Una vieja nueva idea

[MUSICÓPATA]
La idea de tocar en vivo el acompañamiento musical de una película no es cosa nueva.
La idea de tocar en vivo el acompañamiento musical de una película no es cosa nueva. (Luis M. Morales)

Entre las tendencias musicales vigentes hoy, destaca el acompañamiento orquestal en vivo de la pista sonora de películas proyectadas sobre la pantalla. Una muestra la tendremos el próximo 1 de julio en el Auditorio Nacional, cuando la Orquesta Filarmónica de las Américas, dirigida por Alondra de la Parra, interpretará en vivo las melodías de Amor sin barreras sobre la proyección de la cinta.

La idea de tocar en vivo el acompañamiento musical de una película no es cosa nueva. Antes del cine sonoro las películas eran completamente silenciosas, pero se acompañaban con música viva tocada por pianistas, organistas u orquestas. La entrada de la música a las salas de cine derivó de la tradición musical teatral y sirvió para dar profundidad emotiva a la imagen bidimensional que aparecía sobre la pantalla.

La película El nacimiento de una nación, de 1915, bajo la dirección de D. W. Griffith, fue la primera del cine mudo que tuvo una partitura compilada específicamente para ella.

Con la llegada del sonido la música se estableció como elemento vital en la industria cinematográfica. Al principio, las cintas sonoras siguieron usando música clásica, en especial la del siglo XIX, pero pronto aparecieron partituras originales. En 1933 Max Steiner escribió la primera banda sonora completamente original para la película King Kong.

Al principio la música era usada como refuerzo emocional; pero a mediados de los treinta los compositores fueron desarrollando fórmulas para apoyar la trama y dar identidad a los personajes. Desde entonces la música ha ido pasando, desde lo puramente sinfónico, al jazz, al rock y a sonidos producidos por sintetizadores y equipos digitales.

Pero a pesar de los avances en la grabación, la música en vivo es insuperable y el cine vive un espectacular regreso a los tiempos en que los ejecutantes generaban el sonido frente a los espectadores. Con nuevas tecnologías, hoy se logra extraer de la pista monoaural las partes orquestales, conservando intactas las voces, diálogos y efectos originales. Luego se recrea una versión completa de la parte instrumental para ser interpretada en vivo por la orquesta sobre la acción de la pantalla.

La primera nueva experiencia con música en vivo fue en 1987 con la cinta Alexander Nevsky cuya versión orquestal dirigió André Previn. Desde entonces se han dado conciertos en la proyección de películas como: Psicosis, Vértigo, 2001: Odisea del espacio, El Mago de Oz, la trilogía de El Señor de los anillos y Star Wars, entre otras.

Esta propuesta sonora, definida como "música clásica contemporánea", es tan válida como cualquiera otra escrita por los grandes de siglos pasados; con la ventaja de que la música orquestal del cine ha sido escuchada por más personas que cualquiera otra en la historia del arte sonoro.

Valdrá la pena presenciar en julio la versión de Amor sin barreras, pues además de que en la pantalla se proyectará una copia restaurada de la cinta, procesada en alta definición, el público disfrutará en pleno la electrizante partitura escrita por el genial Leonard Bernstein. Allá nos vemos.