Entre Láncelot y James Bond

Función Dominical.
Kingsman: Servicio secreto.
Kingsman: Servicio secreto. (Jaap Buitendijk/Twentieh Century Fox )

Ciudad de México

Cada generación busca la suya. Su película ciento por ciento taquillera, quiero decir; esa que cada generación identifica con los recuerdos de una infancia llena de cine digno de una función dominical. Kingsman: Servicio secreto eso busca y con ayuda del 4D puedo suponer que logra identificar a niños y niñas con los héroes de una película que se remonta a tradiciones tan largas y prestigiadas como la de los caballeros andantes y el cine a la James Bond.

Kingsman: Servicio secreto mezcla en una sola película a la caballería medieval con el espionaje. El resultado tiene sus virtudes sobre todo porque el director ha conseguido trasladar del cómic a la pantalla la agilidad y la emoción del material original.

Dave Gibbons y Mark Millar crearon en 2012 el cómic Servicio Secreto, historia que Matthew Vaughn (director conocido por ser esposo de Claudia Schiffer y por haber dirigido Los Hombres X, primera generación) calca prácticamente en la pantalla. Como es de prever cuando se trata de caballeros andantes y agentes secretos, la historia va así: el mundo está en peligro y hay que salvarlo. Los que no son de prever son Samuel L. Jackson como el malo de la película, Michael Caine como un Arturo que en la cabecera de su mesa (cuadrada) dirige a la caballería contemporánea, y Colin Firth que en su papel de Galahad tiene que encontrar sucesor para el polémico Láncelot. Ya se sabe que tanto en el cine de espías como en la novela artúrica la traición es el pan nuestro de cada día. Hay que ver la película para saber quién traiciona a quién porque uno aprende en este cine que las cosas no siempre son lo que parecen.

“La única nobleza en el mundo consiste en ser superior a ti mismo”. Así educa Galahad al posible sucesor de Láncelot. Dicho sucesor resulta ser un muchacho que ha emergido de los suburbios de Londres para volverse, como el Súper Agente 86, archirrecontraespía al servicio del bien mundial.

Como toda buena historia que pretenda instalarse en los recuerdos generacionales de quien hoy es puberto, Kingsman: Servicio secreto tiene sus moralejas: que todos los humanos somos iguales en dignidad, que los radicales religiosos son un peligro y que el ecologismo que defiende más las áreas verdes que a las personas termina por ser criminal, son algunas de las más notorias. Galahad además, ofrece al muchachillo inglés (y por tanto al público) una serie de lecciones en torno al significado de la caballerosidad que no carecen de encanto para niños y adultos.

Los efectos especiales son lo más espectacular (por eso hay que verla en 4D), la música tiene sazón y la edición está a la altura de toda película que aspire a tan alta misión: servir de modelo para una juventud que en esta generación vive absorta en tablets y celulares sin mirar alrededor.

Otras moralejas son más sutiles. Se trata de confirmaciones de algo que ya hemos visto. Por ejemplo esto: siempre que un estadunidense pone en peligro al mundo, hay un caballero inglés que aparece para salvarnos.

 

Kingsman: Servicio secreto (Kingsman: The Secret Service). Dirección: Matthew Vaughn. Guión: Jane Goldman y Matthew Vaughn basados en el comic de Mark Millar y Dave Gibbons. Fotografía: George Richmond. Con Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson. Gran Bretaña, 2015.

@fernandovzamora