La más grande banda de rock en imágenes

El vasto, minucioso y exhaustivo relato visual del grupo inglés publicado por Taschen, aunado a la documentación precisa de cada fotografía, lugar y escenario, representa una de las iconografías ...
Rolling Stones.
Rolling Stones. (Getty Images)

Madrid

Los Rolling Stones, sin duda la mejor banda de rock del mundo en activo, no solo han compuesto e interpretado algunos de los grandes temas de la historia de la música pop de nuestros tiempos. También han llevado a cabo una actuación ininterrumpida ante toda clase de ojos y objetivos que incluye fabulosos conciertos, sesiones fotográficas, películas, entrevistas, problemas con la policía captados en toda su crudeza por lentes indiscretas, encontronazos con paparazzi en locales nocturnos, artículos en revistas, columnas de sociedad, viajes psiconáuticos o condenas desde lo alto de diversos púlpitos.

Sin embargo, uno acaba dándose cuenta de que siempre, o casi siempre, Los Stones han sido conscientes de la presencia de las cámaras y de lo bien que iban a quedar en las fotos y las imágenes captadas, luciendo sus mejores galas, con trajes perfectamente cortados, con jeans o en traje de baño, sudando con el torso desnudo en medio de un escenario, con el pelo rebelde o tocado con looks avant garde, interpretándose a sí mismos con una elegancia y desfachatez inquebrantables.

Esa iconografía constituye no solo un espectacular álbum artístico, sino que es una identidad colectiva, un auténtico personaje literario de cinco y cinco mil millones de cabezas que todavía hoy, representa un logro artístico tan singular como su propia música.

Luc Sante, profesor de Escritura e Historia de la Fotografía del Bard College de Nueva York, afirma en el libro The Rolling Stones, la historia completa en imágenes de la banda inglesa —que el sello Taschen acaba de publicar en una edición que quita el aliento por su exhaustiva recopilación de fotografías y documentos gráficos—, que esa deslumbrante historia representa el minucioso registro fotográfico de la vida y obra de Los Rolling Stones y configura, entre otras cosas, un libro de estilo que continúa definiendo la apariencia ideal de todo grupo de rock y de cómo deberían sus miembros holgazanear, esperar, dormitar, posar, caminar o actuar y tocar ante sus fans.

También podríamos considerar las imágenes de esta historia como el más completo catálogo de instantáneas de una película aún en proceso, que ya es una de las más largas jamás realizadas en la historia de la música contemporánea.

Y es que en esta historia en imágenes hay fotos tan raras como una serie captada por un fotógrafo anónimo en el Towne Manger Hotel de Savanah, Georgia —serie encontrada en un tianguis de Santa Clara, California, en 2012—, un caluroso día de mayo de 1965, en la que Los Stones beben Budweiser en la piscina durante una tarde libre de su primera gira por Estados Unidos, y “en algún momento de la tórrida jornada, la policía compareció en el hotel para investigar las quejas presentadas por varios conductores, según los cuales habían visto ‘a varias mujeres bañándose con los pechos al descubierto’, sin darse cuenta de que eran los músicos ingleses”.

Todo el libro, 519 páginas en formato XL, aparece, pues, sazonado espléndidamente con pies de foto documentadísimos, con citas diversas extraídas de libros, entrevistas, memorias, revistas, entrevistas de radio y televisión, críticas, reseñas y material documental variado, todo lo cual constituye por sí mismo una extensa y detallada crónica de la historia de Los Stones.

Las anécdotas, de esta forma, se suceden sin parar ante los ojos del lector como una lectura paralela de vivencias de la banda, y vamos descubriendo perlas tan especiales como que a las puertas del Grugahalle de Essen, Alemania, el 12 de septiembre de 1965, las fans que se habían quedado sin boleto libraron una batalla campal con la policía germana, y “asaltaron las barricadas para intentar acceder al recinto lanzando huevos, latas de conservas, jitomates e incluso una rata muerta contra las fuerzas del orden”, según narró el fotógrafo Bent Rej, quien les hizo unas fotos aquella noche loca.

En esta historia fotográfica, Los Stones aparecen en todas las situaciones imaginables —o casi todas, para no ser malpensados—, y su vida se despliega ante el lector-espectador, nítida, íntima, cotidiana, creativa o divertida, ociosa o dubitativa, glamorosa o sencilla, amorosa o rebelde. Una reflexión de Charlie en 1969 podría servir de marco a este comentario: “Supongo que se me hace difícil justificarme a mí mismo todo lo que tengo, y por eso no sé a qué carta quedarme, si seguir por el lado de la opulencia o el de la contención. Todo lo que tengo me importa, claro, pero… nada vale tanto como echarse unas buenas risas ¿no?”.

Hay fotos tan curiosas como las que les hizo Linda McCartney a bordo del SS Sea Partner en junio de 1966, durante un recorrido por el Hudson para dar una vuelta a Manhattan como parte de un evento con un puñado de periodistas en el que estaba vedado el acceso a fotógrafos, pese o a lo cual, Linda, entonces todavía de apellido Eastman, coló una cámara y consiguió varias imágenes de la banda.

Polaroids secretas, sesiones en la calle, giras desmelenadas, posados para portadas, capturas en los estudios de grabación, escenas psicodélicas, psicotrópicas y alucinadas, todo cabe en este auténtico caleidoscopio que abarca medio siglo de historia de Los Stones, quienes desde sus comienzos, como escribe David Dalton, el primer editor de la revista Rolling Stone y biógrafo de la banda, “despertaron la energía revolucionaria que latía en el blues, prendiendo fuego a sus partículas y provocando una reacción en cadena que consumiría en llamas la década de 1960, reconfigurando la historia del pop estadunidense”.

El secreto fue, considera Dalton en uno de los tres ensayos que forman parte de este libro, la labor de mecánica de Keith, quien entendió que el motor de ocho cilindros pasadísimos de revoluciones que propugnaba Chuck Berry era la clave de acceso a la gran autopista de la música del siglo XX. Y ¿cómo hicieron que la banda carburara? Sencillamente (en apariencia), el guitarrista difuminó la diferencia entre guitarra acompañante y solista, y trenzó en su colaboración con Brian Jones (62-68) y más tarde Ronn Wood (desde el 75) las dos guitarras para lograr una conversación entre ambas.

“Ese martillo pilón de ritmo y sexo que es Keith”, explica Dalton, “unido al divagar de las letras de Mick, es lo que coloca a la banda en el Olimpo”, aunque nada sería posible sin contar con un respaldo tan sólido como el de la sección rítmica de Los Stones: Charlie Watts y Bill Wyman.

Dos elementos más refuerzan, a ojos del escritor, su paso a través de los años: las letras, donde oscilan del intimismo al regusto de protesta social que se mezcla con equívocas referencias sexuales, y la voz de Mick, un arte que ha perfeccionado desde sus inicios, que “es la esencia de Los Stones”, “la forma en que nos hablan, un instrumento con un poder tan sutil e insinuante que es capaz de seducirnos y burlarse de nosotros simultáneamente”.

El recorrido visual es deslumbrante y hay en él auténticas e indiscutibles joyas, amén de algunas de ellas ya consagradas en portadas y promociones de discos, como la mítica serie de Andy Warhol para Sticky Finngers, o las magníficas tomas realizadas por el polifacético Peter Beard, quien acompañó a Sus satánicas majestades durante la legendaria gira Exile en junio y julio de 1972, cuando Beard tenía encomendada la misión de documentar, junto a Truman Capote, todos los acontecimientos para la revista Rolling Stone.

Algunos nombres de fotógrafos que desfilan ante los ojos del lector de este libro dan fe de su altura: Philip Townsend, Bent Res, Terry O’Neill, Norman Parkinson, Bob Bonis, Gered Mankowitz, Michael Cooper, Cecil Beaton, David Bailey, Michael Josep, David Montgomery, Annie Leibovitz, Ethan Russell, Hiro, Dieter Zill, Helmut Newton, Anton Corbijn…

El libro incluye una cronología con las fechas indispensables de la banda (onomásticas, giras, discos, eventos, sucesos, etcétera), ilustrada con carteles promocionales de actuaciones y lanzamientos de discos, abundantes recortes de prensa, portadas de revistas, artículos de prensa, periódicos, así como una completa selección de portadas de discos y sencillos.

Si todo, o casi todo, está dicho de Mick, de Keith destaca este comentario vertido por Albert Goldman, el cual resume muy bien parte de la esencia de la banda: “De una forma rarísima, y casi diría que mística (…) Richards me dio la impresión de ser alguien completamente entregado a la vida roquera, completamente identificado con ella, y tan poco interesado en protegerse de sus peligros y trampas que había terminado por desarrollar una extraña pureza entre tanta mierda. Había encontrado la bienaventuranza en el arroyo”.

El paso del tiempo, una huella evidente en este viaje fotográfico, cruza el espejo de Alicia una y otra vez y las arrugas de ese tránsito se notan a leguas en las más recientes fotos, pero el orgullo de ser una banda de rock permanece, ante todo, intacto. Y es que como dijo Publio Sirio: Saxum Volutum Non Obducitur Musco, o lo que es lo mismo: “Una piedra que rueda no se cubre de musgo”.