Entre la perfección y el juego

Función dominical.

Ciudad de México

Que nadie diga que la mercadotecnia es mala consejera creativa, cuando hay de por medio cientos de millones de dólares, funciona porque funciona. Como en Lego, una película basada en tema tan estrafalario que es difícil creer que pueda uno pasárselo tan bien.

Yo fui niño Lego. Me encantaban los cubitos para armar. Cuando entendí “la moraleja” de la película, me sentí extasiado. Aquí la historia es lo de menos, lo de más es el ritmo en que se suceden, una tras otra, las referencias. Cuesta trabajo entender la cantidad de trabajo y dinero que han invertido los estudios para lograr una obra de apariencia tan simple: entrar en el código de juego de un niño de ocho años no es fácil, corre uno el riesgo de volverse cursi o aburrido y, con todo y el cinismo de un gigantesco anuncio comercial, hay que conceder que Lego no es ni cursi ni aburrida. De hecho, el guión resulta muy interesante, sobre todo si tiene uno la curiosidad de notar los niveles de realidad en que se desarrolla la ficción. La historia va de un juguete común y corriente que, por una razón que se explica hacia el clímax de la película, es merecedor de una adoración mesiánica por parte de todos los otros juguetes. La estructura es sencilla y la hemos visto tanto en Una película de Huevos como en La guerra de las galaxias. Esta última, por cierto, es la verdadera “pieza de resistencia” sobre la que se fundan todas las otras referencias. Los fans de Star Wars se reconocerán tanto como los fans del Lego, el Mecano o los castillos Exin. Hay que decir también que el espectador perdona los clichés de la película porque ha entrado en la convención dramática de que lo que mira es una farsa, que todo son referencias sin las cuales el universo narrativo se vendría abajo como castillo de naipes. Los adultos ríen porque reviven una infancia idealizada, los niños porque la película tiene el encanto de quien a los 10 años juega con el amigo divertido e inteligente.

En lo que va del siglo, probablemente la animación es el área del cine que se ha desarrollado más en todos sentidos; tanto que resulta imposible no comparar. Es aquí donde Lego no sale tan bien parada. Piensa uno en filmes como Toy Story III, Up o Wall-E, películas que sorprenden no solo por la animación o el universo nutrido de referencias sino porque tienen “algo más” una trama emotiva. Los imitadores de Pixar tienen todavía un largo camino por recorrer.

Lego es un filme que está bien para verse sin pretensiones, con o sin niños. Es una animación inteligente que no tiene altos vuelos. Estilísticamente no ofrece ningún aporte, por más que hay una ruptura de tipo brechtiano y un discreto apunte a la animación cuadro por cuadro que a todas luces se completó con computadora. Supongo sin embargo que estas cosas sólo importan a los obsesivos del cine, aquellos para los que hay en esta película una moraleja concreta. En el fondo tal vez sea cierta la idea del ejército de guionistas y lo más importante en el arte no sea la perfección sino el juego.


Lego (The Lego Movie). Dirección: Phil Lord y Christopher Miller. Guión: Dan Hageman, Kevin Hageman, Phil Lord y Christopher Miller. Música: Mark Mothersbaugh. Fotografía: Barry Peterson y Pablo Plaisted. Estados Unidos, 2014.


@fernandovzamora