Termina Mad Men, pero el trabajo sigue: Jon Hamm

Se inicia la transmisión de los últimos capítulos de la exitosa teleserie que llevara al reconocimiento y a la categoría de sex-symbol a su protagonista, el publicista Don Draper.
A siete años de haberse estrenado, Mad Men, la serie creada por Matt Weiner, se convirtió en un auténtico fenómeno cultural.
A siete años de haberse estrenado, Mad Men, la serie creada por Matt Weiner, se convirtió en un auténtico fenómeno cultural. (Cortesía AMC TV)

Ciudad de México

A siete años de haberse estrenado, Mad Men, la serie creada por Matt Weiner, se convirtió en un auténtico fenómeno cultural, hizo de su estilo una verdadera moda y descubrió a millones de telespectadores una visión sin cortapisas ni adornos del negocio de la publicidad como un reflejo de la sociedad corporativa estadunidense de los sesenta.

Gran parte de su éxito se debe a su elenco, que gira en torno a un personaje central interesante y complejo: Don Draper, encarnado por Jon Hamm (St. Louis, Missouri, 1971), quien prácticamente salió así del anonimato para convertirse en uno de los hombres más fotografiados del mundo. A partir de este 5 de abril, Hamm protagonizará los últimos siete episodios de la serie, los cuales han generado una tremenda expectación porque representan el fin de un momento importante en la televisión contemporánea.

Ha llegado el final... ¿como se siente al respecto?

Sabíamos que la serie tendría un final definitivo y el propio Matt siempre habló de seis temporadas o siete, pero no más de eso. Siempre citaba ejemplos de ello: El show de Mary Tyler Moore, por ejemplo, duró siete temporadas y aún hoy es considerado una de las mejores sitcoms de la historia: supo cómo tocar cada etapa de sus personajes y llegar a un cierre. Siempre supimos que Matt haría algo así, en realidad sé que tenía una idea muy clara de a dónde iría desde que escribió la escaleta de la primera temporada. Personalmente, no me siento triste. Ha sido un gran recorrido.

¿Cómo nos encontramos a Don Draper en estos últimos capítulos?

Curiosamente, ahora Don parece estar estabilizándose y lo lleva mejor de lo que esperaba. En la primera parte de la temporada, el año pasado, lo vimos hacer las paces con Megan (Jessica Paré), a quien impulsivamente le propuso matrimonio al final de la cuarta temporada, y con quien tuvo un matrimonio con bastantes altibajos. Se separaron sin mala sangre —algo que no pudo hacer con Betty (January Jones), su primera mujer, así que se descubre con cuarenta y tantos, soltero, con dinero, en una posición más sólida que nunca antes y en cierta paz consigo mismo y su entorno. En la trama han pasado casi 10 años... ha sido un proceso de maduración que coincide no solo con el fin de la serie, sino con el fin de la década.

¿Dirías que todos los personajes de la serie también se han asentado, cambiado?

Creo que una gran ventaja de estar en una teleserie tan bien escrita es que nuestros personajes maduran junto con nosotros. A lo largo de la temporada anterior y ésta, un grupo de gente se ha replanteado sus relaciones personales, laborales, emocionales. Los más jóvenes como Peggy Olson (Elisabeth Moss) o Pete Campbell (Vincent Kartheiser) son el mejor ejemplo de esto. Pete emigró a California, se separó de Trudy (Alison Brie), que francamente le aguantó todo —risas— y curiosamente, en Los Ángeles, se descubre como una mejor persona. Peggy, por otro lado, es quizá el personaje que más ha crecido: la evolución en ella es fascinante; en los capítulos anteriores queda muy claro que ya es una mujer completamente independiente, emocional y laboralmente. Ya no necesita el mentorazgo de Don, ni de nadie. Es su propia mujer y Matt lo ha manejado muy bien, con mucha sutileza. Eso también lo vemos en Don, Joan (Christina Hendricks) o Roger Sterling (John Slattery), se encuentran en una disyuntiva para aceptar este momento de cambio y redefinirse como personas, o dejar que el tiempo los rebase.

¿Qué es lo que más te gustó de la serie?

Me sorprendió que Don, con todas sus complejidades, fuera un arquetipo masculino a la antigua. En Don se encuentran figuras como John Wayne, Gregory Peck y Robert Mitchum. Son tipos fuertes, atrevidos, de los que llaman la atención con su presencia. Muchos hombres fueron educados como Draper y a muchos hombres les gusta parecerse a él. Me gusta cómo está escrito, el aplomo que tiene, aún si es un hombre que, contradictoriamente, bajo su fachada, es cobarde y se siente a veces confuso. Ambas partes son indispensables para poder darle vida a Don. Me gusta esa complejidad. De la serie me gusta que se ha logrado un estupendo equipo, una verdadera compañía de actuación: todos tenemos papeles que conocemos bien e interactuamos perfectamente. Todas las piezas embonan. La serie no es solo sobre Don Draper. Es sobre un tiempo en la vida de estos personajes. Sin ellos, nada de esto funciona. Es un elenco formidable, trabajamos con intensidad. Por eso es fácil dejar el trabajo en el trabajo y así, cuando estamos juntos, es una fiesta. Trabajo es trabajo, no nos engañemos. Jornadas de 12 o 14 horas que me tenían aterrorizado la primera temporada. A estas alturas ya todo era mucho más fácil. El único ensayo que necesitábamos era para saber la posición de las cámaras.

¿Qué echarás más de menos de la serie cuando ya no esté al aire?

No sé... las juntas de trabajo con el director y el reparto. Que Matt y los escritores nos tiren una bola curva de repente, que no la hayamos visto venir, como en las temporadas anteriores. Extrañaré los cortes de pelo. Las sesiones de vestuario. Durante el rodaje, igual suena trillado, pero éramos como una familia y echas de menos eso. Es difícil cerrar un capítulo cuando te la estás pasando bien, pero tenemos que crecer ¿no? Finalmente también de eso trata nuestra historia.

¿En siete años de serie, cuál dirías que ha sido la evolución que notas en ti?

Me siento muy afortunado. En la universidad no te preparan para el rechazo. En cambio, la carrera te enseña a resistir. Haces una audición tras otra, te preparas, buscas la manera de lograrlo. No es fácil. Tuve que tener muchos empleos temporales mientas iba a audiciones: serví mesas, cargué palos de golf, estuve en alquiler de autos... a veces el dinero no alcanzaba. Pero traté de no perder la paciencia. La oportunidad existe, pero hay que estar con los ojos muy abiertos. Y no ser demasiado escéptico. Don Draper fue un ejemplo de perseverancia recompensada. Acaso siempre he sido un optimista.

Es obvio que Jon Hamm no se parece nada a Don Draper.

Algunas veces, terminando una escena, pensaba, "no puedo creer que hiciera tal o cual cosa". Es decir obviamente Don no es la Madre Teresa, pero tampoco me parece que sea Satanás. Matt lo concibió como un personaje profundamente humano, pero fuera de lo físico, él y yo no nos parecemos en nada. Cada quién tiene sus propios principios muy bien establecidos, yo no fumo ni bebo. Si fumara o bebiera una cuarta parte de lo que fuma o bebe el personaje a lo largo de esta serie, amigo, créeme, estaría muerto (risas).

¿A qué atribuyes el éxito internacional de Mad Men en sus siete temporadas?

Mira, al principio, cuando rodamos el piloto en Nueva York, pensé que íbamos a ser un show minoritario en televisión por cable, pero al mudar la producción a Los Ángeles, cuando empezó la primera temporada y vimos que la serie había encontrado su público, fue claro que haber creado una serie tan rica y con tantas lecturas, capaz de recrear la nostalgia de otra época y a la vez emular muchas de las situaciones que vivimos hoy, nos benefició. Que la gente la viera con tanta devoción, es el mejor halago del mundo. Cuando firmas para hacer un proyecto, el que sea, no esperas que tenga un éxito así. Si lo haces, es como ponerte en bandeja para que te atropelle el destino si el proyecto fracasa. Tuvimos suerte y el público abrazó Mad Men. Y obviamente cambió nuestras vidas y carreras.

Y ahora, ¿qué sigue?

Más trabajo, siempre trabajo. Mi novia Jennifer (Westfeldt, actriz y directora) y yo formamos una compañía productora; Jennifer escribe y dirige. Yo también he pensado en hacerlo en algún momento. No lo sé. Ya sacamos un proyecto nuestro (Plan perfecto, de 2012) y fue muy especial para nosotros. Yo la admiro, hemos estado juntos desde 1997, así que nos pareció el siguiente paso lógico: hacer realidad un sueño que teníamos. Por otra parte, ahora me ofrecen mejores papeles y soy agradecido, no me olvido de dónde vengo y por lo mismo, estoy consciente, como te dije, que esta racha de suerte en cualquier momento puede acabarse o cambiar. Así que yo hago lo que principalmente sé hacer, que es trabajar y seguir trabajando.