[Historia] "Sin hacer ningún ruido, asestó un duro golpe en la cabeza de su esposo"

El odio acumulado por dos años de una mala vida, repleta de violaciones, humillaciones y carencias, es lo que orilló a Samanta a destrozar la cabeza de su esposo con un martillo.
La mujer reconoció que le había destrozado el cráneo con un martillo.
La mujer reconoció que le había destrozado el cráneo con un martillo. (CUARTOSCURO)

Pachuca

Una noche como cualquier otra de domingo de junio, Samanta tomó a su hijo de dos años de edad, quien lloraba desconsoladamente por haberse lastimado mientras jugaba con su padre, lo envolvió con una cobija y lo arrulló hasta dormir, después lo recostó en la esponja que hacía de colchón sobre un cajón de madera; después buscó la caja de herramientas de su esposo, sujetó fuertemente el martillo, se dirigió hacia donde estaba su esposo y sin hacer ningún ruido, asestó un duro golpe en la cabeza de Julián, quien cayó de inmediato al suelo, sin tiempo de reaccionar.

Una vez en el suelo, Samanta no se detuvo, a sangre fría, sin piedad y con toda la saña que habitaba en su ser, alzó de nueva cuenta la mano con la cual sujetaba el mango de madera y con la cuña metálica arremetió una y otra vez hasta destrozar con la pieza de acero la cabeza de su esposo.

Luego de más de 10 martillazos certeros, Julián, quien desde el primer golpe había caído casi inconsciente, murió; el cuerpo de aquel hombre de 31 años de edad quedó tendido en el centro de la habitación que compartía con su esposa Samanta y su hijo de dos años, quien dormía plácidamente sin saber que su padre había sido asesinado.

El odio acumulado de dos años por una mala vida, llena de violaciones, humillaciones y carencias es lo que orilló a Samanta a destrozar la cabeza de su esposo con un martillo.

Después de cometer el asesinato, le tomó a Samanta casi toda la noche cavar un hoyo de no menos de 50 centímetros de profundidad en el centro de su habitación para posteriormente envolver parte del cuerpo de Julián, con bolsas negras de plástico y semienterrar el cadáver.

Al notar que la tierra era insuficiente para tapar los restos de Julián, Samanta decidió hacer con la tierra que sobrara barro para intentar resanar el suelo de su habitación y cubrir el cuerpo. A la mañana siguiente, Samanta denunció la desaparición de su esposo, y agregó que la noche anterior no había llegado a dormir.

Pasaron tres días en los que las autoridades buscaron al infortunado hombre de 31 años de edad, pero fue la suegra de Samanta quien de casualidad al buscar trastes de cocina en la habitación de la pareja, halló el cadáver de su hijo semienterrado, envuelto en plástico y cubierto de barro, de inmediato llamó a la policía.

Cuando la policía entrevistó a Samanta por el crimen, ella confesó y aseguró que lo mató porque ya no soportaba más la mala vida que Julián le proporcionaba, las humillaciones, golpes y maltratos, además de la violación de la cual fue víctima hace dos años, producto de la cual nació su hijo Fabián.