CRÓNICA | POR ALEJANDRO SUÁREZ

"Cien pesos por tres canciones"

Festejo del Día de las Madres, en el panteón municipal de Pachuca

Se esperaban miles de visitantes en el panteón municipal, pero solo fueron cientos quienes se dieron cita.

Pachuca

Rompiendo en silencia del camposanto, las mañanitas surcan el aire del panteón municipal. Se trata de un festejo anual, se trata del 10 de mayo, la segunda fecha de más afluencia en el lugar que por naturaleza en lugar de fiesta trae luto, y en vez de risas, convoca lágrimas.

"Cien pesos por tres canciones", se promociona un grupo norteño al bajar por la calzada principal del cementerio; esta vez la avenida presenta afluencia numerosa, no tanto como lo esperaban las autoridades que calcularon más de 15 mil personas, son cientos, ni miles de visitantes.

Tal vez esperen para más tarde, o para el domingo, pero es un error desaprovechar que el medio día sabatino tiene en su cielo nubes que opacan al Sol, y el viento de la Bella Airosa baja a saludar a las mamás que ya nos dejaron para completar el clima ideal para la visita al panteón.

De primera vista, la entrada amenaza con una marea de gente; ya sea por todo el personal de seguridad pública y Protección Civil, por los comerciantes que tientan con flores o comida a la gente o por los hombres que ofrecen llevar agua a cambio de unas monedas, pero una vez superados los primeros metros el panorama se despeja.

La parte antigua, aquella que tiene más de 100 años de recibir a los pachuqueños muertos, es un contraste, mientras unos mausoleos parecen pequeñas casa del Infonavit, otros se conforman con un montón de piedras y una cruz para señalar que ahí descansa tal o cual persona.

Esta vez, no todas las tumbas tienen flores frescas, sólo la de aquellas madres que tienen aún a alguien quien las recuerde. En este selecto grupo podemos ver cómo las personas van con sus ramos de flores, cubetas llenas de agua, escoba, palas y trapos para limpiar la última morada de sus progenitoras.

Es una tarea noble por parte de los vivos; no lleva mucho tiempo, marca el temperamento de cada persona, por ejemplo, hay quienes lo hacen con actitud de enfado, no porque no lo quieran hacer, sino porque no les desagradara ensuciarse, otros sonríen y lo toman como juego, pero en ambos casos se alegran al ver el resultado.

El panteón tiene 30 hectáreas de superficie, una manda para algunas personas, si se considera que hay tumbas en las esquinas; no hay problema piensan algunos, que entran con su auto hasta donde quieren llegar, esto termina por darle en la torre al acostumbrado silencio.

Sin saber cuántas tumbas de madres fueron abandonadas este sábado, resulta paradójico que la mayor parte de los fosas queden solas, sin una floro en sus criptas. Pasan así la mayor parte del año, tal vez con una visita el 2 de noviembre, en cumpleaños o santo.

Si uno para los sentidos la fiesta es aislada, la soledad de un panteón cubre las notas de las mañanitas que pasan por aquí y por allá; después de todo, varios tienen décadas de fallecidos y sus seres queridos tal vez ya los acompañen ahí por lo que ya nadie se acuerde de ellos.

No es para ponerse a llorar, sino para recordar que mientras uno pueda, se visita a las mamás con una buena serenata en su día, aunque alrededor no haya más que silencio.