[Historia] La casa de la Llorona

Cuentan las personas que esto sucedió hace tiempo, cuando a media noche todos en el pueblo escuchaban como una mujer paseaba por las calles, sollozando primero y gritando después por la pena de ...

Pachuca

Historias de la Llorona hay muchas, pero pocas como la siguiente. Allá por la comunidad de Santa María Nativitas en el municipio de Cuautepec se dice que el espíritu de esta mujer se quedó prendido de una casa al cual ya nadie visita por miedo de encontrarse con ella.

Cuentan las personas que esto sucedió hace tiempo, cuando a media noche todos en el pueblo escuchaban como una mujer paseaba por las calles, sollozando primero y gritando después por la pena de perder a sus hijos.

Temerosos por tal situación nadie se atrevía a salir después de que el reloj marcaba las 12 de la noche, ni siquiera los ladrones por lo que la policía nocturna se hacía prescindible. Hubo quien cometió el error de averiguar qué pasaba y pagó muy cara esa curiosidad.

Una noche de verano, como de costumbre, las calles de Santa María parecían en toque de queda. Sin una persona en medio de caminos el silencio dominaba el pueblo y sus alrededores, hasta que a lo lejos alguien distinguió un sollozo entre el viento que circulaba entre los edificios.

Una mujer abandonó su cama para ver quién lloraba en medio de la calle. Desde luego, esta chica no era nativa del pueblo, sino que visitaba a su tía que ahí vivía.

Al asomarse observó como una mujer vestida de blanco pasaba por debajo de la ventana del segundo piso de la casa desde donde se asomaba. La apariencia de la quejosa no se vislumbraba bien, pues además de su vestido y su larga cabellera negra que le cubría por completo su rostro no se distinguía nada.

Fue hasta que dio vuelta a la esquina, que la chica que observaba a aquella mujer distinguió que en realidad la de la calle no caminaba, sino flotaba. Fue tanto su espanto que de inmediato cerró la ventana, lo cual no evitó escuchar un tremendo grito salido no de la calle, sino de la parte baja de la casa.

Ante tal situación, todos en la casa corrieron a la sala sólo para ver como la mujer de blanco estaba justo en medio del cuarto: flotando con su vestido blanco y cabellera negra, la mujer reía como loca, lo cual la convertía en un ser más aterrador.

"Ay mis hijos" por fin dijo el fantasma, al cual ya le escurría sangre de sus manos, "Ésta es la sangre de mis hijos" gritó la Llorona al tiempo de que todos los objetos de la sala salieron volando. Desde luego que los que vivían ahí salieron corriendo para no volver jamás.