Un hombre y el lago

Función dominical.
El extraño del lago sigue la tradición del cine francés.
El extraño del lago sigue la tradición del cine francés. (Les films du worso)

Ciudad de México

El extraño del lago sigue esa tradición del cine francés que sabe de pasiones, desde las más sutiles hasta las más escandalosas. El extraño del lago tiene algo del primer cine de Ozon, de Cyril Collard y claro, del maestro Téchiné. Sin moralinas ni idealizaciones, Guiraudie ha escrito una historia en la ribera de un lago que habla, más que de sexo casual, de la sociedad en la que vivimos.

En las playas de este lago de arena gruesa y árboles que crecen con voluntad tenaz, asistimos a la puesta en escena de un teatro humano en que los personajes viven atormentados por algo que, más allá de preferencias sexuales, atañe a todos: soledad, incapacidad para el compromiso; miedo al amor y a la vida. Un personaje muere diciendo: “He encontrado lo que estaba buscando”.

El extraño del lago se apropia de la libertad que dio al cine el arte del siglo XX y, como Kechiche en La Vida de Adèle, ofrece una compleja exploración del amor sexual. No es extraño que haya en ambas películas escenas que antes consideraríamos porno, pero aquí de lo que estamos hablando es de Eros y Thanatos, de la angustia y el deseo sexual.

Lo mismo sucede en La Vida de Adéle: tenemos que saber qué ocurre en la alcoba para entender esas pasiones que tocan todo lo humano. Y por eso nos preguntamos: ¿por qué a pesar de lo que ha visto, Frank se enamora? Una respuesta parcial (pero efectiva) sería que tal vez en el amor sexual el miedo es un factor de excitación. No es extraño que, lejos de morir horrorizado, el hombre fastidiado de tanta soledad se encuentre con el ángel de su muerte en sentido similar a Pasolini cuando escribió el poema en que prevenía su asesinato.

En el universo de Guiraudie no son necesarios muchos personajes para mostrar el mundo: el que observa y no se atreve, el que juzga, el neurótico. Hay dos que, sin embargo, son imagen del hombre actual frente al mundo. Frank y el lago. Agazapado, el protagonista mira el agua y en ella “algo” que sucede. No se esconde. Frank no siente vergüenza ni ante la sociedad ni ante sí mismo. No calla el secreto de lo que ha visto porque tenga miedo. Al contrario. Frank vive agazapado porque es un cazador que desea atrapar al más destructor de los instintos.

El otro personaje es justamente el lago. Es una fuerza natural que pareciera observarlo todo con la calma de una pulsión que no engaña en su salvajismo. La misma naturaleza que busca el amor es la que busca la muerte. El lago que reúne a los amantes esconde en lo profundo de sus aguas peces salvajes y, en el lecho, a un hombre muerto. Los ilusos ligan aquí sin saber lo que están haciendo. Para ellos el lago no es una presencia y sin embargo, el lago vive. En su seno atisba la muerte. Todos estos homosexuales que vienen a buscar en un instante de sexo la felicidad de un orgasmo que les regale endorfinas, no parecen darse cuenta que el asesino y el lago son dos reflejos de la misma pulsión. Frank sí. Él sabe el secreto del lago, pero no tiene miedo a morir. Sabe tal vez, que este amor y esta muerte son dos caras de una misma moneda.


L’Inconnu du Lac (El extraño del lago). Dirección: Alain Guiraudie. Guión: A. Guiraudie. Fotografía: Claire Mathon. Con Pierre Deladonchamps, Christophe Paou y Patrick d’Assumçao. Francia, 2013.


@fernandovzamora