ENTREVISTA | POR MIGUEL CANE

Naomi Watts como Lady D

Encarnar a una de las celebridades más importantes de nuestro tiempo le provocó primero pánico, revela la actriz.“N la quería imitar, sino encarnar su esencia”, dice; todo un reto ya que Diana simboliza aún cosas trascendentes para mucha gente.

“El trabajo más duro de mi carrera”

Ciudad de México

Como actriz no solo es temeraria en sus elecciones, también se ha especializado en encarnar a mujeres reales como a la agente encubierta de la CIA Valerie Plame en Fair Game, a la valerosa madre de familia María Bennet en Lo imposible, y ahora a Diana Spencer, princesa de Gales en la película Diana.

Dirigida por Oliver Hirschbiegel (La caída), la cinta aborda los últimos años de la vida de este personaje relevante al final del siglo XX. En todas esas películas, Naomi Watts, (Shoreham, Gran Bretaña, 1968), brinda actuaciones de alto calibre y demuestra lo que se dejó ver desde que se dio a conocer en 2001 con Mulholland Drive, de David Lynch: que es una de las mejores de su tiempo.


Diana Spencer es un personaje clave para una generación. ¿Cómo te identificaste con ella?

Siento que de alguna forma crecí con ella. Pasé la primera parte de mi vida en Gran Bretaña, vi su boda por televisión como todo mundo, conocía toda su historia. Después, cuando murió mi padre, nos mudamos a Australia, donde también era muy conocida. Me pareció siempre carismática y hasta cierto punto, ingenua. Lo que fui descubriendo después, al leer el guión, fue que en realidad se trataba de una mujer más fuerte de lo que cualquiera habría pensado y que buscaba mantener su privacidad y el equilibrio, para ella era muy precario, aunque logró mantener muchas cosas solo para ella, hasta que murió. Por ejemplo, lo que yo no sabía era su historia romántica con el cirujano de origen paquistaní Hasnat Khan, por lo que me sorprendí bastante cuando me enteré, y es uno de los temas que toca la película.


Ya has interpretado a personajes reales, ¿cómo fue tu proceso en esta película?

Diana fue posiblemente la mujer más famosa de su época. Existe tanta información y tantas imágenes que fue como armar un rompecabezas gigante y luego obsesionarse con él. Por un momento no supe por dónde comenzar. Lo que más me ayudó fue la entrevista que le hizo el periodista de televisión Martin Bashir, en la que señaló que en su matrimonio había tres personas y confesó que sufría desórdenes alimentarios. Fue un momento impactante para mucha gente. Estudié esa entrevista a fondo, me pareció que en ese momento Diana se abrió más y fue más ella. También la observé mucho en videos y fotografías, me fijé cómo inclinaba la cabeza hacia el lado izquierdo y en muchos otros detalles.


Seguro es el personaje real más notorio que has encarnado. ¿Te sentiste segura de poder interpretarla?

Pues mira, no me sentí segura hasta pocos días antes de comenzar a filmar. Fue muy curioso, primero me dio un ataque de pánico, pero luego fue como si todo se hubiera iluminado: llegó un momento en que me dije, “ya sé cómo hacerlo, es mía”. Puedo decir que no es solo el personaje más notorio que he hecho, éste ha sido el trabajo más duro de mi carrera. No la quise imitar, lo que me interesaba era captar su esencia.

Han pasado casi 17 años de su muerte y su legado persiste. ¿A qué crees que se deba?

Creo que fue un símbolo de muchas cosas para muchísima gente. Hay grandes detalles de ella que perviven: su mirada, que es a la vez fuerte y vulnerable; su gran compasión para quienes más ayuda necesitan. Era alguien que había tenido penas en su vida, comenzando por el trauma del divorcio de sus padres, el alejamiento de su madre. Entendí que sintió verdadero dolor, que era humana, como cualquiera. Y también, filmando, descubrí que Diana tenía un gran sentido del humor, una veta rebelde. Le gustaba el rock and roll, era muy ordinaria en algunos aspectos y extraordinaria en muchos otros; ese aspecto de ella lo encontré fascinante. Además, hizo mucho con su trabajo humanitario en la lucha contra las minas antipersonales, el apoyo a los enfermos de Sida... Ella fue la primera persona pública que apareció tocándolos, no temiendo el contacto físico. Además, fue una madre excelente. Eso me llevó a identificarme con ella en ese sentido.


¿Cómo definirías su carácter, dado todo lo que le tocó vivir?

Creo que Diana luchó mucho por establecer su propia identidad cuando su matrimonio se acabó. Cuando una pareja se separa, quienes la integran en algún momento sienten que van a perder su identidad porque, para bien o para mal, el tiempo que fueron pareja, compartieron una identidad común. Por eso, salir de cualquier matrimonio es difícil, doloroso. Y en este caso, no se trató solo de perder al príncipe Carlos, sino de separarse de toda la familia real y del título de Alteza Real, algo muy terrible de enfrentar, si tomas en cuenta que se casó siendo todavía una adolescente, tenía solo 19 años y era aún muy inocente, sin experiencia en la vida. ¿Cómo se reinventa una persona después de eso? Ella lo logró, y por mucho. Lo que más admiré de Diana cuando hice la investigación fue que ella siempre luchó por ser feliz. Siempre intentó vencer los obstáculos que se le presentaban. Y lo más admirable es que reveló sus problemas frente a millones de telespectadores alrededor del mundo, y lo hizo con honestidad y sin exhibicionismos. Eso la humanizó, por eso la seguimos recordando, la compadecemos y la admiramos. Fue una princesa que tuvo la valentía de reconocer su bulimia y que se autoflagelaba emocionalmente. Por esto me interesó la película, no me atraía aparecer con tiaras y vestidos de alta costura, sino interpretar a una mujer muy humana, llena de matices, porque tampoco era una santa, era una mujer que también cometía errores y que buscaba una oportunidad de ser ella.


Sin embargo, esta no es la típica biopic a la que el público está acostumbrado.

Así es, es una biografía en el sentido tradicional. Ahí no habría nada qué contar; el guión se enfoca exclusivamente en los dos últimos años de su vida, de 1995 a 1997, y toca eventos específicos, no hay lugar para el chisme o la especulación. Lo que me gusta, es que mostramos que volvió a enamorarse después del colapso de su matrimonio y la humillación de las declaraciones de James Hewitt, que también le hicieron daño. Creo que es notable la manera en que logró reinventarse. Si has pasado 15 años de tu vida como la princesa de Gales, ¿en quién te transformas? Es muy difícil hacer el ajuste. Ella lo estaba logrando y justo entonces ocurrió esta tragedia: fue muy triste, ya que probablemente habría sido feliz una vez más, ya fuera con el doctor Khan u otro hombre, y quizás tenido más hijos. Pero no sé, es muy difícil imaginarlo, también. No sé si los medios la habrían dejado vivir tranquila.