Alumnas de UAEH presentan obra de Arístides Vargas

Los montajes forman parte de los trabajos de titulación de la carrera en Arte Dramático.
Tras el exilio, Vargas creó piezas conmovedoras y poéticas.
Tras el exilio, Vargas creó piezas conmovedoras y poéticas. (Héctor Mora)

Pachuca

Una profunda tristeza invade a Eleonora ante la inminente muerte de su madre Francisca; sola, frente a sí misma, es arrastrada por los sentimientos que ha amasado durante tanto tiempo y decide escribir una carta a su hermana Celina anunciándole el cercano suceso.

La Edad de la Ciruela, del dramaturgo argentino Arístides Vargas, es presentado como parte de los trabajos de titulación de tres estudiantes de Arte Dramático de la Universidad Autónoma de Hidalgo (UAEH), una temporada que se extenderá hasta el 22 de marzo, con tres funciones semanales en el Ex Club de Tenis de Pachuca.

Jesús Islas es el director del montaje universitario, destaca la posibilidad que la obra otorga para que las recién egresadas para representar una obra pensada para mujeres, donde cada personaje discute y presenta al público el proceso de formación que las llevó hasta ese punto.

"Es la historia de dos mujeres hermanas, que se narran una a la otra los puntos de vista de cada una en función de la infancia que vivieron, y cómo otras mujeres de la familia intervinieron en su formación. Es una obra que habla del recuerdo y la memoria, que habla de mujeres a partir de ellas mismas", explicó en entrevista.

Los dos personajes en una acción de profunda sinceridad abren las grietas de su pasado, y frente a sus ojos y a los del público se presentan recuerdos e incidentes que para bien o para mal marcaron sus existencias.

En la adaptación de Jesús Islas participan tres actrices: Brenda Hernández, Sara Sánchez y Daniela Vázquez, que culminaron su formación en diciembre, y como parte de su formación presentan esta obra como trabajo final, donde muestran las herramientas adquiridas durante su carrera universitaria.

La metáfora de la ciruela se convierte en detonante de sus recuerdos. En la medida en que la fruta se va secando, como señal del paso del tiempo, afloran las memorias de la abuela gruñona, la tía sonámbula y otra tía que se cree ángel. Una obra que es una reflexión sobre el tiempo emparentada con el realismo mágico.

La obra vio su estreno en 1996 en Ecuador, lugar al que llegó Arístides Vargas después de su exilio de su natal Argentina en la época de dictadura militar, y se ha presentado con relevante éxito en Colombia, Chile, Brasil, Venezuela, Bolivia, Cuba, México y España.

La obra de Vargas, por su parte, se ha traducido al inglés, francés, portugués y alemán. Danzón Park, Jardín de pulpos, Nuestra Señora de las Nubes y La razón blindada figuran entre sus títulos más representados.

En total serán 21 presentaciones gratuitas las que se presenten de La Edad de la Ciruela en Pachuca, un esfuerzo exclusivamente de universitarios, desde la adaptación hasta el montaje de escenario.

"La importancia que se la universidad misma la que ocupe sus egresados para presentar alternativas teatrales, forma parte de una identidad que se empieza a formar, un color propio de una institución fortalecida", agregó.

Exilio y teatro

A fines 1975, con tan sólo 20 años, Arístides Vargas debe exiliarse en Ecuador debido a las persecuciones de la Triple A. En 1976, estallaría en Argentina la dictadura militar, la última y también la más sangrienta y atroz en la historia reciente de ese país.

Este período marcó la vida del actor, dramaturgo y director de teatro, quien movilizado por el trauma de afrontar el exilio logró crear piezas conmovedoras y poéticas, que giran en torno a la memoria, el desarraigo y la pérdida de la identidad.

Vargas llegó a Ecuador en una época en la que abundaban emigrantes de distintas naciones del continente que atravesaban dictaduras militares. Allí conoció a la actriz Charo Francés y a otros artistas con quienes formó en 1979 el grupo de teatro Malayerba.

"Estábamos creando lazos de exilio que pasan fundamentalmente por lo afectivo. Afectuosamente nos sentíamos bien, y para nosotros eso era suficiente. Sólo nos convocaba la idea de estar juntos", explicó en una ocasión Arístides.