ENTREVISTA | POR ALICIA QUIÑONES

En su recién publicada autobiografía el guitarrista aclara y trasciende su viejo conflicto con Caifanes, grupo del que fue fundador, para hablar con mayor profundidad del músico culto, interesado en su desarrollo profesional y sobre todo en la honestidad personal y artística.

"Fui exiliado del rock mexicano": Alejandro Marcovich

México

Se define como hombre y músico latinoamericano. Alejandro Marcovich nació en 1960, en Argentina, de donde salió con sus padres huyendo de la dictadura para exiliarse en México. Estudió Física en la UNAM y música en la Escuela Nacional de Música. Guitarrista, cantante, arreglista y productor, Marcovich fue guitarra líder durante seis años del grupo Caifanes, de cuya salida se enteró mientras desayunaba y veía la televisión. Pero su trayectoria no se reduce a la participación en la agrupación de rock mexicano, aclara en su autobiografía Vida y música de Alejandro Marcovich (Ediciones B, 2015), que será presentado en la FIL de Guadalajara este fin de semana.

Su libro es una especie de reivindicación. Una forma de mostrar quién es, con sus claroscuros, y no quedar como el villano de la historia de la ruptura de Caifanes. En exclusiva para Dominical MILENIO, Marcovich se desnuda como músico, hombre y ex caifán, no sin aclarar: "Este no fue un libro hecho por un ghost writer

"Me pregunté cuántos años de tu vida deben pasar para que sea válido contarla..."

, lo escribí yo. El libro es arriesgado, me desnudo demasiado: hablo de mi infancia, mi relación con las mujeres, mi preparación intelectual y mis proyectos artísticos". Antes de comenzar, desea decir que "nunca he sido hipócrita, ni en mi discurso musical ni en lo que he dicho. Este libro intenta demostrar que no soy un villano, que soy un músico, un ser humano que toca la guitarra. No soy una estrella de rock".

¿Por qué escribir tu biografía?

Por la necesidad de explicarme. En torno a mí se han hecho una serie de mitos y cosas que no tienen que ver con cómo soy, sino con intereses comerciales, con ciertos egos de actores que aparecen en el libro. Se ha creado un personaje de alguien que no soy. A raíz del rompimiento con Caifanes, se piensa que soy un villano, se me achacan cosas falsas y muy tristes. Se me ha quedado una especie de estigma. Entonces, pensé: "Bueno, está bien, dejemos que el agua corra debajo del puente, todo tiene su tiempo, ya veremos". El libro lo comencé a pensar hace muchos años. Me cuestioné si era prudente y cuántos años deben pasar en tu carrera o tu vida para que una biografía sea válida. Quise escribirla en vida y sin Alzheimer o amnesia (risas). Tengo 55 años de edad y 35 de carrera; ahora estoy lanzando Alebrije

"La música se presume libre, pero ahora es un negocio en manos de los intereses más viles..."

, disco solista, y pensé que era buen momento para narrar mi vida y mostrar quién soy, pero no bajo el halo de un grupo, porque en un grupo no acabas de ser tú mismo. Quiero que la gente conozca a Alejandro Marcovich: cómo y dónde crecí, mis romances con las chicas, cómo me formé musicalmente; la gente te ve en un grupo tocando la guitarra y no saben nada más que eso y crean mitos. En el rock mexicano hay poca memoria histórica, hay poco énfasis en la parte artística. Yo me considero, muy por encima de tocar la guitarra y estar en un grupo de rock, un músico. Tengo un perfil de educador que se lo heredé a mi padre, y me interesa mucho que las generaciones compartan esto, no se trata nada más de subirte a un escenario y tocar la guitarrita, se trata de aspirar a ser un músico profesional. Bob Dylan estudió literatura, de otro modo no habría podido escribir esas letras; Lennon y McCartney estudiaron a los grandes compositores de su época, como Ira y George Gershwin. Mis aspiraciones desde la adolescencia fueron muy grandes, y la gente no tiene idea, solo ve la punta de iceberg.

¿Prefieres ser un músico de culto?

Me he dado cuenta con el paso de los años que los músicos contemporáneos de diversos géneros me respetan, incluso fuera de México; soy un músico, como lo quise desde mi adolescencia, que escucha todo tipo de música. Estar encasillado no es lo que quiero. No quiero darles motes desagradables, pero no es algo que me encante. Hay otros mundos musicales, que son artísticos per se, que son arte. Cuando me preguntan qué se siente tocar ante 70 mil personas, a propósito del regreso de Caifanes en el Foro Sol, mi respuesta es contundente: "No se trata del tamaño, del número, yo no sé lo que se siente tocar ante cinco mil o 10 mil personas, yo sé lo que siento cuando estoy tocando bien y estoy compenetrado con los músicos; si eso no está bien, lo otro no tiene significado". Muchas veces ha significado más tocar para 20 personas que para 10 mil. Hay quienes dicen: "Ahora que no estás en Caifanes ellos siguen llenando espacios y tú tocas en foros pequeños...", es que no han entendido el tipo de músico que soy. Los músicos que yo admiro tocan en lugares pequeños. Yo aspiraba a ser un buen músico, a ser culto, a tocar buena música y a tocar bien mi instrumento, a saber de armonía, a poder crear música y que trascienda.

El libro da la impresión de que vives en un continuo exilio.

El exilio es un patrón genealógico. Soy un exiliado crónico (ríe); he vivido exilios geográficos y políticos. Nos exiliamos en México por la dictadura argentina. Y ahora estoy en un proceso de exilio del rock mexicano. No comulgo con muchas cosas que suceden. El rock — específicamente lo que me pasó a mí en Caifanes— no dista mucho de lo que pasa en la política. El rock presume de ser una entidad con libertad de expresión, donde hay una vanguardia de pensamiento, en la forma de ser; pero se convirtió en un negocio donde los intereses más viles son controlados por las gentes que dominan el negocio, y aquí es donde no me conviene mencionar nombres. Pero yo fui exiliado, no por voluntad propia, de la escena del rock mexicano gracias a esos intereses despreciables.

¿Cómo resumes el conflicto con Caifanes?

Es una autobiografía. No es un libro sobre qué pasó con Caifanes. Sé el lugar que tengo en la historia del rock en México. Este libro trata de explicar quién soy y de poner sobre la mesa mi lugar como músico en la historia de rock. La vileza con la que fui expulsado mediáticamente del grupo en el 95 tuvo consecuencias muy serias. Entre ellas, que la compañía disquera —como lo ha hecho ya en varias ocasiones— ha sacado compilaciones con canciones que yo participé —grabé tres de los cuatro discos—, pero se han elegido fotografías donde estoy en el extremo izquierdo o derecho, y me han cortado de la imagen. No mencionar a los integrantes, poner una foto donde extirpan la imagen de uno de los músicos que explican, incluso, la historia musical, es como si quisieran borrarme de la historia y contar su propia historia. Hace muchos años, cuando Saúl Hernández tenía 19 años y yo 24, formamos el grupo Las insólitas imágenes de Aurora. Yo, en muchas cosas trataba de educarlo, de guiar al grupo hacia una formación más profesional. En charlas que tuvimos hablando de México, del colonialismo, le decía que era muy triste que la historia estaba escrita por los vencedores. En La visión de los vencidos, de Miguel León Portilla, se explica muy bien. No sé cómo lo tomaría Saúl en aquél momento..., pero no entiendo cómo alguien se sube al escenario y habla de las muertas de Juárez, de Ayotzinapa y de la libertad de prensa con frases como "No se mata la verdad matando periodistas", y, sin embargo, sí matan las verdades de su propio grupo. ¿Qué clase de demagogia es esa?

¿Esperas reacciones?

Sí. Hay mucha gente que quiere que me calle la boca... Otras que solo quieren saber del grupo que les dio esos años. Yo también reflexiono sobre esto... Yo podría decir: "Grabé tres discos muy importantes con tal grupo, se vendieron millones de copias y que la música hable por sí sola..."; sin embargo, me adjudicaron un papel de villano, con mentiras acerca de los derechos del nombre de la banda, me mandaron golpear y por segunda vez estoy fuera de la banda; la disquera me quiere borrar de la historia..., entonces no puedo simplemente quedarme así, y de una manera digna quiero intentar que se respete mi historia en Caifanes. Tengo que hacer algo al respecto. Ese es el problema.

En el libro pones de relieve a la manager y a Saúl Hernández. ¿Señalarías culpables?

Es muy difícil hablar sin caer en la difamación. Hubo un problema de ética muy grave. Marusa Reyes se llama María Eugenia Riera Reyes, y Saúl Hernández, se llama Alfonso, vamos a hablar de las personas legales. Yo me enteré que estaba fuera del grupo mientras desayunaba. ¡Por los medios! Me comentaron que Alfonso rompía toda relación artística y laboral conmigo. No dice que yo dejo de ser su empleado... y mediáticamente se retomó como si yo estuviera fuera de la banda. MTV Latino se presta a sacar la noticia, entonces, ¿a quién acusas...? Si yo digo ahorita, en esta entrevista, que acuso a alguien, estaría difamándolo. Y sin embargo, ese comunicado enviado por Arrabal, la agencia que nos manejaba, sin firma y vía fax, fue tomado por bueno. A una persona muy importante en el medio del espectáculo, le pregunté: ¿Qué hago con este tsunami de mierda...?, disculpa mi francés... Él me dijo: "La vas a tener difícil porque Saúl es muy querido y tiene mucho poder con la disquera y los medios...". ¿Ah sí? ¿De eso se trata?, dije... Yo no fui parido así, yo tengo valores, mis papás no fueron así... yo luchaba en mi país, con mi generación, porque las cosas fueron diferentes, y esta gente está echando del grupo a alguien con las mismas artimañas que los gobiernos se las ingenian para matar periodistas o candidatos políticos. Es la misma lógica. Saúl es el líder asumido de esa agrupación ¿y mis derechos comerciales van a ser pisoteados? Pues resulta que no, no voy a dejar que esto suceda. Han pasado 20 años y tengo que escribir un libro para hablar de mi vida, de mi historia, y la cosa sigue igual. Por más que el valor comercial de ese grupo lo hicimos entre todos, ahora resulta que es tuyo nada más. ¿Cuál es tu ética, con qué huevos te paras en el escenario para hablar de igualdad si en el patio trasero en tu propio grupo no puedes hablar de igualdad ni de ética ni de valores morales? Yo no puedo modificar eso. Pero la gente juzgará... Días atrás, el periodista Carlos Meraz escribió algo que quizá no habría dicho hace 20 años. Meraz cuenta que él iba en un avión junto a Marusa, y ella le preguntó qué le parecía el nuevo disco, El nervio del volcán, él contesto que estaba fascinado con el trabajo de las guitarras. Ella endureció el rostro y le dijo: "No te olvides que Caifanes es Saúl". Se me hiela la sangre solo de escuchar eso de parte de un periodista porque yo lo presentía.

¿Y la fama...?

La fama no necesariamente responde a la calidad. A mí la fama no me presenta nada. Si alguien me escucha, me gustaría que piense que soy un buen músico. El libro fue modestamente escrito en mi laptop, si los lectores quieren buscar con morbo el capítulo donde hablo de Caifanes, se van a enterar de algunas cosas, pero sobre todo de lo que se van a enterar es que Alejandro Marcovich sí existe, sí existió y sí forjó muchas cosas en la cultura del rock en México.

Tu gran proyecto ha sido el rock latinoamericano.

La guitarra eléctrica de rock latinoamericano, que ni Santana ha logrado hacer. Yo no soy quién para criticar a Santana, porque yo crecí con él, escuchándolo. Este proyecto inició hace 21 años y sigue desarrollándose. Cuando yo entré a Caifanes empecé a superponer ese discurso latinoamericano. Reconozco que no es un hito en donde quedó petrificado un estilo y hasta ahí quedó. De ese disco a la fecha han pasado 20 años, de ahí en adelante, esta mano (la izquierda) que es la que elije las notas, es cada día más sabia. Claro, no es la mano, es el corazón, el cerebro, pero la manera en que esta mano elije las notas está cada vez más cerca de ese proyecto, que tenía a los 21 años. Alebrije es un disco importante porque en vez de superponer mi discurso a las canciones de Saúl, que eran baladas desnuda al principio —por ejemplo "Afuera"—, la convertí en lo que tú escuchas en el disco. Esa fue mi idea, es lo que no se entiende. Alebrije no es una balada injertada con mi proyecto solista. Es folclore y llevado a esa electricidad.