CRÓNICA | POR GISSELLE ACEVEDO

Docenas de niños Dios son arropados para La Candelaria

Añeja tradición religiosa

Para las figurillas que miden menos de 10 centímetros el ropaje ronda los 70 pesos.

Aunque son pocos los puestos llenos, las ventas no son como en otros años.
Aunque son pocos los puestos llenos, las ventas no son como en otros años. (Héctor Mora)

Pachuca

Como si fueran cirujanos, con aguja en mano y una cinta métrica enredada en el cuello, varias son las familias pachuqueñas que con extrema precaución colocan los ropajes a las docenas de niños Dios que llegan al mercado rodante que se ubica en Plaza Constitución en la capital del estado.

El objetivo de esta práctica es que las figurillas queden emperifolladas de tal forma que luzcan radiantes al ser presentados ante el altar de la iglesia correspondiente para celebrar el día de la Candelaria, una tradición religiosa que resultó de la mezcla de la cultura prehispánica con la cultura religiosa que introdujeron los españoles en México.

Doña Malena Vera Castelán, costurera de profesión, como desde hace 40 años ve como su trabajo frente a la maquina rinde frutos; son más de 60 modelos de ropajes los que muestra en su puesto, pero bien lo dijo los más demandados son los atuendos blancos.

En los demás negocios esta moción se comparte, aquí lo único que cambia es el tamaño de la figura y el precio, pues para aquellos niños Dios que miden menos de 10 centímetros el ropaje ronda los 70 pesos, pero para los de gran tamaño el padrino, quien es el responsable de comprar la ropa paga hasta 280 pesos.

Sillas, guaraches, coronas, alas, altares y demás accesorios también implican costo, pero la gente los consume, sus bebes, como les llaman los merecen.

La plaza donde se ubica el mercado ve ir y venir gente que parece sincronizar su caminar con las campanas de la iglesia que se encuentra cerca, aunque son pocos los puestos llenos, las ventas no son como en otros años, tal vez porque con mayor frecuencia la gente cambia de religión u olvida las tradiciones, declaran los comerciantes.

Una vez que el cliente parece satisfecho con el vestuario de su niño Dios, como si fuera ritual, los colocan en el que se han convertido las escaleras del kiosco del lugar que simula un exhibidor.

Desde este sitio se puede ver un negocio muy peculiar, sobre sale de los demás en donde solo se observa ropa, ya que en él, el servicio que se ofrece es de reparación o reconstrucción de las figuras que hoy los fieles llevarán a bendecir para posteriormente ser guardadas en sus casas hasta la próxima navidad.

El espacio parece un hospital, refacciones de manos, pies, pestañas y brazos enteros cuelgan en bolsas; una mujer con su niño Dios se acerca, pues aunque ya lo vistió con un atuendo en color verde que lo hace parecer a San Judas Tadeo quiere darle una última "manita de gato" porque sus pies lucen descarapeladas.

La persona que atiende el negocio le niega la atención, pues varios, por las prisas dejaron para el final la reparación de sus figurillas y los restauradores, embarrados hasta la cara de barro no se dan abasto.

"Solo entregas" le dice el hombre y le muestra los más de 100 niños Dios que embolsados esperan su turno para ser restaurados.

La mujer desconsolada se marcha sin más, asegura que aún tiene que ir a preparar los tamales que como dicta la tradición la gente paga el día de la Candelaria, luego de haber sacado el muñeco en la rosca de Reyes.