Otra historia de perdón

Función dominical.

Ciudad de México

Qué mejor locación para comenzar una historia de amor que un tren. Qué mujer más interesante para enamorarse que Nicole Kidman, una actriz que ha hecho todo lo posible por parecer “normal”. La historia de Un pasado imborrable (exótica traducción de The Railway Man) pareciera contar solo el encuentro de un “él” y una “ella” unidos por una misteriosa atracción, y éste es justo el principal problema de la película: que no se decide nunca por ser cine romántico, cine de guerra o (la posibilidad más interesante de todas) un cine de perdón. Los guionistas han mezclado todos los géneros en uno y uno se queda con la impresión de que el libro en el que se ha basado la película les quedó grande.

Un pasado imborrable ha conseguido quitarme una culpa. Después de verla he dejado de sentirme mal por la aburrición que siempre me produjo el clásico Puente sobre el Río Kwai que en 1957 dirigió David Lean. Este Puente con su tonadilla pegajosa siempre me pareció insufrible, lo que atrajo sobre mí las sospechas de más de un cinéfilo enamorado del Hollywood de los cincuenta. Pues sucede que Un pasado imborrable y Puente sobre el Río Kwai tienen la misma fuente: la historia de estos soldados que durante la Segunda Guerra Mundial fueron esclavos para la construcción de un puente que ni siquiera los ingleses se habían atrevido a llevar a cabo por la dificultad que implicaban técnica y humanamente. Los japoneses (aparentemente con menos escrúpulos) utilizaron a los soldados prisioneros y consiguieron terminar el dichoso puente. El asunto es que después de ver Un pasado imborrable es innegable que la película de David Lean es melcochosa hasta el hartazgo. Es como si alguien hubiese querido hacer una historia ligerita y más bien boba sobre un tema tan delicado como el Holocausto.

Yo no sé si Un pasado imborrable esté rectificando la historia del cine para que se haga, por fin, el homenaje a todos esos soldados que el imperio japonés hizo esclavos. En todo caso, el tema histórico me parece mucho mejor logrado que la historia de amor que tiene un único e insuficiente valor fílmico: Nicole Kidman. La fotografía es interesante, sí, y en general el diseño de producción que recrea con eficiencia las selvas sobre aquel río en el que tantos trabajadores forzados murieron; el guión, como se ve, promete mucho y da poco, pero aún así, Un pasado imborrable vale el boleto y las palomitas del cine dominguero, es esa clase de cine en que uno tiene bien claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos aunque ¿alguien se ha puesto a pensar que los malévolos japoneses de esta película recibieron a cambio de su mal comportamiento el primer bombardeo atómico en la historia de la humanidad? Tal vez no. Tal vez por eso la historia de perdón que tendría que ser el centro de toda la película queda tan floja. Es verdad que el ejército japonés se portó malévolo, pero Truman con aquello de Hiroshima fue mucho peor.

 

Un pasado imborrable (The Railway Man). Dirección: Jonathan Teplitzky. Guión: Frank Cottrell Boyce y Andy Paterson basados en el libro de Eric Lomax. Fotografía: Garry Phillips, Música: David Hirschfelder. Con    Nicole Kidman, Colin Firth, Stellan Skarsgård, Jeremy Irvine, Hiroyuki Sanada. Australia, Gran Bretaña, Suiza, 2014.

@fernandovzamora