación "Políticas sociales y nueva relación Estado-pueblos indígenas".

"La clase política está más preocupada por integrar económicamente a las regiones atrasadas del Estado, reduciendo zonas indígenas a zonas pobres, pero aun así manteniendo el desequilibrio entre zona norte y zona sur y haciendo fluir los recursos y el diseño de la política económica en ese mismo sentido", explica el investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo y la Investigación de las Ciencias Sociales (CEDICSo) de la UAEH.

Durante el desarrollo económico y social del estado de Hidalgo, afirma, las regiones indígenas, han sido definidas como atrasadas. "La preocupación por el atraso y pobreza tan profunda en que estaban sometidas las comunidades, definió una política social para la integración de estas regiones, diseñándose un plan de desarrollo".

Dicho plan tuvo como objetivo el control de las organizaciones y gobierno indígena, entrar al interior de las redes sociales tradicionales y romperlas, para integrarlas y asimilarlas a las formas orgánicas legales municipales, plantea.

Así en la parte del Valle del Mezquital con los Otomíes se construyen redes políticas y sociales a través de los profesores bilingües y movimientos de reivindicación cultural, exigiendo su reconocimiento como grupo Ñha-Ñhu, pero que en algunos casos pasarán a formar parte de la política estatal, otros a integrarse a la ola de ONG´s regionales, partidos políticos y organizaciones más radicales.

En la Huasteca y Sierra, los Nahuas con movimientos más violentos e independientes, que han tomado formas militarizadas o políticas fundamentadas en el espíritu tradicional de asamblea y que pueden actuar en defensa de la cultura, pero igualmente son interlocutores con gobierno para la obtención de recursos públicos.

En cambio la región indígena de la Sierra Otomí Tepehua está sumida y fraccionada en una gran región montañosa, en gran parte por la situación que impera en los tres regiones indígenas de Hidalgo, que dependen de la geografía, historia política, tipo de propiedad de la tierra, usos y costumbres.

"Los Otomíes de la Sierra están sumidos en una profunda pobreza, en comunidades aisladas y de menos de 150 habitantes, en parte por ser pequeños propietarios y no tener tierras comunales, ejidales o de uso colectivo, pero reemplazan la función política que pueda otorgarles este tipo de propiedad por la profunda religiosidad que practican, lo que hace que exista una fuerte organización tradicional, dónde los cargos religiosos están paralelos a la organización política".

En cuanto a las instituciones gubernamentales de tipo indigenista, afirmó que no existen procesos para su modernización o reorientación de la política social y el programa Oportunidades, antes llamado "Progresa", sigue bajo la normativa nacional.

Los demás programas del sector agrícola y de desarrollo social, tanto federal como estatal, se realizan con base a su propia normatividad, en competencia con los demás y sin contemplar las condiciones regionales de las comunidades indígenas. Se entienden como prácticas paternalistas y corporativas.

Presencia indígena fuerte y política atrasada

Uno de los indigenismos más atrasados del país, es el del estado de Hidalgo pese a ser una población indígena de las más importantes de México, por sus prácticas y tradiciones culturales milenarias y un gran territorio indígena bajo una organización política y de gobierno sólida y con todos los elementos de cualquier ciudadano del mundo, asegura el investigador.

La construcción política que se hace al interior del estado de Hidalgo no tiene contemplada la diversidad cultural, no existe de parte de la clase política tolerancia frente a étnica que tiene Hidalgo. Además los indígenas como organización regional o frente estatal, no tiene una presencia que presione para promover las reformas constitucionales que les otorgue figura jurídica, territorio, gobierno y fuentes de financiamiento, concluye.

A decir del investigador, hace falta reformar la ley para reconocer los procesos diferentes de relaciones, convivencia, sus territorios, prácticas, tradiciones, usos, costumbres y sobre todo reconocerlos como ciudadanos "no de segunda".