“De tres metros y medio, el paste más grande del mundo”

En Real del Monte, los habitantes degustaron un pedazo de historia. El gran invitado sucumbió en la gran fiesta.

Mineral del Monte

Ayer el Festival del Paste en Real del Monte tuvo un invitado de honor. La gente lo esperaba ansiosamente y empezaron a reunirse desde medio día en las inmediaciones del monumento al minero, y la expectación crecía minuto a minuto. Había lugareños vestidos de fiesta, y miles de visitantes que iban desde el “chilango” promedio, hasta una delegación inglesa originaria de Cornwell, el poblado europeo de donde provenían los primeros mineros que, hace siglos, vinieron a horadar esta tierra hidalguense, y a dejar su huella en la cultura de Real del Monte.

Todos, bajo el sol a plomo que sonrojaba sus rostros, se encontraban listos en esta festividad turístico-cultural. Incluso los periodistas se dieron a la tarea de localizarlo y averiguaron que el gran invitado se encontraba haciendo escala en la panadería Don Roque. Hasta allá fueron a verlo, a retratarlo, a dar fe de su existencia y a confirmar que llegaría a tiempo a donde lo esperaba la multitud.

No se trataba de Paco Rentería, el afamado guitarrista cuya presentación sería la cúspide del cartel artístico programado en el “Pasty Fest” (como también se le nombró, para honrar la herencia británica). Tampoco era Duncan Taylor, el embajador del Reino Unido en México, que ya había hecho presencia durante la inauguración.

Y es que en este festival temático, el gran invitado no podía ser otro que El Paste más Grande del Mundo. Tres metros y medio por 40 centímetros de ancho de puro sabor, que se encontraba cocinándose a fuego lento con Don Roque. Hecho de ladrillos, el horno que albergaba a esta delicia monumental rellena de papas con carne (esta es la combinación más tradicional), ardía abrasador para darle al gran paste su color, sabor y aroma característicos.

Don Miguel Roque Cabrera, uno de los propietarios, señalaba orgulloso que también ahí se habían cocinado los enormes pastes de los años anteriores. En 2012 fue de tres metros. Los 50 centímetros extras ahora eran récord. Cuando estuvo listo, todas las cámaras apuntaron a la boca del horno de la que emergió majestuoso el bocadillo de dimensiones descomunales.

Luego de complicadas maniobras para sacarlo del sitio, en la batea de una pick up comenzó su recorrido por las empinadas calles, escoltado para garantizar su integridad. La gente sorprendida veía pasar la comitiva, los ya tradicionales celulares fotográficos se multiplicaban. En calidad de paparazzi, los periodistas temían obstruir el trayecto con nefastas consecuencias.

Por fin llegó a su destino. La gente, acalorada por la espera, estalló en aplausos mientras se arremolinaba en torno a los cargadores de la charolota. Por fin, empresarios pasteros y miembros del Consejo Regulador del Patrimonio Cultural Real del Monte – Cornwall, promotores y patrocinadores, tomaron su lugar y sus cuchillos. Todos coreaban, apresurándolos. Sin más ceremonia vino el conteo regresivo… y el gran invitado sucumbió ante la algarabía de la gente, que comenzó a degustar pequeñas porciones de historia.