La noche de Gerardo Ortiz: suspende conciertos

El llamado ‘Rey del corrido’ ha sido señalado por incitar al delito y al feminicidio, pero su carrera siempre ha estado marcada por la sospecha, el escándalo, la violencia e incluso un atentado.
Gerardo Ortiz nació en 1989 en Pasadena, California.
Gerardo Ortiz nació en 1989 en Pasadena, California. (Sony Music)

México

Al filo de las 11 de la noche, un convoy de seis vehículos arriba al estacionamiento trasero del Palenque de la Feria Internacional del Caballo en Texcoco, Estado de México. En uno de ellos, una camioneta Suburban blindada, viaja el polémico cantante de música regional mexicana Gerardo Ortiz, quien el pasado 20 de marzo se presentó por primera vez en este escenario. Otras dos camionetas, también Suburban, son ocupadas por los elementos de seguridad del compositor. Dos integrantes del equipo habían llegado con varias horas de anticipación para inspeccionar el lugar y asegurarse de que todo estuviera en orden.

En dos vehículos más viajan también algunos invitados de Gerardo Ortiz y otra camioneta blindada, Mercedes Benz, traslada a Jesús Pérez, manager del intérprete. Pérez, por cierto, también empresario del palenque de la Feria de San Marcos, en Aguascalientes, donde paradójicamente días después de la actuación en Texcoco, las autoridades estatales prohibieron la realización del concierto de Gerardo Ortiz programado para el 29 de abril. El video del tema “Fuiste mía” provocó la indignación de grupos feministas y organismos de derechos humanos quienes calificaron la producción como una incitación al feminicidio y apología de la violencia. El músico interpreta a un hombre que al descubrir el engaño de su pareja, asesina de un tiro al amante y ata, encajuela y prende fuego a la mujer infiel.

Dicen sus admiradores: “Si lo prohíben a él, también los narcolibros y las narcoseries”

En una conferencia de prensa en Los Ángeles, California, el músico desestimó las acusaciones, argumentando que lo presentado en el videoclip era solo ficción, “aquí no murió nadie”, y que había series televisivas y películas que sin ninguna censura abordaban de manera más explícita el mismo tema.

A la cancelación en el palenque de San Marcos, se suman las suspensiones en el de Puebla, y en el de Tepatitlán, Jalisco, además del concierto del 7 de mayo en Puerto Vallarta. Para el famoso cantante se vislumbran más nubarrones en México: la Fiscalía del Estado de Jalisco emitió una orden de presentación del cantante, quien deberá ser trasladado por las fuerzas policiacas ante el fiscal para ratificar la declaración que hizo sobre la participación de policías de Zapopan en el video “Fuiste mía”, grabado además en una finca decomisada a narcotraficantes.

Lo cierto es que “Fuiste mía” no es la única ni, tal vez, la producción más violenta del llamado Rey del corrido. Los videos de sus temas dedicados a personajes del mundo del narcotráfico describen de manera gráfica la ferocidad de las actividades del crimen organizado. Además, en la mayoría son reiterativas las imágenes de mujeres con cuerpos exuberantes, dinero a montones, casas y autos de lujo, armas y sangre.

“La última sombra”, por citar uno de los narcocorridos que le han dado notoriedad, habla de personajes como El Padrino, Guzmán El Chapito o La familia. El videoclip “Dámaso”, dedicado al hijo del narcotraficante apodado El Licenciado, cuenta con más de 172 millones de reproducciones en internet y fue interpretado en vivo por Gerardo Ortiz en el programa Lo nuestro, que se transmite desde Estados Unidos a 50 países de habla hispana.

AVE DE TEMPESTADES

Aunque ese 20 de marzo se trataba de su primer concierto en Texcoco, no era la primera presentación en el Estado de México del controversial cantante, que agota las localidades en bailes y espectáculos masivos en México y Estados Unidos. Unos días antes había actuado en el Rodeo Texcoco, ubicado en el municipio de Chicoloapan, con capacidad para 40 mil personas. Fue en este mismo espacio donde en marzo de 2015 su actuación se vio opacada cuando a mitad del espectáculo se suscitó una balacera que provocó la estampida de miles de asistentes. El músico fue retirado rápidamente del lugar por su equipo de seguridad sin que se reportara ningún muerto ni herido de gravedad.

Sin embargo, ese no ha sido el único incidente violento en la prolífica carrera del compositor, reconocido en Estados Unidos con 27 premios Latin Billboard y nominaciones al Grammy. En 2011, en Colima, mientras viajaba en una camioneta acompañado de su padre, su primo y su chofer, entre otras personas, fue atacado por un grupo armado que asesinó a dos de los pasajeros e hirió a otro. En entrevistas posteriores, el músico rechazó que el atentado tuviera que ver con alguna venganza por sus interpretaciones de narcocorridos. “Estuve en el momento y en el lugar equivocados”, repitió a medios de comunicación.

No obstante, ni amenazas ni críticas han logrado detener la triunfante carrera del compositor. Mucho menos han provocado que disminuya el número o la fidelidad de seguidores.

Así se evidenció aquella noche en el palenque de la Feria del Caballo. En el aforo con capacidad para cinco mil personas fueron pocos los lugares desocupados. Los fans de Gerardo Ortiz empezaron a llegar al recinto a partir de las 10 de la noche, cuando todavía las peleas de gallos y los apostadores eran dueños del lugar. Paulatinamente los gritos de los corredores de apuestas: “Voy rojo cinco mil”, “Al rojo parejo”, se fueron opacando por los alaridos de los miles de seguidores impacientes que pagaron dos mil 700 pesos para admirar desde las primeras filas a su cantante favorito. Para quienes no compraron a tiempo sus boletos los revendedores los ofrecían hasta en siete mil pesos, mientras en sitios virtuales como ticketbis se cotizaban hasta en 13 mil.

Ajeno a la oferta y la demanda que normalmente ocasiona, Ortiz departía en el camerino con algunos invitados e integrantes de su banda. A diferencia de otros cantantes que se han presentado en este mismo escenario, como Gloria Trevi, Yuri, Alejandra Guzmán o Alejandro Fernández, las peticiones del intérprete para su presentación son mínimas, su catering se limitó a una botella de whiskey Buchanan’s 18.

Afuera, dos de sus escoltas custodiaban el camerino y otros dos permanecieron cerca del escenario. El resto, en total 12 elementos, se distribuyeron por el recinto. Actúan con discreción tratando de confundirse entre el público; sin embargo, no pasaron inadvertidos: sus sobrios trajes oscuros contrastan con el atuendo casual de la mayoría de los asistentes al primer concierto en Texcoco del polémico músico.

Entre la concurrencia se encuentra una veintena de reporteros, fotógrafos y camarógrafos de Azteca América, Univisión, Telemundo y agencias de información, deseosos de obtener alguna declaración del cantante. La respuesta es tajante: esta vez no habrá declaraciones a la prensa. Luego de grabar las dos primeras canciones del show las cámaras televisivas salieron del recinto.

Algunos fans se acercaron al camerino deseosos de ver aunque sea de lejos a su intérprete favorito. No lo logran. El compositor accede a tomarse fotografías solo con tres personas, una de ellas, un emocionado niño de 10 años que no para de sonreír mientras posa junto a su ídolo.

Un poco después de la medianoche, Ortiz desciende del camerino por un túnel de aproximadamente 30 metros que lo conduce al escenario. El cantante no supera el 1.70 de altura, pero su figura crece con cada tema que interpreta. Su estatura parece aumentar al ritmo de la banda que le acompaña. Cuenta con una producción básica, sets de luces y un audio potente. No necesita más. Ni escenarios sofisticados ni complicadas coreografías. Sus miles de fanáticos hacen el resto cuando corean enardecidos sus narcocorridos.

Quienes piensen que sus seguidores se circunscriben a rancheros con botas y sombreros o a aspirantes a narcotraficantes se equivocan. Algunos de los fans más entusiastas son universitarios, profesionistas y hasta empresarios que aman la música de banda y a quienes no les apena confesarlo.

Yoshiro Tanaka, estudiante de Contabilidad en la Universidad del Valle de México, dice que prefiere las baladas a los corridos del cantante. Curiosamente su canción predilecta es “Archivos de mi vida”, a la que define como “un corrido tranquilo”. Añade que aunque habla de un “estilo de vida diferente”, nunca pensaría en dedicarse a algo relacionado con el narcotráfico. “Solo me gusta estar enterado, saber anécdotas de esos personajes”.

El multipremiado intérprete no escatimó ningún esfuerzo por complacer a un público que respondió eufórico. Esa noche, la cerveza, bebida consentida entre los asistentes al palenque, fue desplazada por el whiskey: Etiqueta Roja, pero sobre todo Buchanan’s 12, Master y 18, fue lo más solicitado. Texcoco tenía por primera vez al Rey del corrido y había que celebrarlo.

CORRIDOS DE MODA

A sus 27 años, el compositor ha logrado una popularidad que a otros les lleva la vida entera conseguir. Camila Trujano, estudiante de Derecho, dice no ser fanática de Gerardo Ortiz; sin embargo, ha asistido a un par de conciertos suyos, porque “la música de banda está de moda entre la gente joven. Gerardo Ortiz está de moda. Aunque no pongo mucha atención a sus letras, reconozco que la mayoría son violentas y no solo en contra de las mujeres, también hay cierta humillación al género masculino. No dudo que algunos traten de imitarlo, pero a mí lo que me gusta es el ritmo”, comenta.

Es cierto: Gerardo Ortiz está de moda. Desde hace varios años, los reflectores no se apartan de él, lo mismo por la letra de sus canciones que por sus premios o sus escándalos relacionados con actos violentos. Lejos han quedado los tiempos donde era telonero de famosas bandas norteñas. Su sola presencia abarrota lo mismo el Auditorio Nacional que el Rodeo Santa Fe. Aunque su agenda está llena con conciertos en México y Estados Unidos, para los empresarios no es cualquier cosa contratar al cantante. Su cotización asciende a 4 millones de pesos por espectáculo y a eso ahora hay que añadirle el riesgo de que sus shows sean cancelados por la investigación por vínculos con el narcotráfico de la que ahora es objeto.

Ante las voces que se levantan pidiendo suspendan sus presentaciones, sus defensores enarbolan la bandera de la libertad de expresión. “Si lo prohíben a él, que también prohíban los narcolibros y las narcoseries que son ya parte de la cultura nacional”, dice José Luis Rivera, empresario capitalino y, por supuesto, fan de Ortiz.

En el palenque de Texcoco ni público ni cantante parecen cansados. Inesperadamente, pero sin causar desconcierto, el rudo Gerardo Ortiz interpreta con su banda el romántico tema de Julieta Venegas: “Me voy”. El público no deja de aplaudirle.

Luego de casi tres horas, finaliza el concierto. Los fans desalojan sin prisa el local. Un grupo de cinco personas se detiene afuera del recinto a cantar en coro: “Los carros mi pasión. Despampanante entre todos. Me gusta ser el mejor. Vestir para impresionar a las mujeres, lo más grande que Dios me ha podido dar”.

“EL HIJO DE SINALOA”

Gerardo Ortiz nació en 1989 en Pasadena, California, pero a los cinco años se trasladó a Culiacán, Sinaloa, donde inició desde muy pequeño su carrera musical. A los ocho años grabó su primer disco titulado Encuentro de amor. A los 11, “Gerardito, el hijo de Sinaloa”, como era conocido, se mudó a la Ciudad de México para participar en el programa de canto Código Fama, de Televisa, donde quedó entre los finalistas.

A los 12 años ya se presentaba en ferias y bailes cantando música de banda. Después abriría los conciertos de grupos famosos en el norte del país, como Los Tucanes de Tijuana o Banda Machos.

A los 20 años, Ortiz dejaría México para volver a Estados Unidos y dedicarse a componer sus canciones y a crear el estilo que lo definiría hasta ahora. Atrás quedaron temas como “La del pelito chino”, su carta de presentación en Televisa, para dar paso a corridos underground o alterados como “Empresas NC” o “El cerebro”, en donde se dedicó a narrar las “hazañas” de algunos personajes reales vinculados con cárteles del narcotráfico.