Rituales con tradición de la Huasteca, desde Jaltocán

En Jaltocán colocan altares con bordados tipo tenango, papel picado, velas hechas a mano y comida para que el difunto se vaya sin hambre.

Jaltocán

Más allá de Huejutla está Jaltocán, bueno, tomando en cuenta si uno llega de Pachuca. Como parte de la Huasteca hidalguense, el municipio recibe a sus difuntos cada noviembre, época cuando las familias ponen sus altares en honor de seres queridos que ya se adelantaron.

Contrario al sentido común, esta fiesta no tiene nada de triste, los tríos huastecos hacen sonar sus cuerdas al ritmo más alegre que uno encuentra. En el centro de la cabecera municipal, el de por si tranquilo (en comparación con la gran ciudad) tránsito vehicular desparece para que puestos de comida reciban a los visitantes.

La gente espera bajo la sombra del palacio municipal y la iglesia, cuyas torres esperan con ansia que los andamios despejen en horizonte en señal de que su construcción concluyó. Visitantes toman la explanada municipal, ahora adornada con sillas, altares y equipo de sonido que deja correr por el viento los mejores sones del rumbo.

En un rincón, para curiosos o acalorados, una choza muestra de manera realista cómo hace algunas décadas la gente esperaba a sus difuntos los Días de Muertos. Paredes de adobe y caña, estructura suficiente para aguantar el techo de paja, lo más in para resguardarse del clima superior a los 30 grados.

En el interior una ofrenda, sencilla piensa el visitante, completa opina el experto. Bordados tipo tenango, velas hechas a mano, incienso, papel picado, arco elaborado con flores de la región y comida para que el difunto no se vaya sin hambre.

Todo carece de sentido sin las cuadrillas, grupo de personas disfrazadas para evitar a la flaca. El motivo de la vestimenta es para que la muerte se pase de largo en su cacería de cuadrillas, espíritus que se niegan al juicio por el cual todos pasaremos algún día.

Hombres con vestidos, jóvenes con bastones, morenos con máscaras blancas, todo lo contrario para confundir a la parca. Contrario a lo que no pensaría, ese tipo de disfraz tiene su complejidad, no tanto por el hecho vestirse así, sino por el ritual que hay alrededor de él.

En la Casa del Disfraz la música manda; en ritual, quienes integran las cuadrillas debe de ponerse ropa vieja o del otro sexo para darle significado verdadero al baile, símbolo de la fiesta que es el Xantolo.

Todos ellos son habitantes de Tlalnepantla, uno de los cinco barrios de Jaltocán. Al ritmo del son huasteco, este grupo de fieles devotos de sus tradiciones zapatean el concreto, que sin importar si traen tenis o botas, retumba hasta unas cuadras a la redonda.

La música es cortesía del trío que viene con jaranas y violín al hombro, jóvenes que distan mucho de la imagen tradicional: playera del Real Madrid, pantalón de mezclilla y tenis de imitación de piel, esos son los artistas huastecos del siglo XXI.

Las melodías pasan, los bailarines hacen su mejor esfuerzo frente a las autoridades que minutos antes llegaron como cualquier turista, fascinados por lo que ven: hombres y mujeres insolentes que se burlan de la muerte.

Coreografías de ir y venir, de frente o reversa para cambiar de pareja de cuando en cuando, ninguno de ellos con señales de calor. Entre el público, los adultos toman cerveza como agua de Jamaica, mientras niños, escondidos entre los arbustos, le roban su identidad a alguna mujer que descansa un rato de su baile.

Quien sabe dice que la música puede seguir hasta dos horas seguidas, pero no esta vez. Ni autoridades ni cuadrillas parecen dispuestas a aguantar tanto tiempo por lo que los llamados representantes del pueblo se van entre un gentío que los busca ya sea para saludarlos o pedirles algo, y no se trata de una obra sino de una pieza de baile para que se diga que su vista a la Huasteca tuvo razón de ser.

Ya retiradas las autoridades, regresan las cuadrillas a su arte, ahora en forma de rueda de San Miguel y en el centro espacio para los solos de zapateado; eso sí, nunca dejando ver el rostro, no vaya a ser que la muerte se dé cuenta que a quien busca está burlándose de ella.

El 50% de los visitantes vienen al Xantolo

De los más de 100 mil visitantes que se esperan en la entidad durante este fin de semana, el 50 por ciento vienen a la Huasteca donde se celebra el Xantolo, donde se espera una derrama económica de unos 15 millones de pesos.

En general en el estado la derrama económica está calculada en unos 44 millones, señaló el secretario de Turismo, Juan Renato Olivares Chávez, quien destacó que esta celebración es la tradición más importante en la entidad, principalmente en la región norte, donde se ubica la Huasteca, a donde llegan cada año por estas fechas más de 50 mil turistas, además de un número indeterminado de familiares que regresan a sus pueblos de origen a pasar las celebración.

"Estamos preparados para recibir a nuestros visitantes, sabemos que es una celebración muy importante, fundamentalmente en la Huasteca, donde cada año llegan cientos de personas tanto a visitar a sus familiar como a conocer esta tradición".