Macumba

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Macumba
Macumba (Especial)

Ciudad de México

Muchos políticos, funcionarios y presidentes tienen fama de supersticiosos. Inseguros, no emprenden acciones por mínimas que sean sin consultar a un astrólogo, a una pitonisa, a un brujo. José López Portillo y su hermana Margarita no daban paso si no les echaban las cartas, les leían los astros, les hacían limpias. Y con todo, así les fue, y a nosotros también. Muchos recuerdan al ex presidente con lágrimas en los ojos pidiendo perdón a los mexicanos por las consecuencias de sus decisiones.

Pero el oficio de brujo conlleva a veces más riesgos que el de político. Siempre habrá quien los culpe por sus recomendaciones equivocadas. Nadie se entera nunca de sus aciertos, aunque sean derivados de la suerte. Hace poco, en Tanzania, siete personas murieron quemadas a manos de una turba enfurecida que los señalaba por practicar la brujería. La turba actuó sin duda cegada por el miedo. A Francisca Zetina todo el mundo la conoce en México como La Paca. Tampoco le fue nada bien en el ejercicio de su profesión. Un día de octubre de 1996 sintió vibras negativas provenientes de un predio de los Salinas de Gortari. Ahí estaba enterrado, dijo muy convencida, el autor intelectual del asesinato de Francisco Ruiz Massieu. Cuando se descubrió que los restos humanos encontrados ahí habían sido en realidad sembrados fue a dar al reclusorio.

Stephen King escribió en los ochenta una novela que fue llevada al cine con el título de La maldición gitana. Describe ahí los sufrimientos de un individuo que mata en un accidente a una anciana gitana. No tarda en hacer de lado su soberbia para acabar pidiendo perdón mientras trata de librarse de la maldición que le ha caído encima.

Como quiera que sea, el terreno parece bastante incierto. En realidad, parece que hay que creer a veces en la brujería y en sus consecuencias. Eso debiera saberlo ahora Roberto Calderoli, un político italiano de altos vuelos que es además una verdadera fichita. El año pasado comparó a una ministra negra con un orangután sin medir las consecuencias más allá de las mentadas que recibió. Cuando sintió los primeros efectos de lo que definió como una devastadora macumba se enteró de que el padre de la agraviada era un reconocido brujo, jefe de su tribu en Uganda. En un suspiro estaba a las puertas del quirófano por el que pasó seis veces, estuvo en terapia intensiva en dos ocasiones, luego falleció su madre, sufrió enseguida la fractura de dos vértebras y de dos dedos, y para rematar se topó de buenas a primeras con una serpiente de dos metros en su casa. Y cuando la mató debió responder ante la ley por privar de la vida a un bicho de una especie protegida. Aterrado, lleno de costras y cicatrices, corrió a pedirle perdón a toda la familia insultada. Sus desgracias cesaron entonces.

Pero no escarmienta. Pide que reciban a tiros a los inmigrantes, exige autobuses solo para los gitanos y se empeña en el acoso a los musulmanes. Ya la pagará. D

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa.