Enfrentan la tecnología sobre el escenario

Manolo Caro presenta "Nunca es tarde para aprender francés", su nueva puesta en escena en la que sus personajes se ven afectados por los avances de la modernidad.

México

Una casita giratoria en color azul ocupa el escenario del teatro Rafael Solana, es el hogar de la infancia de Nicolás (personaje que intercalan Iván Sánchez y Leonardo de Lozanne), un famoso actor de telenovelas que en pleno trámite de divorcio con Eugenia (Sandra Echeverría) recibe la noticia de la separación de sus padres.

“Es una obra que explora la vida de un hombre que lo pierde todo por satisfacer una necesidad de fama y reconocimiento”, explicó Manolo Caro, escritor y director de Nunca es tarde para aprender francés. “No es una crítica a las redes sociales, pero habla de la tecnología y las plataformas digitales como un cambio en la sociedad; hoy me entero de los divorcios por mis amigos de Facebook”.

El realizador considera que también el ritmo de vida de las personas, frente a su necesidad de reafirmarse ante la sociedad en una era digital, ha propiciado que los vínculos sean más frágiles.

“Es una historia que habla de lo patéticos o vulnerables que nos hemos vuelto con el paso de los años, al sumarse la tecnología, el estrés y el éxito. El cuestionamiento continuo de qué es el éxito y cómo afecta en tu vida, cómo pasamos de largo cosas que valen la pena como la familia, el amor y los amigos. Y que el trabajo debe ser una parte satisfactoria, pero no el todo.”

La puesta, que se estrena hoy en el teatro Rafael Solana, da muestra de lo expuesto que queda el ámbito privado ante el desmedido uso de las redes sociales y cómo ello puede trastocar las relaciones personales. “Vivimos un tiempo complejo en cuestión de intimidad, hay cosas que debemos hacer en privado, pero las redes sociales nos llevan a otro nivel; la gente publica muertes, divorcios, pesares, todo está ahí. Creo que la tecnología nos ha jugado malos momentos, nos ha hecho más complicada la forma de comunicarnos”, reflexionó Caro.

Pero en la obra no todo está perdido para Nicolás, pues en su pequeña habitación, donde aún permanecen los juguetes preferidos de su niñez, se reencuentra con Loreto (Mariana Treviño) su amiga de la infancia que le recuerda lo mucho que deseaba viajar a París y los sueños que juntos planearon veinte años atrás.

En los ensayos previos al estreno Leonardo de Lozanne es el primero en llegar, pues si bien su fuerte no es la actuación, el también esposo de Sandra Echeverría es constante en su preparación y lectura de su guión. La segunda en aparecer en escena es Cecilia Toussaint, quien aunque ya tiene sus textos aprendidos a la perfección, también acata las indicaciones del director y se muestra paciente con de Lozanne.

“Es la primera vez que hago una cosa así pero creo que estoy muy bien protegida, Manolo es muy amoroso y respetuoso, no conocía su trabajo pero me doy cuenta cómo cuida las cosas”, señaló.