ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ


“Aquí celebramos al malo y al tramposo...”: Jorge Zárate

Jorge Zárate debutó como actor en 1984.
Jorge Zárate debutó como actor en 1984. (Omar Meneses)

Ciudad de México

Antes que ser actor, Jorge Zárate ya era un melómano. Creció entre discos de Led Zeppelin, Los Beatles y Los Rolling Stones, es por eso que su participación en la cinta Eddie Raynolds y Los Ángeles de acero, donde interpreta a un bajista, salda una deuda pendiente de este actor que se resiste al encasillamiento.

¿Cuándo se sintió rockstar?

Hay quienes se sienten rockstars, pero no es mi caso. Los actores somos fresas en comparación de los roqueros, ellos son más gruesos.

Haciendo analogía con la lucha libre, ¿sería rudo o técnico?

Solían gustarme los rudos, son más atractivos los villanos. Ahora me gustaría ser técnico, para como están las cosas, es necesario valorar a los limpios. Parte de nuestra debacle como sociedad obedece a que aquí celebramos al malo y tramposo.

¿Qué dijeron en su casa cuando escogió ser actor?

Mis padres me apoyaron. Supongo que como me veían medio feo pensaban que no tendría futuro, pero al final me ayudaron. Sin ellos no habría podido tomar clases y tuvieron la paciencia de dejar que me diera mis topes.

El tope más fuerte que se dio fue...

En mis inicios quería entrar hasta de extra. Fui a ver si me daban el papel de uno de los guardias de Conan en esa película, por supuesto me lo negaron. Imagínate, ser la escolta de Shwarzenegger, ni de chiste. Pero en realidad estoy contento porque con todo y esta cara he podido ser actor.

¿Cuándo fue la última vez que no paso un casting?

No quedé en Temporada de patos. Hice audición para el papel que interpretó Enrique Arreola. Al principio me dolió, pero también me dio gusto porque es un gran compañero. Ahora me llaman, generalmente, para personajes tipo indigente. A veces siento que me están orillando a llenar el espacio de Abel Woolrich.

¿Le gusta ser indigente?

Me gusta hacer de todo. No hay papeles chicos o grandes. Actuar es buscarle su valor al personaje y glorificarlo, no importa si solo dices una palabra.

¿Siente que lo han encasillado?

Llegó un momento donde sentí que ya había interpretado a demasiados uniformados. A la quinta o sexta vez que me ofrecieron el papel de policía lo condicioné a que fuera protagónico o de menos que me subieran de rango. Afortunadamente, en 2008 gané el Ariel por un papel de taxista y eso ayudó a romper el molde.

¿Guarda objetos de sus personajes?

Me gusta quedarme con algo de mis personajes. No es una cuestión de superstición, más bien de fetichismo.

En el teatro sí hay más superstición, ¿no?

Sí, porque el teatro es un ritual. Ahí sí tengo un rito místico que me permite entrar en un estado de concentración. No son grandes acciones, puede ser un acercamiento honroso al vestuario. Cuando me visto trato de hacerlo bien y con cuidado, es algo espiritual que me conecta con el personaje.

¿A qué político le gustaría interpretar?

No sé, ya me tocó hacer a Fidel Velázquez. Los políticos están tan estigmatizados que me gustaría tener la actitud para aprender a entenderlos sin juzgarlos. Un actor no puede juzgar a sus personajes, al contrario, debe profundizar en su humanidad. No importa si es un político.

¿Qué se necesita para interpretar a Carlos Salinas?

Gran conocimiento de la maldad. Su biografía en sí aporta datos suficientes como para entender su actitud tan demoniaca.

¿Y a Andrés Manuel López Obrador?

Admiro mucho a Andrés Manuel. El PRD le debe todo. En su caso, habría que hacer un ejercicio de honestidad y entender a un hombre introspectivo.

¿A Enrique Peña Nieto?

Ahí no le entro, me falta ser guapo. Mejor se lo dejamos a otros compañeros más agraciados.

¿Qué tipo de película habría que hacer para contar la vida de Jorge Zárate?

Una comedia medio fársica, donde cupiera la ciencia ficción. Siempre trato de estar de buen humor y de estar al tanto de los avances científicos.