La ciudad que los vio nacer: Un paseo por el Liverpool de los Beatles

La fría urbe costera guarda en sus entrañas la historia de sus hijos predilectos; un museo dedicado a ellos es el clímax del recorrido donde se recuerda a su recién fallecido productor George Martin

En la costa del noroeste de Inglaterra se encuentra la ciudad de Liverpool, la Meca de la Beatlemanía. Los súbditos peregrinan aquí buscando el mismo aire que pululaba alrededor de John, Paul, George y Ringo. En un recoveco junto al muelle Albert, se asoma el pequeño museo The Beatles Story, un templo para devotos del sagrado cuarteto.

En la ribera norte del río Mersey circulan los ferries, en el lado scouser (gentilicio de sus habitantes), frente al poblado de Birkenhead, la gente pronuncia las palabras con mayor rapidez y fuerza que en Londres —un ejemplo serían canciones como “Bungalow Bill”. A diferencia del bullicio del Támesis en Londres, en el puerto Albert (nombrado así en honor del príncipe consorte de la reina Victoria), se sienten una calma y un silencio únicos bajo los cielos nublados y el frío ambiente húmedo. En este clima, la vida nocturna explota y el pudor se queda guardado en casa para las jóvenes que se atreven a desafiar las temperaturas de cero grados en vestidos cortos, mini faldas y tacones de aguja.

El santuario Beatle se ubica en uno de los edificios de ladrillo, descendiendo por una zona subterránea y un túnel carente de ventanas donde los paseantes se aglomeran. Al igual que en la década de los sesenta, la demanda de boletos es vasta, las filas largas y el espacio limitado, con la diferencia de que hoy internet funciona como una herramienta de reservación o booking que da prioridad a quienes la utilizan, mientras los visitantes espontáneos quedan en segundo plano.

Una vez superado este obstáculo, la cronología comienza narrando la devastación y consecuencias de la Segunda Guerra, así como su efecto social y económico en Liverpool a finales de los años cincuenta. En ese contexto, un puñado de adolescentes inquietos e influidos por el rockestadunidense construyeron un arsenal de música impetuosa, aún rodeados de precariedad, desempleo y huellas de bombardeos que aún resultaban evidentes en las edificaciones a lo largo de la ciudad. Esa es la génesis del monstruo de cuatro cabezas que se avecinaba y marcaría a la humanidad desde entonces, ya que su explotación mercadotécnica se ha acrecentado durante su medio siglo de existencia.

El periplo traza la ruta de varios de los episodios más relevantes de la banda: desde sus orígenes en su ciudad natal y en Hamburgo, Alemania, hasta las altas esferas en Nueva York, la cúspide, el delirio, la polémica, la ruptura y las respectivas carreras solistas. La histeria femenina adolescente se encapsula también en esta historia. Una completa ola fetichista —que incluye fotografías, videos, música, juguetes, objetos conmemorativos de colección, hoy valuados en miles de dólares—, y la tecnología más moderna convergen en este viaje. Los adultos maduros rememoran esta época de fulgor, mientras que los más jóvenes la imaginan y los niños, para encaminarlos por este sendero como nuevos adeptos, tienen oportunidad de tocar instrumentos como el piano y jugar o dibujar en espacios creados ex profeso. La discrepancia generacional no es un impedimento para que éste se convierta también en un paseo familiar.

En un perfil más bajo, se encuentran otros de los contribuyentes a esta historia: Brian Epstein, su malogrado manager; Julia Baird, hermana de John Lennon; George Martin, el maestro musical encargado de pulir a los pupilos; Pete Best, el baterista despedido, y Gerry Marsden, líder de la banda Gerry and the Pacemakers, una de las tantas que encabezaron el movimiento Merseybeaty que aunque no logró el mismo éxito comercial que sus contemporáneos, su tema “You’ll never walk alone” es el himno del equipo de futbol que lleva el nombre de la ciudad. Justo ese fin de semana de febrero, el equipo disputó un partido en el estadio londinense de Wembley contra uno de los equipos de la vieja ciudad rival: Manchester City. Estos últimos terminarían ganando.

Deambulando por el centro de Liverpool, es difícil no encontrar imágenes y referencias del cuarteto, cuyo recuerdo sigue comercializándose mediante tiendas de chácharas —oficiales y no oficiales— restaurantes, cafés, estatuas conmemorativas y un par de recreaciones del célebre antro La Caverna, donde su trayectoria comenzó a escribirse. Sobre la calle Matthew, plagada de bares, fiesta, ruido y alcohol, todavía se mantiene en pie su puerta original, garabateada por plumas de fanáticos provenientes de diferentes puntos geográficos. A un costado de ésta, yace la réplica de otro centro nocturno cuyo auge musical se suscitó a finales de los setenta: el Eric’s Club, cuna de bandas locales como OMD, Echo and the Bunnymen, A Flock of Seagulls y The Teardrop Explodes. Después de que el Merseybeatdejó acéfalo el trono musical, el movimiento post punk-new wave le dio un segundo aire a Liverpool con una voz y un sonido más afín a los sintetizadores, pero  que no deja de ser opacado por la sombra Beatle.

El pasado 8 de marzo fue una fecha que marcó la partida de otro más de sus elementos. Se divulgaron por doquier los obituarios dedicados a su productor y sensei musical, George Martin, “el caballero que transformó los cuentos crudos en éxitos pulidos”, mostraba en uno de sus encabezados la edición dominical del diario inglés The Guardian. Tras la ruptura con el cuarteto y el acercamiento del grupo con su nuevo productor Phil Spector, figura controversial y cuestionable, el prestigio obtenido por Martin lo hizo apoyar a Sting, Dire Straits y Kate Bush entre otros artistas. George Martin es un icono cuya huella no se disipará, sus seguidores saben que es un nombre de culto ahora reunido en el firmamento con Lennon, Harrison y… ¿por qué no? ese quinto Beatle que fue Stuart Sutcliffe.

No se puede soslayar la presencia de Martin previa a la época de fama y dinero del cuarteto. A diferencia de Lennon y Harrison, él sí superó los 64 años de edad con una vida marcada por la música, un par de matrimonios, la longevidad y mucho que narrar, como lo hizo a su biógrafo inglés Philip Norman. Y aunque pareciera que sus palabras estaban completamente contadas, para mayo de este año se espera el lanzamiento de un nuevo libro sobre Paul McCartney donde Martin funge como uno de sus testigos.

Como hace un par de meses con David Bowie, el suelo londinense y británico por igual ha perdido a otro de sus hijos. La industria musical va transformándose y la veneración Beatle se avizora eterna y crucial, como un elemento de estudio antropológico. Liverpool lo sabe y aguardará por siempre la visita de más y nuevos feligreses en pos de la historia de sus cuatro hijos predilectos.