Más le temo a la vida…

Musicópata.
Musicópata
(Especial)

Ciudad de México

La expresión sonora del alma de un puebloestá en su música popular. Todo el conjunto de géneros y estilos musicales queson distintivos de un país, región, idioma o cultura, y que son conocidos yqueridos por la mayoría de su gente, son los que conforman la esencia delcancionero popular.

No hay otro país que, como el nuestro,tenga un cancionero popular con más piezas que hagan referencia a la muerte. Yes que los mexicanos nos burlamos de ella, la afrontamos y la ridiculizamos detantas formas que cualquiera que no forme parte de nuestra cultura se queda verdaderamente sorprendido.

Aunque la muerte está presente en todos losterrenos de nuestra música. Si nos asomamos, por ejemplo, al género ranchero,notamos que muchas de las canciones más representativas del México bravíollevan tramada a la muerte en sus letras. Ahí está “México lindo”, de ChuchoMonge, que fue éxito para Jorge Negrete y se ha convertido en la canciónranchera más escuchada por los mexicanos que están en el extranjero. En ella sehabla del deseo de ser sepultado en México en caso de morir en otra tierra.

El clásico “Cucurrucucú paloma”, de TomásMéndez, dice: “Cómo sufrió por ella que hasta en su muerte la fue llamando” yagrega —con gran lógica—: “de pasión mortal… moría”. De hecho, si hubiese queidentificar a un compositor ranchero como El Rey de la muerte, habría que darleel título a Méndez, pues tiene temas como: “Las rejas no matan”, “Huapangotorero”, “Paloma negra”, “La muerte de un gallero” y “La muerte”, canción en laque sintetiza la actitud del macho que muchas veces le teme más a la vida que ala muerte”.

José Alfredo Jiménez aportó a la músicamuchos temas sobre la muerte. Es clásico su “Camino de Guanajuato”, que comienzacon la frase “No vale nada la vida”. Otras de sus canciones que marcanfascinación por la muerte incluyen las frases: “Que se me acabe la vida frentea una copa de vino”, “No me quieras matar, Corazón”, “Vaga solito en el mundo yva deseando la muerte”, “Sabiendo que nacimos para morir iguales”, “Tú y lasnubes me van a matar”, y tiene otras que usted seguramente recuerda.

Juan Gabriel ha dejado dos cancionesbásicas en el cancionero de la muerte: “La muerte del palomo” y “Amor eterno”,éste último un tema dedicado a un amigo que murió en Acapulco, aunque muchoscreen, erróneamente, que se lo dedicó a su mamá.

Javier Solís es el cantante que más lerindió culto a la muerte. Al ver su catálogo da la impresión de que estuvieraanticipando su muerte. Hay que escucharlo cantando temas como: “Cuatro cirios”,“Amigo organillero”, “Morir por tu amor”, “Si Dios me quita la vida”,“Sombras”, “Llorarás, llorarás” y “Me recordarás”.

Y no vaya usted a creer que estas cancionessolo se escuchan en la temporada del día de muertos, para nada. Siempre seestán tocando y mantienen viva esta faceta tan particular de nuestro gustomusical. Y si la muerte ocupa en nuestra cultura popular un lugar tanimportante, en la música no podía ser de otra forma. Los mexicanos nacemos conmúsica y hasta la tumba llegamos al son de nuestras canciones.

La expresión sonora del alma de un puebloestá en su música popular. Todo el conjunto de géneros y estilos musicales queson distintivos de un país, región, idioma o cultura, y que son conocidos yqueridos por la mayoría de su gente, son los que conforman la esencia delcancionero popular.

No hay otro país que, como el nuestro,tenga un cancionero popular con más piezas que hagan referencia a la muerte. Yes que los mexicanos nos burlamos de ella, la afrontamos y la ridiculizamos detantas formas que cualquiera que no forme parte de nuestra cultura

se queda verdaderamente sorprendido.

Aunque la muerte está presente en todos losterrenos de nuestra música. Si nos asomamos, por ejemplo, al género ranchero,notamos que muchas de las canciones más representativas del México bravíollevan tramada a la muerte en sus letras. Ahí está “México lindo”, de ChuchoMonge, que fue éxito para Jorge Negrete y se ha convertido en la canciónranchera más escuchada por los mexicanos que están en el extranjero. En ella sehabla del deseo de ser sepultado en México en caso de morir en otra tierra.

El clásico “Cucurrucucú paloma”, de TomásMéndez, dice: “Cómo sufrió por ella que hasta en su muerte la fue llamando” yagrega —con gran lógica—: “de pasión mortal… moría”. De hecho, si hubiese queidentificar a un compositor ranchero como El Rey de la muerte, habría que darleel título a Méndez, pues tiene temas como: “Las rejas no matan”, “Huapangotorero”, “Paloma negra”, “La muerte de un gallero” y “La muerte”, canción en laque sintetiza la actitud del macho que muchas veces le teme más a la vida que ala muerte”.

José Alfredo Jiménez aportó a la músicamuchos temas sobre la muerte. Es clásico su “Camino de Guanajuato”, que comienzacon la frase “No vale nada la vida”. Otras de sus canciones que marcanfascinación por la muerte incluyen las frases: “Que se me acabe la vida frentea una copa de vino”, “No me quieras matar, Corazón”, “Vaga solito en el mundo yva deseando la muerte”, “Sabiendo que nacimos para morir iguales”, “Tú y lasnubes me van a matar”, y tiene otras que usted seguramente recuerda.

Juan Gabriel ha dejado dos cancionesbásicas en el cancionero de la muerte: “La muerte del palomo” y “Amor eterno”,éste último un tema dedicado a un amigo que murió en Acapulco, aunque muchoscreen, erróneamente, que se lo dedicó a su mamá.

Javier Solís es el cantante que más lerindió culto a la muerte. Al ver su catálogo da la impresión de que estuvieraanticipando su muerte. Hay que escucharlo cantando temas como: “Cuatro cirios”,“Amigo organillero”, “Morir por tu amor”, “Si Dios me quita la vida”,“Sombras”, “Llorarás, llorarás” y “Me recordarás”.

Y no vaya usted a creer que estas cancionessolo se escuchan en la temporada del día de muertos, para nada. Siempre seestán tocando y mantienen viva esta faceta tan particular de nuestro gustomusical. Y si la muerte ocupa en nuestra cultura popular un lugar tanimportante, en la música no podía ser de otra forma. Los mexicanos nacemos conmúsica y hasta la tumba llegamos al son de nuestras canciones.