Vibra el Auditorio con las confesiones de "El Potrillo"

Alejandro Fernández invitó a sus fans a olvidar sus problemas y disfrutar de su espectáculo a ritmo de balada y mariachi.
El cantante encontró eco a su canto en cada uno de los temas que interpretó.
El cantante encontró eco a su canto en cada uno de los temas que interpretó. (Édgar Negrete)

México

El sonido predominante de las trompetas en la introducción de “Cóncavo y convexo” alertó a la audiencia de la salida de Alejandro Fernández al escenario; su repentina aparición y el beso que lanzó al aire bastaron para que los gritos de las mujeres (mayoría en asistencia) retumbaran en las paredes del Auditorio Nacional.

Sin perder la pose y la galantería, Alejandro se limitó a sonreír en la interpretación de “Se me va la voz”; mientras su imagen era proyectada en las cuatro pantallas de led en el foro para mejor apreciación de quienes ocupaban las últimas filas.

“Es un verdadero placer estar aquí nuevamente con mi familia, con mis amigos y por supuesto con ustedes. Estamos de regreso con nuestras Confidencias, que ahora serán más reales que nunca con esta gira que gracias a ustedes es un éxito.

“Espero que de la puerta del Auditorio para acá se olviden de todos sus problemas, ¿están listos? ¡Venga!”, dijo El Potrillo antes de continuar con el set de las baladas del recuerdo con “Cuando digo tu nombre”, “Estuve” y “Qué voy a hacer”.

“¡Ay, mujeres, cómo duelen! ¡Cómo dolemos!, porque habemos hombres que no podemos estar con una mujer, pero tampoco sin ella. Esto es del maestro Roberto Carlos”, expresó como preámbulo a “Desahogo”.

Las confidencias continuaron cuando antes de “Te amaré” (original de Miguel Bosé), Alejandro confesó que era la primera canción con la que se enamoró. En seguida el escenario se tiñó de luces verdes para que la ligereza de su baile, y el de sus bailarinas, atrapara las miradas en “A nadie le importa”.

Un beso, un guiño, una sonrisa o un ligero movimiento de caderas era droga pura para las mujeres que interrumpían su canto para lanzar piropos al intérprete.

Invitando al público a sentirse como en la sala de su casa, el anfitrión se sentó en una silla al centro del escenario: mientras, a sus espaldas, era proyectada su imagen a gran escala al tiempo que cantaba “Me dediqué a perderte”.

“Y aunque digan que no, todos estamos en la misma: algunos enamorados, unos despechados y otros haciendo una licenciatura para perder a la persona que más se ama”, dijo antes de completar el set acústico con “No sé olvidar” y “Si tú supieras”.

Había transcurrido una hora cuando la aparición de los mariachis cambió el tono del concierto. Una breve ausencia y el menor de los Fernández reapareció entonando “Dónde vas tan sola”, portando un traje de charro que fue aclamado por las fans.

“¿De dónde viene el mariachi?, ¿de dónde viene el tequila? Por todo eso y muchas cosas más somos la esencia de nuestro México. Hoy más que nunca necesita de su gente, de sus valores y el empeño de todos ustedes para dejarle a las nuevas generaciones una vida digna, y un pilar fundamental son y seguirán siendo las mujeres”, destacó Fernández antes de cantar “Mátalas”.

Una niña se convirtió en la envidia de todas las mujeres cuando Alejandro la subió al escenario y le regaló besos y abrazos mientras que le cantaba “Qué lástima” al oído.

Una pausa a la música para agradecer a la vida, a su padre, a sus hijos y a su equipo de trabajo y la fiesta continuó con “No”.

 Al cierre de esta edición la noche prometía un gran final, pues según el programa, El Potrillo realizaría un homenaje a su padre.

La producción

Tres coristas acompañaron a Alejandro en la velada.

Nueve músicos conformaron la banda en el set de baladas.

Once mariachis ocuparon el escenario durante la segunda mitad del concierto.