CRÓNICA | POR GISSELLE ACEVEDO

El Xantolo llegó a Pachuca

“Déme, déme era la expresión más sonada”

Chefs con su toque blanche bien puesto, atareados atendían a decenas de mirones que atraídos por el aroma peculiar del zacahuil y el mole se acercaban a la carpa blanca ubicada a un costado del Reloj Monumental de Pachuca. 


El Xantolo llegó a Pachuca
El Xantolo llegó a Pachuca (Héctor Mora)

Pachuca

Chefs con su toque blanche bien puesto, atareados atendían a decenas de mirones que atraídos por el aroma peculiar del zacahuil y el mole se acercaban a la carpa blanca ubicada a un costado del Reloj Monumental, con la excusa de preguntar que había en las cazuelas de barro y metates que se miraban desde varios ángulos de la plaza Independencia.

La respuesta que obtenían sin duda les era grata, comida Huasteca, que por iniciativa de la presidencia municipal se le acerca a los capitalinos para que también disfruten de las festividades del Xantolo, decían los distintos alumnos de gastronomía que encabezaban la muestra.

Decenas de mirones que atraídos por el aroma peculiar del zacahuil y el mole se acercaban a degustar los platillos

 

Poca parte de la explicación atendían los que ya ubicados al filo de la mesa observaban el manjar que en el sitio había, pues su ansia por probar era mayor. “Déme, déme” era la expresión más sonada.

Una vez liberados de aquello que parecía trifulca, los comensales, que tomaron todo los que en sus pequeñas manos cabía, comenzaban a degustar los cocoles, atoles de guayaba, tamales de chala, chocolate de agua, mole pascal, tamales de adobo, enchiladas de chile seco, licor de jobo, agua del mismo fruto, tamales de dulce, entre otros más. Por la forma en la que lo hacían daban a notar su agrado por la realización del evento.

Versión que corroboró, mientras “movía la muela” Ana María Moreno proveniente del Distrito Federal, quien de paladar exigente puntualizó “puede probar de todo lo que había en las mesas y sin duda las galletas de maíz son las más ricas”.

Otros de los visitantes optaron por escabullirse sin hacer tanto ruido, eso sí con su “itacate” bien armado el cual, según anunciaron le compartirían a sus hijos para que conocieran los alimentos de la zona norte del estado, pues aseguraban que un viajecito para allá en familia saldría caro.

Dadas las dos de la tarde las cazuelas, de las que se rascó hasta la última porción del alimento se empezaron a levantar, aún así alguno despistados siguieron llegando solo para recibir pruebas de licos del ya nombrado jobo al cual minutos antes no se le acercaba nadie.

Una vez limpias las mesas, lo que quedó de la muestra gastronómica fue una ofrenda bien armada con elementos tradicionales, la cual fue observada por la gente que desilusionada se daba cuenta que había llegado tarde al festín.

Siguen vías las tradiciones, aseguró Juan Villegas mientras sujetaba a sus tres hijos que bañados y peinados no pudieron probar el zacahuil, su favorito.