[Historia] El hacendado adinerado que se vendió al diablo

Su encomienda fue entregarle cada mes almas al Chamuco.
Según trabajadores del cementerio, sigue sin descansar en paz.
Según trabajadores del cementerio, sigue sin descansar en paz. (Héctor Mora)

Pachuca

¿Será que el valle de Tulancingo es la casa de campo del diablo? O qué tendrá esa tierra que por ahí el chamuco se la pasaba por mucho tiempo tentando a los hombres de campo, quienes ante la dificultad por ganar dinero fácil le vendían su alma para disfrutar riquezas en este mundo, pese al alto precio de esto.

Una de esas historias es de un hombre que pocos saben su nombre, pero para fines prácticos lo llamaremos Antonio. Resulta que Toño tenía un par de hectáreas en Tulancingo, no de las mejores pero sí para darle de comer.

Eso no era de su agrado, pues Antonio quería a toda costa ser el más rico del rumbo; viendo esta ambición Satanás le ofreció todo el dinero que quería a cambio de su alma, pero para hacer más interesante el trato, debía de ofrecerle cierto número de almas al mes.

El hombre aceptó sin dudarlo por lo que en un par de meses su nombre era conocido por todo el valle y hasta las minas de Pachuca y más allá como el potentado; era tanta su riqueza que, aparentando amabilidad, ofrecía trabajo a quien se lo pidiera.

Resulta que esa táctica era para atraer las lamas que el exigía el diablo; fueron cientos de personas que cayeron en la trampa que al final la voz se corrió y ya nadie quería apuntarse para volverse peón en la hacienda de don Antonio.

Años de misterio y miedo circundaron la vida de Toño, que cuando murió infundía respeto por el trabajo que ofrecía como miedo por las muertes relacionadas a su hacienda, el cual no despareció, sino creció por lo siguiente.

Un día después de su entierro el velador del panteón encontró que el ataúd de don Antonio lo sacaron de la fosa. Extrañados por tal sacrilegio lo volvieron a enterrar pero al día siguiente lo encontraron de nuevo afuera.

Fueron muchas semanas de es macabro juego hasta el día en que unos trabajadores del cementerio se toparon con Antonio, quien les dijo que él no podía descansar ahí pues como vendió su alma al diablo la tierra lo expulsaba. Así, el otrora rico hacendado sigue buscando un lugar donde descansar.