“El Divo de Linares” tiene su gran noche en el Nazas

Vestido totalmente de negro, con la corbata desanudada y saco al hombro, apareció en el escenario Raphael, cantante español quien vio su esplendor en la década de los sesenta.

Torreón, Coahuila

En Raphael no pasan los años, mantiene la actitud y "llenos totales" que tenía en sus mejores tiempos.

Esto se vio reflejado anoche en el Teatro Nazas, donde se llevó todas las flores y todos los aplausos gracias a su voz y espectáculo que se mantienen.

Vestido totalmente de negro, con la corbata desanudada y saco al hombro, apareció en el escenario el cantante español que vio su esplendor en la década de los sesenta.

Raphael por sí mismo es un espectáculo, un personaje, no hubo espacio en el escenario que no pisara. 

El público era todo mayor, es decir, de los que en su momento dedicaron las canciones de Raphael a sus amores o desamores.

El concierto se la pasaron pegados a su pareja, las señoras con la cabeza sobre el hombro de su señor, cruzando miradas de cuando en cuando.

Entre las canciones que interpretó el español se encontraron "Gracias a la vida", "No puedo arrancarte de mí", "Adueñarse de él es vivir", "Y fuimos dos", "Yo sigo siendo aquel", entre otras.

Cuando cantó esta última, el artista entonó, afirmando que "sigo siendo él, el mismo Raphael de siempre", a lo que el público contestó, emocionado, con un derroche de gritos y aplausos, poniéndose de pie.

Raphael por sí mismo es un espectáculo, un personaje, no hubo espacio en el escenario que no pisara. Cantó de pie, sentado, deslizándose sobre la silla, con esos ademanes que se hicieron característicos del cantante.

Esto se conjugó con un juego de luces azules en todas sus gamas o rojas (cuando las canciones tenían una temática más "desgarradora") que bañaban al público, a los músicos, a Raphael.

Cada dos o tres canciones, los laguneros se ponían de pie y aplaudían más alto, el cantante se ponía en la punta del proscenio, recorría el auditorio con los ojos e inclinaba su cabeza en forma de agradecimiento al recibimiento que le dieron e, incluso, prometió que volvería a Torreón siempre que hubiera la oportunidad.