CRÓNICA | POR ALEJANDRO REYES

"Neri corre todo el tiempo tras el balón"

Juegan futbol en una tarde fría

Alex, Gael y Neri, tras llegar en sus bicicletas al centro de Tlamaco, juegan futbol a pesar del intenso frío.

Niños y jóvenes juegan la reta en el centro de la comunidad.
Niños y jóvenes juegan la reta en el centro de la comunidad. (Alejandro Reyes)

Tlamaco, Atitalaquia

La comunidad está en calma. Ha caído la tarde y el viento frío se pasea por el centro. El balón va hacia Neri, toma impulso y abanica. Gael y Alex se ríen tras la falla de Neri. Han dejado sus bicicletas votadas en los bambiletes que están junto a la cancha de basquetbol.

Alex está en la portería que está a lado de la iglesia, Gael y su hermano Neri tratan de anotarle gol. El frío, por momentos cala más fuerte, pero eso no impide que sigan pateando el balón.

Nerí es el más pequeño de los tres, debe rebasar los cinco años, un niño delgado, bajito y con una energía desbordante. Corre por toda la cancha tras el balón verde.

Hay poca actividad en el centro del pueblo, los carros pasan sin detenerse, las micros no levantan pasaje.

En la esquina, a lado del puesto de jugos, ese que se distingue por su color naranja, un hombre domina lo que sucede a su alrededor sentado en una silla. Vende zapatos usados, pero no hay clientes que se acerquen.

Don Cruz, está donde siempre, detrás de su mostrador, atiende a una, dos personas. Tras quedarse solo, coloca sus codos sobre el cristal del mostrador y sus manos terminan sobre su boca. Espera paciente.

-Tirale Neri-, le grita Gael a su hermano, dispara con toda sus fuerzas, Alex se hace a un lado y sin el mayor esfuerzo detiene el balón con sus pies.

Por momentos, una, dos personas, cruzan el kiosco. No más. La mujer que tiene el local en el kiosco abre sus puertas, el suéter rojo la cubre del intenso frío.

Ahora quien patea el balón es Alex, lo hace con fuerza, Gael en la portería lo mira pasar de largo, no fue gol y va a recoger la bola.

El más entusiasmado es Neri, no alcanza el metro de estatura pero corre como demonio tras el balón.

En el auditorio, un grupo de mujeres toman clases de manejo, están en la teoría, algunas son del pueblo, otras más vienen de localidades cercanas. El curso ha iniciado hace tres días.

-Ya la reta – dice Gael después de patear el balón por varios minutos.

Se forman dos equipos, Alex y Gael contra Neri y alguien mucho mayor a ellos.

"Sacan pichones", dice el compañero de Neri y éste ríe pensando que eran los del otro equipo, no advirtió que se refería a ellos.

"Aquí, pásala, ey", grita Neri a su compañero. Neri no anota gol en cada pase que le pone y es tapado fácilmente por sus rivales, pero se entrega en cada jugada, por ganas no queda. Tiene suerte y anota un par de veces.

De pronto un grupo de niños aparece y se dirigen hacia la escuela, entran. Unos minutos después comienzan a tocar cornetas y tambores. Son los integrantes de la banda de guerra. Arlet llega tarde a los ensayos, algo se le ha atravesado en el camino. Se incorpora al grupo tras la anuencia del profesor. Es la única niña que toca la corneta, apenas rebasa el metro de estatura, pero tiene los pulmones suficientes para poder soplar la boquilla.

En la cancha sigue la reta. Uno, dos, tres... al final se anotan ocho goles. ¿El equipo ganador? Eso es lo de menos. Son niños, se divierten, sólo quieren jugar.

El frío no cede. Y Neri. Neri sigue con una energía bárbara.