La fama es un juego peligroso: Fred Savage

Su papel de Kevin Arnold en "Los años maravillosos" dio fama y fortuna; sin embargo, optó por terminar una carrera, luego dirigir y producir teleseries. Ahora vuelve a la tv con "The Grinder".

Para toda una generación, Fred Savage (Chicago, 1976) ocupa un lugar importante como Kevin Arnold, protagonista y narrador de Los años maravillosos, teleserie transmitida entre 1988 y 1993 y que lo convirtió en el actor más joven en ser nominado a los premios Emmy. Ya siendo una estrella y con participaciones en cintas exitosas como Vice Versa y La princesa prometida,Savage mantuvo los pies en la tierra y al contrario de muchos niños a los que les llega la fama temprana, se matriculó en la Universidad de Stanford y obtuvo un título. Regresó luego a los sets no tanto como actor —su último trabajo fue en un sitcom titulado Crumbs en 2006 y antes en la serie Working, transmitida a fines de los noventa—, sino en su faceta de director y productor.

Savage trabajó detrás de cámaras en series exitosas como Modern Family, Hannah Montana, Two Broke Girls y Ugly Betty. Tras formar una familia —está casado desde 2004 con Jennifer Lynn Stone y es padre de tres niños—, no consideró realmente volver a actuar hasta esta temporada en la que vuelve a la cadena Fox.

The Grinder

“La comedia se ha vuelto vulgar, por eso tratamos de hacer algo donde la gente no buscara humillarse”

es una comedia sobre un actor famoso, Dean Sanderson (Rob Lowe), que regresa a su ciudad natal, Boise, Idaho, al cancelarse su más reciente teleserie, en la cual interpretaba a un abogado. Al volver, se reencuentra con su familia, encabezada por el patriarca (William Devane), que junto con Stewart, el hermano menor (Savage), dirige una firma legal. Con la idea de que, tras interpretar a un exitoso abogado por años, puede serlo en la vida real, Dean utiliza los conocimientos adquiridos en su trabajo para “ayudar” al negocio familiar, creando toda clase de aprietos para su familia. Savage no solo actúa, sino que también es productor ejecutivo de la teleserie, estrenada con éxito de audiencia y crítica y que llega a las pantallas latinoamericanas en televisión de paga.

Llevabas mucho tiempo alejado de las cámaras, o al menos frente a ellas. ¿Por qué volver a actuar?

La verdad no lo tenía contemplado. Cuando Nick Stoller, el productor, me pasó el guión del piloto —nos conocemos porque nuestros hijos van a la misma escuela—, lo leí y le dije: “Oye, es muy bueno. ¿Cuándo quieres empezar?”, porque pensé que me buscaba como director. Nick me dijo: “Quiero que actúes. Creo que serías perfecto para ser Stewart”. Lo rechacé como dos o tres veces. Nick es persistente y mi esposa me dijo: “¿Por qué no lo consideras en serio? ¿Qué es lo peor que puede pasar? Diviértete un rato”, y lo pensé. Es decir, es un trabajo y requiere una disciplina, pero también pensé que sería divertido. Después de un par de semanas acepté, sobre todo cuando conocí al resto del equipo creativo: me sentí muy seguro al ver que para ellos la serie era un proyecto importante y no solo algo hecho al vapor. Así que aquí estoy.

En estos días parece haber muchas sitcoms. ¿Por qué The Grinder es distinta?

La comedia en televisión, en general, se ha convertido en algo muy… no sé cómo decirlo sin que suene feo… pero se ha vuelto muy rutinaria. Muy vulgar. Y son raros los proyectos que tienen una propuesta interesante, original. Como director, solo me acercaba a programas que tenían algo que me hablara y que me atrajera. Como actor es lo mismo. Lo que queremos hacer es una serie sobre el amor a algo, el amor de dos hermanos y el amor de una pareja, y el amor a los demás… por eso la firma de abogados toma casos pro-bono y busca ayudar. Realmente intentamos hacer una serie sobre personas que no se trataran mal, que no buscasen humillarse unos a otros. Evitar el chiste fácil y hacer algo que tuviera sustancia entre líneas. Y como está escrita la serie, tiene mucho qué ofrecer.

En el piloto también hay ciertos trazos de humor sarcástico, ácido…

Sí, claro. Es parte del humor. Creo que la mejor comedia refleja tus experiencias reales, cuanto más pueda identificarse la gente con ello, mejor... Que uno de tus hermanos te exaspere, evidentemente forma parte de la vida de las personas y es algo con lo que se pueden identificar muchas. Me encanta que haya esa clase de humor. Ron (Lowe) es un maestro para esto y me gusta ser el straight man (patiño) porque hay un balance. Demuestra desde el principio que esto va a ser algo centrado en la realidad y no está exento de muchos tonos de humor.

¿Luego de 30 años de carrera percibes cambios en las normas de la televisión?

¿Como espectador o como partícipe? Ahora soy padre y no quiero que los niños, mis hijos, los de todo el mundo, se vean expuestos a nada malo o violento, pero al mismo tiempo creo que ir cambiando las normas nos permite vernos de forma más verídica en televisión... Cuanto más precisa sea la forma en la que describimos el mundo que nos rodea, mejor será la serie. Y creo que sí, en los últimos 15 o 20 años ha habido un cambio notable. El humor puede ser franco, reflejar la realidad desde un diverso espectro de temas: la política, la economía, incluso el sexo o la salud. En la medida en que aprendemos a reírnos de nosotros mismos, más claramente podemos entendernos a nosotros mismos y al mundo que es nuestro entorno. 

La gente aún recuerda Los años maravillosos precisamente por eso, ¿no crees?

Fue uno de los primeros programas en tomar elementos dramáticos y humorísticos y casarlos para darle al público algo diferente. Estoy muy orgulloso de esa serie. Ahí fue donde empecé y por lo que me hice conocido. Sería un ingrato si pensara que muchas de las oportunidades que he tenido no han sido gracias a esa serie... Es algo de lo que nunca querría distanciarme.

¿Cuando empezaste a dirigir y producir fue para distanciarte de la celebridad?

No, no, la verdad es que eso nunca me preocupó. Dirigir era algo que quería hacer desde que tenía 10 años. Quería ser como Ron Howard, que empezó como niño actor, igual que yo —en El Show de Andy Griffith— y aprendió el oficio. Igual que Jodie Foster. A mí siempre me ha interesado. No fue una decisión para alejarme de nada, era un sueño que siempre había tenido. Poder dirigir. Cuando estaba en Los años maravillosos siempre podías verme con las cámaras y los técnicos, aprendiendo todo lo que podía. La fama nunca formó parte de mi experiencia. No salía con famosos ni vivía un estilo de vida así. La fama viene y va. Lo he visto miles de veces. Cuando no ha sido parte de tu vida, no la echas de menos. Para mí, siempre fue una cuestión de trabajo... Solo quería estar en el set y trabajar. La fama no debería ser un fin, y eso lo hablo con muchos actores jóvenes con quienes me encuentro cuando empiezan y quieren destacar. Debes destacar por tu trabajo, tu responsabilidad, tu profesionalismo, no porque te embriagas en Sunset Boulevard y acabas en los periódicos. Ese es un juego peligroso que para mí nunca formó parte de la ecuación, y así sigue siendo. Esto es un trabajo, una vocación. Es lo que he hecho toda mi vida y me encanta.