[Historia] La quinceañera de Chapantongo

Ya estando en un punto muy solitario el hombre la tomó de la cintura para tratar de abusar de ella. "Pero Tata ¿qué está haciendo?".
Desde entonces, por los caminos solitarios de Chapantongo se ve una mujer vestida de gala.
Desde entonces, por los caminos solitarios de Chapantongo se ve una mujer vestida de gala. (Arturo González)

Pachuca

Por allá en lo que hoy es el municipio de Chapantongo existía una hacienda llamada tenería. El dueño era don Ignacio Torrentera y Cano, quien por sus diversos negocios la mitad del año estaba en el Distrito Federal dejando encargadas sus tierras a su mano derecha, don Juan López.

Don Juna era un hombre honesto y trabajador, cuya mayor tesoro en la vida era su hija Elodia, a la cual tenía medio descuidada debido a que su madre murió dando a luz. Por tal razón, la cocinera de la hacienda, una muda llamada Cipriana, fue la encargada de educarla. Sobre esta mujer corría un fuerte rumor de que era una bruja, pues nadie sabía de dónde venía, ni su edad y tampoco se le conocía familiar.

Fuera como fuera, el tiempo pasó y llegó el día en que Elodia cumplió 15 años, fiesta en la que incluso el señor Ignacio dejó sus negocios en la capital para la fiesta esto debido a que le tenía gran cariño a la niña, que a su vez le correspondía el afecto a quien consideraba su Tata.

En la mañana del cumpleaños de Elodia, don Nacho la invitó a un paseo por sus tierras; ya estando en un punto muy solitario el hombre la tomó de la cintura para tratar de abusar de ella. “Pero Tata ¿qué está haciendo?”.

“Nada mi hijita, sólo quiero demostrarle todo mi amor” le contestó el hombre al tiempo que la besaba a la fuerza. Como respuesta, la chica sólo pudo morderle el labio; enojado por la mordida, lo que intentó ser una muerta de cariño se transformó en una violación brutal que terminó no sólo con la inocencia de la chica, sino con su vida.

Lo que no sabía el Tata era que Cipriana los veía a lo lejos lo cual le terminó costando la vida, pues la cocinera de repente sacó fuerzas de quién sabe dónde (algunos dicen que del mismo infierno) y mató a su patrón.

Desde entonces, por los caminos solitarios de Chapantongo se ve una mujer vestida de gala, como si fuera a una fiesta que mata a los hombres que se cruzan enfrente de ella.