Un sacrilegio que cumple 40 años: Cuando los roqueros tocaron música disco

El 12 de julio de 1979, el dj Steve Dahl organizó en Chicago un evento denominado Disco Demolición Night, para protestar contra esa música
Todo inició con el berrinche de Steve Dahl a quien le pareció ofensivo el arribo de Donna Summer, Chic o los Bee Gees a los primeros lugares en las listas de popularidad.
Todo inició con el berrinche de Steve Dahl a quien le pareció ofensivo el arribo de Donna Summer, Chic o los Bee Gees a los primeros lugares en las listas de popularidad. (Shutterstock)

Todo inició con el berrinche de Steve Dahl, a quien le pareció ofensivo el arribo de Donna Summer, Chic o los Bee Gees a los primeros lugares en las listas de popularidad en detrimento, lamentaba, de bandas como Led Zeppelin, los Rolling Stones o Black Sabath, siempre dueñas de esos sitios de privilegio. Pero si bien este personaje, creador del término Disco Sucks (la música Disco apesta), en realidad lo único que deseaba era llevar raiting a su duro gusto musical, muchos de los más solemnes miembros de su grey pervirtieron su iniciativa de rechazo para sacar a relucir la faceta más homofóbica y racista de muchos de los buenos roqueros de los años setenta: la música disco debía morir por estar asociada con minorías como gays, latinos, italianos o negros.

Esta falsa batalla generó los más encendidos debates, pero en realidad no significó más que una gran burbuja a la cual mantuvieron rodando las más fieras y radicales posturas de seguidores del punk, el metal y el progresivo. Pero si buscamos episodios o diatribas de esta guerra en los mismos músicos que ahora son ídolos del guitar hero, en realidad no hay muchos testimonios de que se hubieran ofendidos con la idea de que el género disco bailable formara parte de su repertorio, pues a final de cuentas tanto rock como disco comparten raíces, cuando menos el soul y el rythm and blues.

Además, hubo bandas que no se movieron ni un milímetro de su idea de seguir haciendo rock, lo cual desecha la versión de que se obligaba a los músicos a entrar a la música de baile. Es más, incluso durante el lustro de oro del género que inventó la bola de espejos al centro de la pista, nació el punk, movimiento en apariencia diametralmente opuesto a la disco. En paralelo, el hard rock

David Bowie experimentó con beats disco en “Let’s Dance”

nunca dejó de moverse, y durante la segunda mitad de los setenta nacieron también bandas como AC/DC, Rush, Scorpions, Iron Maiden, Van Halen o Def Leppard, que hasta la fecha son de culto entre millones de fans en el mundo entero.

Viendo sus raíces en común, la diferencia más notable entre la disco y el rock, si acaso, fue siempre el empaque, pues mientras a la primera se le relacionaba con la extravagancia, el nulo compromiso con las causas sociales, la ingesta de cocaína y la promiscuidad, el rock se hallaba instalado en el escalón de la dura militancia política, la defensa tanto del sexo libre y el consumo de drogas más naturales; en algún momento, incluso se pensó que su mensaje buscaba, al menos en apariencia, cuestionar o enfrentar a la autoridad. Aunque las diferencias fueran sutiles, los seguidores del metal, el hard o el blues, odiaron en su momento el que la moda los obligara a tener qué aprender a bailar o usar un llamativo traje de lujo para conquistar mujeres a quienes, ese mismo baile, otorgaba una libertad e igualdad pocas veces experimentadas en el muy machista medio roquero, donde tenían el papel de comparsas o, en el mejor de los casos, de alocadas gruppies.

BOWIE A ESCENA

El primer artista surgido de la filas del rock and roll que se atrevió a experimentar con beats disco fue, a nadie extraña, David Bowie, a quien los señalamientos de traicionarse nunca le impidieron avanzar con sus experimentos. Su “John, I’m Only Dancing (Again)” (1975) se considera como el primer crossover entre disco y rock, aunque su gran homenaje a la música disco llegaría con el álbum Let´s Dance (1983) con temas como “Blue Jeans” y precisamente “Let´s Dance”, producidos por la leyenda de la discotequera banda Chic, Nile Rodgers. Aquél año del 75, el genio Frankie Valli le entró al ritmito con “Swearin’to God” y, unos meses después, Elton John se unió a Kiki Dee para lanzar “Don’t Go Breaking My Hearth”, que aunque no llego a las pistas, si es el primer registro del pianista inglés en el pop, donde luego se sintió bastante a gusto.

Pero no fue sino hasta después de que la multicelebrada cinta Saturday Night Fever (1977) otorgara fama global a los hermanos Bee Gees y a John Travolta, que los interpretes roqueros decidieron salir del clóset. La que quizás más críticas recibió por “traidora”, ya que su banda nació al calor del movimiento punk, fue Blondie, quien compuso y grabó “Hearth of Glass” (número uno en los listas en enero de 1979 en Estados Unidos y Gran Bretaña), que junto con “Da Ya Think I’m Sexy” (1979) del escocés Rod Stewart, son quizás las piezas más representativas de este tipo de fusión, y también las que, 37 años después, siguen sonando más frescas y actuales. La banda de Birmingham, Electric Light Orchestra, también entró con mucha fuerza a la producción de ritmos disco con “Last Train To London” y “Shine a Little Love”, ambas incluidas en el álbum Discovery (1979) aunque los intentos de ELO por meterle beats a su rock sinfónico ya se habían materializado con “Livin Thing” (1976).

En 1978 los Rolling Stones se suavizaron con “Miss You” (recordemos que Mick Jagger era uno de los habituales a los reventones legendarios del templo discotequero Studio 54) y de ese track hay incluso una “extended disco versión” que fue el primer sencillo 12 pulgadas de la banda. Y siguiendo con los homenajes, en algunos casos más bien parodias, Ian Dury con sus Blockheads dejaron “Hit Me With Your Rhythm Stick” (1978) para los émulos de Travolta, mismo caso del jazzista George Benson, quien compuso la exquisita “Give me the Night” (1980) o los performanceros de Kiss que al lanzar “I Was Made For Loving You” se ganaron el repudio de una parte de su fanaticada más bien pedestre.

Pero mientras se daba la caída de los ritmos disco, ya fuera natural o provocada por el agresivo movimiento Disco Sucks, el sacrilegio roquero que unía a los dos géneros iba tomando forma de unión permanente, y para cerrar la década, Pink Floyd le metió ritmos y guitarras funkosas a “Another Brick in the Wall” (1979), los Kinks mostraron interés con “(Wish I Could Fly Like) Superman” (1979) y “Come Dancing”; Paul McCartney aportó “Goodnight Tonight” (1979), Queen puso a bailar a los jóvenes con “Another One Bites the Dust” (1980) y hasta The Clash, quién lo dijera, tienen en “Ivan Meets G.I. Joe” (1980), de su combativo álbum Sandinista!, su aportación a estos greatest rock-disco hits. Por último, The Beach Boys agregaron “Here Comes The Night” (1979) como para que su líder Brian Wilson se siguiera atormentando en décadas futuras.

EL DISCO NO MURIÓ,

SOLO SE CLONÓ

El intento del dj Steven Dahl de acabar con la música disco a la distancia se mira descabellado, aunque sintomático de una época donde la intolerancia de los puristas del rock chocó con la arrogante liviandad de los discolocos. Sin ayuda de nadie, el género bailable ya iniciaba su natural caída (las ventas disminuyeron 11% en 1979) y las grandes disqueras, que nunca se esperan hasta que el barco se hunda del todo, ya comenzaban a utilizar sus recursos para apoyar el hard rock, el naciente new wave y el pop, éstos dos últimos con altas dosis de disco en sus genes.

Irónicamente, en Chicago, la misma ciudad que quiso “destruir” la música disco, surgió el house, y en los siguientes 30 años, los géneros bailables se multiplicaron con infinidad de etiquetas, volviendo a aparearse en ocasiones con el rock, ausente ya el prejuicio que acusaba de traidores a quienes lo intentaban.

Pese a la creciente apertura, la intolerancia aun alcanzó a la arriesgada y ahora célebre aportación de Eddie Van Halen, quien colaboró con un solo de guitarra en el track “Beat It”, incluido en el disco más vendido de la historia, el Thriller de Michael Jackson. Aunque los lamentos de los hard roqueros blancos de la clase media estadunidense cimbraron el prestigio de Van Halen, el hecho significó una bendición para la música pop, que en adelante explotaría el recurso del requinto hasta volverlo un café descafeinado y endulzado con splenda.

El siglo XXI es testigo del retorno natural de la música disco (que ahora recibe trato de música clásica) y su vuelta al ruedo ha empujado homenajes como el que realizó la banda de electrónica Daft Punk en su Random Access Memories del 2014, de donde se desprende el hit “Get Lucky” bajo la producción de Nile Rodgers. Pero además, bajo la influencia disco y ya con mayor libertad creativa, Blur lanzó “Boys and Girls”, Las Scissor Sisters “I Don’t Feel Like Dancing” y Arcad Fire “Reflektor”, por solo mencionar a bandas que originalmente fueron etiquetadas en el espectro del rock.

En un ambiente tan globalizado como el de hoy, donde el nuevo consumidor abarca más espacio, es natural que en una fiesta convivan Led Zepellin con Donna Summer y Celia Cruz con el Recodo de don Cruz Lizárraga.