La reina del papel cuché

Revista de farándula y alta sociedad.

Madrid

A lo largo del camellón central del Paseo de Recoletos y del Paseo del Prado, en pleno corazón de Madrid, los viandantes se topan estos días con una sucesión de 70 portadas gigantes de la revista ¡Hola! publicadas en los últimos 70 años. Son el registro gráfico de algunos sucesos españoles e internacionales y, sobre todo, de rostros de estrellas de la farándula, reyes, príncipes y miembros de la alta sociedad, los preferidos de la frívola e indiscreta reina del papel cuché.

Si en América Latina la sociedad vive la vida de los otros a través de la ficción de las telenovelas, en España se prefiere a la gente real pero con vidas aparentemente fantásticas. Aquí, el público ve y admira la vida glamorosa y materialista de los demás con el fin de envidarla y criticarla. Manosea las revistas una y otra vez en los supermercados, las peluquerías y en algún rincón de sus casas para enterarse de las intimidades, dimes y diretes de un mundillo que casi siempre le es ajeno, pero que, no obstante, mataría por pertenecer a él.

En 1944, Antonio Sánchez Gómez, un periodista malagueño afincado en Barcelona, se propuso darle un toque de alegre frivolidad a la oscura España franquista con una revista en donde los textos (objeto de censura) fueran lo de menos. Las fotos, a partir de entonces, debían informar por sí solas sobre la intimidad de ricos y famosos, su estilo de vida, sus casas, su vestimenta, sus reuniones y fiestas exclusivas. Sobre sus bodas, nacimientos, divorcios, enfermedades, fracasos y éxitos. Cada semana, en los kioscos estaría una revista para ver y no tanto para leer. Un manojo de páginas para contemplar cómo los sueños de algunos se hacen realidad. El reflejo de un ambiente que este periodista llamó “la espuma de la vida”: aquella parte de la realidad sin peso específico donde residen, precisamente, la belleza y la alegría.

Cuando en diciembre de 1982 ¡Hola! publicó su número 2000, su director fundador escribió: “El proyecto de ¡Hola! fue lo que podríamos llamar una idea basada en una limpia concepción del periodismo y un limpio concepto de las personas a las que iba dirigida nuestra revista. Pensaba en una revista cuyo contenido fuera ameno, muy informativo y espectacularmente gráfico, dándole a la imagen una trascendencia y un protagonismo hasta entonces poco frecuentes. Lo que me proponía era una publicación para distraer, más que para crear complicaciones, sin peso ni densidad en su contenido que, con la actualidad trascendente supiera recoger y llevar a sus páginas la espuma de la vida y un caudal sinfín de noticias multicolores”.

Hoy, ¡Hola! lleva casi cuatro mil semanas en los kioscos de España y tiene 30 ediciones en 10 idiomas, distribuidas en 120 países, con unos 20 millones de lectores. Tan solo en España vende medio millón de ejemplares (a dos euros) cada semana. Su influencia es tal que, en la actualidad, es imposible disociar la “información del corazón” o “las notas rosas” de medios considerados “más serios”, como El País, El Mundo o el ABC, periódicos que todos los sábados dedican algunas de sus páginas (con diversos matices) a la realeza, la aristocracia y la farándula nacional e internacional, con el objetivo de mantener la fidelidad de sus lectores cotillas (chismosos).

Pero ¡Hola! también es la responsable de un estilo (ya consolidado) para obtener información en España: pagar por ella. Pagar miles de euros (antes, de pesetas) por primicias y exclusivas. Pagar a ricos y famosos por presentarnos a sus hijos recién nacidos o por enseñarnos sus lujosas casas o por contarnos los detalles de sus amores y desamores o por mostrarnos su nuevo look. Pagar a los paparazzi por sus fotos indiscretas. Pagar por los detalles del pasado de los que hoy triunfan. Pagar con tal de vender más ejemplares y obtener más páginas de publicidad. Un día, sin embargo, el director de la revista pagó por unas fotos de la Princesa Diana en topless abordo de un crucero y… jamás las publicó. Lady Di siempre fue una de las consentidas de la revista y siempre le tuvieron un especial cariño y respeto (quizá también porque fue ella una de las principales promotoras de Hello!, la edición británica de la publicación), así que nunca se atrevieron a denigrar su imagen (tan admirada por los lectores).

Dice Félix Rodríguez, profesor de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, que “como en la época de Franco todo era represión, el cotilleo representó una válvula de escape. Gracias a revistas como ¡Hola!, los españoles veían un rayo de luz en las vidas… de algunos, claro. Pero se enteraban de la existencia de una burbuja a la que, quizá, ellos también podían aspirar. ¡Había que sujetarse de alguna ilusión para seguir adelante durante la dictadura! Y esto fue algo que le convino a los empresarios y a la clase política”.

Rosa Bermúdez, de la sección “Gentestilo” del diario ABC, reconoce la influencia de una revista como esta en la prensa generalista española: “La verdad es que uno no se imaginaba que en todos los medios estaría presente con tanto eco información de este tipo. Es verdad que la crisis económica, aunada a la crisis de la prensa, nos ha hecho pensar en estrategias para mantener nuestras audiencias, pero… no sé, de momento funciona. Pero no estoy segura de si eso contribuya a mejorar el periodismo”.

Además de la exposición callejera en Madrid (que pronto estará en Barcelona), ¡Hola! publicó un número especial de casi 300 páginas con los personajes que han protagonizado sus siete décadas de existencia, y juntó para una entrevista a Carmen Martínez-Bordíu, nieta de Franco, y a Isabel Preysler, ex de Julio Iglesias, un par de señoras sesentonas que han estado en otras tantas portadas de la revista, ahora rejuvenecidas por el fotoshop. Y, para no variar, esto ha motivado una serie de habladurías sobre la revista. Pero ese ha sido siempre el secreto de su éxito.